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El sombrero de copa de Pescadería

Los barrios almerienses guardan la esencia de quienes los habitan, la frutería donde se arregla la política del país, el barbero que conoce tus pesares, los bares donde se reúnen tus amigos, esos lugares que reciben al forastero con una buena tapa. Si bien, estos rincones están presentes en cada uno de nuestros vecindarios, la calle Pedro Jover ha cautivado toda la atención de esta preguntona profesional. A las 10 de la mañana de un 10 de noviembre, un hombre viste traje negro, sombrero de media copa, pajarita y camisa blanca; de etiqueta. La vendedora de cupones pronto me informa: “Ese hombre es Luis, es muy buena persona, se dedica a hacer recados a todo el barrio”. El hombre de los grandes lentes redondos custodia la mesa alta de la puerta de un bar, a la distancia prudente para entablar una conversación y antes de comprometer mi identidad puedo fijarme en unas cuantas insignias que lleva en la solapa, son pines de la Guardia Civil.  “Buenos días Luis me han dicho que es usted muy buena persona, que hace recados a todo el barrio”, el hombre contesta sonriente: “Así es, de esa manera me entretengo”. La rutina para este hombre que ha vivido durante sus 58 años de vida en Pescadería consiste en levantarse muy temprano a las 06.00h de la mañana, ponerse su traje porque a él le gusta vestir bien -“A la antigua”, en sus propias palabras- y también perfumarse bien. Al romper, acude a prestar su ayuda para abrir el bar, la barbería y repartir la prensa.  Luis Pérez Sánchez lleva cada mañana los ejemplares de La Voz de Almería hasta la Subdelegación de Defensa en Almería. Allí, el guardia civil cuyo nombre empieza por A, habla de cómo entablaron su amistad hace un año cuando fue destinado a la subdelegación, insiste en que es buena persona, que le lleva tabaco y a cambio se queda con la vuelta para sus cosillas.  “Es muy buen chaval, es mi amigo”, el repunte de la voz del señor A y la palabra me dan un pellizco, porque no a cualquier llamamos así. Etimológicamente, un amigo es el lugar donde guardamos parte de nuestra alma y Luis tiene un trocito en cada vecino que lo llama “buena persona”. Uno de los vecinos de Luis fuma en la puerta, su nombre es Manolo, este hombre cuenta detalles que tiene registrados de la vida del entrañable personaje. Luis escucha sin gesto alguno, es difícil adivinar qué piensa cuando oye sus hazañas, solo dice de vez en cuando “Manolo, esas son historias personales” a la vez que alza la mano, pero no la voz, a la altura del sombrero y continúa con su sonrisa pintada.  Desde la puerta de su cochera transformada en un museo particular y punto de encuentro para sus amigos, las vírgenes, santos, cristos, relojes y recuerdos de su familia se asoman a la imponente luz de nuestra tierra, con un cielo azul despejado y La Alcazaba de telón la historia de Luis se desgrana, porque todos tenemos un gran historia que espera ser contada.  El señor del traje negro pintaba muy bien cuando era joven, fue a la Escuela de Artes y Oficios de Almería, pero su padre era relojero y precisaba de la ayuda del chaval. Todavía guarda dibujos y su vecino apunta que es un muy bueno con la madera, incluso ha construido su propia cocina, pero a su manera, comenta entre risas que sigue a la escuela de Bauhaus, Luis sale al paso: “al estilo moderno”. En los balcones de su casa ondean banderas los Estados Unidos pertenecientes al hermano de Luis, conocido como el Travolta almeriense. “Mira este era mi hermano, salió en La Voz de Almería y todo”, entonces me enseña un recorte de periódico que cuelga detrás de la puerta de su museo. Es una contraportada donde se habla de este personaje de Almería con ese romanticismo que tiene el papel y aquello de guardar los recortes, qué decir si son nuestros seres queridos y ya no están.   El hombre del sombrero de copa dice que lo mejor del barrio es que no está solo y además no le falta de nada, un vecino le trae pescado, la otra le da un tupper de habichuelas… “A mí me gusta ayudar, siempre con todo el mundo me llevo bien. Me gusta la buena gente, los vecinos y la tranquilidad. Siempre vienen a hacerme una visita, echamos el rato, uno juega a las cartas…” Y en esa esquina entre la barbería árabe, el bar y la frutería se da la vida de Luis Pérez Sánchez por toda la calle que recibe el nombre del reputado diplomático almeriense, Pedro Jover.  Share on facebook Share on twitter Share on whatsapp

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El lobo de mar cuya ceguera repartió suerte al barrio de Pescadería 3 veces

Fue pescador hasta los 51 años cuando entró en la oscuridad de esta forma metafórica, explica Francisco Martínez Alias, cuando perdió la vista por completo y volvió a ser una persona funcional. “Yo pensé que me quedaba como un armario empotrado, la mente no te deja avanzar”, dice hoy Paco como se le conoce en el barrio de Pescadería. Sentado en un taburete plegable junto a otra afiliada y vendedora de la ONCE, rememora las batallas que siendo un crío de 9 años le hicieron hacerse a la mar; cree que no fue valiente, pero siempre le pagaron como a un hombre. Nació en 1953 en Almería en el barrio de Pescadería donde lleva toda su vida. A los 17 años hizo el servicio militar, aunque ya era marido y padre de un niño de 3 años. Cuando se quedó ciego, trabajó como vendedor de cupones, trabajar lo hacía sentirse “normal”. durante aquel periodo de 9 años repartió 3 premios en su barrio.  “Tenía 4 años cuando murió mi madre, fue mi hermana mayor quien nos crió, éramos 3 hermanos. Mi escuela ha sido el muelle, a los 12 años viví un naufragio en El Cabo Quilates (Marruecos). Embarrancamos a las 21.00h y a las 23.00h habíamos llegado en un bote a la costa. Me embarqué en los barcos de cerco, los que van con la luz y pillan las sardinas, los jureles… he pescado gambas, cigalas, de todo, trabajé 4 veces en Argelia y, en Marruecos hasta que prohibieron las pesca allí (a principios de los 2000) por esa época perdí la vista del primer ojo”, comenta Paco con secuencialidad una vida que solo narrar es una hazaña.  Contemplamos que estos marineros navegaban sin aparatos de GPS o radar que buscara el pescado. “El sónar hoy en día lo llaman el pato, te marca el pescado”, dice el antiguo pescador en referencia a la similitud del sonido entre el aparato tecnológico y el ave.  ¿Se consideraba la edad de los niños? No había edad, tenías que trabajar porque había que salir adelante. Nos embarcábamos niños y todos, teníamos que comer. Siempre he desarrollado en el trabajo, he sido un burro, me arrepiento de haber sido un cagón. Tenía que haber llegado a patrón, pero es tu cuerpo el que no te lo admite. Sin embargo, he estado en la cubierta, remendando día y noche, tripulando el barco. Paco habla con las manos, explica cómo se echa el arte, las melenas, las puertas a través de sus gestos. Las palmas arrugadas y cansadas, los dedos robustos denotan el trabajo duro, la mar escrita en los surcos.  ¿Ha trabajado en el Atlántico? Sí, una pila de años. ¿Sabes lo que siento de haber trabajado en el Atlántico? Que no he disfrutado de mi mujer. Venía a mi casa a los 40 o 60 días, pasaba 4 días con la familia y vuelta a Algeciras al barco. Faené en Marruecos desde los 16 años hasta que se dejó de faenar allí, en ese momento perdí la vista del primer ojo. ¿Pero cuando habla, ve? Quiero decir decir gesticula con las manos: Claro porque no es lo mismo que nacer ciego, ahora te miro cuando hablas porque tu voz me guía. ¿Qué te enseña la mar que no te enseñe la tierra? La mar te enseña… A ser un héroe, supuestamente, porque cuando hay mal tiempo no lo puedes esquivar, te las tienes que tragar todas. En una ocasión durante un temporal tuvimos que dejarnos ir, cuanto más tarde se hacía peor era el tiempo y dejamos el barco a lo que Dios quisiera. Volvíamos a Almería y no avanzábamos para Cabo de Gato, vinimos a a amanecer a Motril aquello sí que fue un milagro. Siempre he sido pescador, lo único que he pisado de tierra ha sido la ONCE. Tenía 51 años cuando conocí la asociación para rehabilitarme. Al principio creía que era un armario empotrado, un bulto, pensaba… en fin. Hasta que empecé a ir a rehabilitación psicológica, no quería ir, me veía algo suelto, pero el agarradero no se me quitaba. La psicóloga percibió que algo arrastraba, pero no lo había echado cuentas. Mi nieto mayor, que entonces tenía 11 años, vino a visitarme y me dijo: ‘Papa si yo pudiera te daba un ojo y nos apañábamos uno con cada uno, así veíamos los dos’. Aquella pesadilla me la quité porque pensé que no podía arrastrar de mis nietos, que tenía que hacerme el fuerte. La psicóloga me dio el alta porque necesitaba vender (cupones), pero me dijo que por todo lo que había aprendido de mí me hubiera dejado en terapia 2 meses más.  A partir de ese momento, una persona que se queda ciega no puede llegar al 100% te hablo por mi experiencia. Al principio empiezas a subir escaleras pero nunca vas a llegar a la mitad, a medida que subes te cansas y cuando llegas a un cuarto estás más cansado porque la mente te hace la trampa de para qué vas a hacer ese sacrificio. ¿Qué volvió a hacer que pensaba que no haría jamás? Los ciegos palpamos entonces puedo saber cuando hay polvo. Prepararme un bocadillo, afeitarme, ducharme, limpio el cuarto de baño… Pensaba que no lo volvería a hacer. Mi mujer pone el plato de comida en la mesa, como y después friego. Al principio la mente se bloquea y piensas que vas a ser un bulto, también en la ONCE hay gente muy preparada que te ayuda. Tardé en rehabilitarme 6 o 7 meses. Las primeras veces que salía a la calle me agarraba de mi mujer rodeándola con el brazo por encima a día de hoy me sujeto por el brazo de quien sea y ando al ritmo de un coche. Share on facebook Share on twitter Share on whatsapp

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‘Dolma’ – hojas de parra rellenas

¿Nunca se preguntaron por las rutas y fusiones gastronómicas que debieron pasar los alimentos para llegar a la forma de presentación en los que lo conocemos hoy? Grandes imperios, grandes civilizaciones que dejaron su huella impresa a golpe de sabor en las cocinas y paladares actuales. De la vid se obtiene el vino, un súperalimento de dioses que tiene hasta uno propio, el dios Baco. Pero no solo se debe aprovechar el elixir que riega las copas. Desde Oriente a Occidente, sobre todo por la extensión de la civilización musulmana llega a nuestros días un manjar de la cocina armenia. Se trata del ‘Dolma’ o ‘Sarma’ (con ‘M’ -no me seáis-), unos deliciosos rollitos de hojas de parra (uva) rellenas con una mezcla de arroz y carne picada. Los dolmas son muy populares en muchos países árabes, en Armenia y Turquía, y cada vez están más presentes en los restaurantes de gastronomía oriental en España. En este momento, tengo que acordarme de un invitado muy especial, Ovik Kuryan, uno de nuestros primeros invitados al blog. Me apetece hacerle un homenaje: por emprendedor, por luchador y por visionario, aunque se haya criado tan lejos de su país natal. A contiuación, os dejo esta delicia armenia, ¡súper fácil de hacer y de conseguir en España! Recuerden que somos tierra de vinos. ¡Ingredientes! –  500 gramos de carne picada. –  3 cebollas picadas. –  3 dientes de ajo picados. –  1 ramo de cilantro y otro de perejil. –  150 gramos de salsa de tomate. –  15 gramos de sal. –  3 gramos de pimienta negra. –  300 gramos de hojas de uva (parra). Para la salsa (opcional) –  1 taza de yogur natural. –  15 gramos de menta picada. –  1 diente de ajo picado. Para aquellos que no comen arroz por alguna razón, pueden hacerlo sin arroz. ¡Manos a la olla! 1º  En un tazón grande, mezclamos bien con la mano los ingredientes, excepto el arroz y las hojas de uva. 2º  Añadimos el arroz y seguimos mezclando a mano. 3º  Si usamos hojas de parra fresca, cortamos los tallos y lo sumergimos por poco tiempo en agua hirviendo para limpiarlas y que se ablanden. Pero si se usa hojas empaquetadas, las lavamos en agua caliente. 4º  Ahora, cogemos la olla y vamos colocando algunas hojas de parra en el fondo para evitar que la dolma se pegue. 5º  Extendemos una hoja en una superficie plana, con el extremo del tallo hacia nosotros, ponemos una cucharadita de relleno cerca del extremo del tallo, doblamos los lados y luego enrollamos. Colocamos la dolma enrollada en la olla, formando capas. 6º  Para mejorar la estabilidad, colocamos un plato encima y llenamos la olla con 2 tazas de agua. Podemos añadir más salsa de tomate para darle más sabor. Cocinamos a 150ºC durante unos 50 minutos, aproximadamente. 7º  Por último, preparamos la salsa, mezclando bien el yogur, la menta y el ajo, añadimos la sal y pimienta al gusto. ¡El dato! Esta vegetariana receta es muy beneficiosa para la salud. Entre sus beneficios destacan: – Ser una buena opción para tratar el estreñimiento: gracias a sus fibras dietéticas que mejoran digestión de los alimentos y, por lo tanto, a eliminar fácilmente los desechos corporales. Además de contribuir a una mejor absorción de los alimentos y así beneficiarnos más de ellos. – Poner fuerte el corazón: gracias a su alto contiendo en omega-3, preferiblemente rellena con carne de vacuno y arroz. – Estan repletas de calcio y magnesio: solo 30 gramos de hojas de parra contienen el 10% de la ingesta diaria recomendada de calcio y el 7% de la de magnesio. Ambos son muy necesarios para tener una buena salud ósea y nerviosa. ¡Bon profit! Que a nosotros nos gusta hacer pero también que nos hagan… ¡Recetas! Nos vemos en la siguiente.

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El espacio transmaricabollo de los almerienses: ¡DIGO! fest

Un festival de radio como espacio seguro para la diversidad de género y afectivo sexuales en Almería, esto es ¡DIGO fest! El programa radiofónico Wisteria Lane de radio 5 emitió los programas grabados durante el pasado viernes en la Universidad de Almería y La Casa del Cine. Una jornada polifónica donde activistas del colectivo LGTBIQ+ hablaron de quienes se convierten en referentes, en luciérnagas de otros, en espejos donde mirarse. El propósito de ¡DIGO! fest dice su conductor, Rubén Frías: “desde Almería estamos militando asociaciones como La Oficina, Almería con Orgullo, las salas Bábilon y Byblos porque seamos una provincia con una población transmaricabollo feliz a través de la cultura. Porque no se trata de que se acepte a la comunidad LGTBIQ+ si no de que se la respete desde unas mismas condiciones de igualdad”.  El joven cineasta almeriense, Ian de la Rosa, la socióloga profesora de la Complutense, Gracia Trujillo, el músico, Víctor Algora, el periodista Paco Tomás y el dramaturgo almeriense impulsor del espacio DIGO, Rubén Frías compusieron una coral de voces con el tema concreto de “activismo, visibilidad y referentes en los medios y en la Academia”. La clausura del acto la llevó a cabo la Dj Funkimony Didizz. La asociación Almería con Orgullo realizó el taller “LGTBIfobia interiorizada”.  En la mesa redonda compuesta por las figuras nombras se habló de cómo un referente no elige ser referente, lo es porque su forma de vida, de actuar, su activismo, lo convierten en un ejemplo para alguien más. Este concepto de que son una luciérnaga en la oscuridad lo introdujo, Gracia Trujillo. Mientras que Paco Tomás hablo de cómo este motor para otros no tiene que ser reconocido. “Puede ser el panadero de tu barrio que trabaja con toda su pluma y sirve para que un niño gay se vea en él”, dijo el periodista. Y por supuesto esos referentes que componen las obras de arte o las asociaciones de activistas por los derechos LGTBIQ+.  Un día que comenzó a las 13.00h con la grabación del programa radiofónico Wisteria Lane en el Paraninfo de la UAL con una de esas actuaciones en directo que te cambian la perspectiva de la vida y la música, de cómo un canción puede convertirse en un referente. El momento acústico protagonizado por Víctor Algora, provisto de su guitarra y su voz cantó ‘Los amantes de Magritte’. En el estribillo la palabra maricón se hacía larga y melosa en su voz, la magia de hacer una fuerza de una debilidad, la magia del ser humano. El dramaturgo y activista almeriense Rubén Frías cuenta cómo surgió esta iniciativa: “DIGO es un ciclo online de conversaciones que nace en el verano post desescalada, nuestra asociación, La Officina se había quedado sin local. Después de un año con el proyecto apetecía mucho volver a tener este contacto en un espacio físico con el público. Mi compañero de La Officina, Carlos Vives, y yo nos pusimos manos a la obra y fue sorprendente la respuesta de la Universidad de Almería y la Casa del Cine que nos cedió el espacio para que viniera Radio 5 y todos estos invitados, que son referentes transmaricabollo y han venido a Almería”, cuenta todavía emocionado Frías.  El periodista, activista y presentador del espacio Wisteria Lane, Paco Tomás, fue el primer entrevistado de DIGO. Un proyecto generado, fermentado y cocinado online, a través de las redes sociales el conductor del espacio contacta con sus invitados. “Las redes sociales te permiten conectar, acercarte, tienes la oportunidad de estar cerca de la gente que admiras, conocer su vida que al final es de donde emana su trabajo. La primera vez que contacté con Paco Tomás fue por un mensaje de Instagram. Para mí fue sorprendente pasar 7 horas de coche, el trayecto desde Madrid a Almería, con Víctor Algora como copiloto y Paco Tomás”.  Share on facebook Share on twitter Share on whatsapp

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El blanqueador que captura amaneceres

Ver romper el día, llevar el pan a la casa, hacer una familia con muchos perros. Contemplar el horizonte en tus progenitores y honrar tu existencia propia a través de la recompensa que aporta el esfuerzo y el trabajo que uno mismo realiza. Esta es la descripción más escueta de los valores que Todor Veselinov Nachev me ha trasmitido.  El muchacho llegó a Vícar cuando tenía 6 años recuerda que eran las fiestas del pueblo. Aunque  de aquellos primeros días solo albergue recuerdos lejanos queda el rescoldo de haberlo dejado todo atrás. Sus padres Luz y Veselin trasladaron su hogar desde Bulgaria a España a principios del siglo XXI, se asentaron en el corazón del poniente y hoy cultivan su propia tierra.  Entre los sueños y anhelos que podemos permitirnos el muchacho guarda un gusto exquisito por la fotografía, algún cuaderno de rimas y la complexión de haber recorrido el pavimento entre saltos y mortales. Desde hace un mes paga su propia cuota de autónomo y dice: “no era mi primer pensamiento dedicarme a blanquear y limpiar invernaderos, aunque es algo que tengo presente. Siempre veo cosas que no ve nadie más durante mi trabajo, para bien casi siempre” y Todor rompe a reír.  ¿Qué te gusta de trabajar en el campo? “El merecerme mi pan”, contesta después de meditar la respuesta y continúa brevemente cuando ve mi cara de que suelte algo más. No sé si será cultural o cosa de familia, pero los hombres Nachev usan pocas y precisas palabras como quien considera que la lengua es un bien escaso.  “El pensamiento de despertarme por la mañana y cuidar de lo mío, de mi tierra, de mis cosas. En general el poder dedicar el tiempo que yo decida a cada cosa sabiendo lo que hay, que cada día es esfuerzo constante, un nuevo reto. Lo que más me gusta es que con la agricultura eres dueño de tu destino, si trabajas tienes y, si no trabajas, no. Las decisiones que tomas te hacen dueño de tu destino”, sentencia el búlgaro. ¿Sientes que ya eres dueño de tu destino con tu empresa? Bueno y antes también. Te pondré un ejemplo hay personas que se despiertan por la mañana y dedican un tiempo al negocio para después volver a su vida. Esto es lo que me gusta que se pueda dar el que pueda hacer cosas por mí. El sueño es poder tener tiempo para mi trabajo y familia. Todor vive con su pareja y dos perros cerca de la casa de sus padres, como para no perder el calor de los suyos. A pocos minutos, la nave que lleva la familia con un invernadero donde hay plantadas habichuelas, un corral con gallinas y un cortijo donde guarda todos los aperos necesarios para su trabajo; blanquear y limpiar invernaderos.  Después de ahorrar un tiempo y con el buena hacer de su familia ha comprado un camión cuya puesta apunto les llevó un mes de trabajo al muchacho y su padre. Ahora con todo el equipamiento a bordo de su Ebro viene dispuesto a trabajar por lo suyo. Aunque es joven trabaja desde los 17 años como blanqueador, durante estos años tuvo tiempo para sopesar que quería dirigir su propio negocio.  Para mí siempre será el hermano pequeño de mi amiga Mariyana aunque ya sea un hombre que trabaja como un burro. Mis buenos augurios están contigo pequeño saltamontes, camina y deja tus huellas de Blanco España por toda Almería.  Share on facebook Share on twitter Share on whatsapp

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Encebollado ecuatoriano

La sana costumbre de dar tumbos por las calles y de viajar gastando zapato, dar vueltas por el mismo lugar y toparse con gentes de todos los continentes. Almería tiene esa capacidad milenaria de acogida de hacer de una tierra desértica tu casa, de aunar tradiciones y culturas en una miscelánea de sabores que hoy te traigo a esta plaza. Todavía recuerdo cuando en una tarde de 2020 vi en la parada de taxis de Almería a un conductor negro, no salía de mi asombro y quise conocer su historia. Sentados en la mesa de un café, Santos desgranó amablemente su historia. En honor a este personaje vamos a degustar un plato de su tierra, el encebollado de pescado de Guayaquil. Dicen las malas lenguas que el encebollado tiene el poder de curar la resaca, de resucitar la carne, de templar los cuerpos, los ecuatorianos lo llaman ‘levanta muertos’. Un plato cuyos orígenes se difuminan entre los migrantes cholos que llevaron el pescado salado y la yuca para sobrevivir o los marineros que con pocos recursos preparaban un caldo. Sin duda es uno de los platos favoritos de los ecuatorianos por su precio popular, las propiedad medicinales que se le atribuyen… ese ‘picante de pescado’ de las costas se ha convertido en el recurso culinario de un pueblo. Un plato que los vecinos pacíficos toman para desayuno, almuerzo y cena, caliente, refrescante, picante y reconstituyente. Prepara yuca y atún. Ingredientes: –  1 kilogramo de atún o albacora fresca.–  1 kilogramo de yuca.–  2 cucharadas soperas de aceite.–  2 tomates.–  1 cebolla morada.–  1 cucharadita de pimentón molido.–  2 cucharaditas de comino molido.–  8 tazas de agua (2 litros).–  5 ramas de cilantro o culantro. ¡Manos a la olla! 1º  Toma tu mejor sartén de hierro, recuerda que el fuego energiza los alimentos y pica los tomates y las cebollas, haz un buen refrito y añade el comino, el ají y la sal. Agrega el agua y las ramas de cilantro en la misma olla donde hiciste el refrito para comenzar el caldo de pescado. 2º  Cuando el agua comience a hervir, agrega el atún. Cocina a fuego medio durante 15 minutos más o menos. Retira el pescado del caldo y reserva. 3º  Pela la yuca y córtala en bastones medianos. Cuece la yuca con sal y retira cuando quede blanda. 4º  Cuela el caldo donde se cocinó el pescado. Agrega la yuca pisada y el atún cortado en rodajas finas. Rectifica la sal hasta que el encebollado esté listo para servir. La sabrosura final: Como acompañamientos chifles o patacones (rodajas de plátano verde frito y sazonadas con sal), huevo, palomitas de maíz o maíz tostado.Agrégalos a la hora de degustarlos. ¡Bon profit! Que a nosotros nos gusta hacer pero también que nos hagan… ¡Recetas!

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«Enseñar a asimilar el fracaso», la artesana que empezó 15 veces de 0

La vida te lleva por caminos que ni te imaginas. Y así, un día tomando fotos con una compañera, me choqué literalmente con una mujer con coleta y media cabeza rapada. Después, vi que había un hombre y que descargaban afanados una furgoneta de pintura. La mujer nos invitó a pasar, la respuesta fue afirmativa; hace rato practico que el agradecimiento y la aceptación son formas muy fáciles de ser feliz y hacer felices a los demás. Además, aquel acento, esa fuerza que desprendía en sus acciones. Hubo algo en ella que me cautivó hasta lo más profundo, pronto quise conocer su historia.  «Vivíamos en el sur de Carolina, después en Texas donde estaba toda la familia de mi marido. En total, pasamos 6 años en Estados Unidos. Allí trabajábamos como granjeros en una isla que tenía tantos acres como el cuento de ‘Winnie de Phoo’. El concepto que se tiene de trabajo en el campo en EEUU es más sofisticado, los animales se alimentan con máquinas. Allí pasamos unos 4 o 3 años, entonces nos vinimos a España porque mi madre era catalana y me hizo la nacionalidad, así que decidimos venirnos acá. Encontramos la ciudad de Almería por Internet porque era similar a Mendoza de donde venimos en Argentina», explica Laura, la artesana. El tema de los papeles… «estaba un poco tercermundista cuando vinimos en 2006, asentamos todos nuestros papeles en Miami, nuestro matrimonio, el libro de familia… Pero mi marido, Waldo, se demoró 6 meses sin papeles y yo 1mes y medio. Tuve que hacer un proceso de coger mi partida de nacimiento que estaba en Madrid y venía en burro para Almería, se demoró mucho. Después necesitaba un segundo papel, me pendían que el consulado de Miami enviara una certificación apostillada de que ellos me habían hecho el libro de familia».  Laura explica con cierta zozobra aquel trámite que a los americanos les parecía una locura, ni siquiera tenían un formulario para lo que solicitaba.  ¿Será que lo ponen tan difícil porque tiene que tener trabas? Pero trabas ¿a qué? El inmigrante ya está aquí, hay quien sale porque quiera conocer el mundo y quien lo hace por necesidad. Quien lo hace por necesidad no se va a ir porque pasa menos hambre aquí que en su país, es así en todo el mundo. Si no, ¿a qué te vas a ir lejos de tu familia, tu barrio, tus costumbres? Te vas cuando llegas a los 20 años y tienes un sueldo de mierda, no tienes un buen contrato… ¿Cuál fue tu primer trabajo? Conocí a una chica que trabajaba limpiando casas y me puse con ella a trabajar durante 5 años. Me iba bien, trabajaba en el barrio cerca del centro Comercial Torrecárdenas, con lo que ahorré puse una tienda de comestibles y por las mañanas tenía una chica que trabajaba en la tienda; por las tardes, mi hija Kyara, salía del cole y venía conmigo al negocio. Me merecía la pena trabajar limpiando casas porque ganaba bien y después te haces amiga. De hecho, la casa donde vivimos fue a través de una chica para la que trabajaba que era directora de un banco.  La ventaja que tiene el inmigrante es que trabaja de lo que sea y trabaja, no falta, se queja mucho, pero trabaja. La gente que sale de su país por necesidad económica es gente que quiere trabajar si no se queda ahí. Siempre te ha ido bien… Sí, si vos quieres trabajar. El problema de quien no logra concretar nada en la vida es gente que no está acostumbrada a que las cosas le vayan mal y siempre te van a ir mal. He empezado 15 veces de cero.  Su marido Waldo acaba de entrar y lo mira como para decir la cifra que él le recuerda. Antes de la pandemia tuvieron un local cerca de la plaza del Ayuntamiento, pero fracasó. Lejos de abandonar el proyecto, Laura siguió vendiendo por los mercadillos. Desde un sótano de la calle Gerona la artesana prepara sus prendas, mientras su hija Kyara, sigue con las estampaciones.  Los mercados los hacemos fuera en Almería, aquí cuesta un poco, la gente todavía no se acostumbra. Hay quién me pregunta: ¿Por qué sale tan cara si está usado? Laura imprime su arte en las prendas de forma que cada chaqueta es única, a veces utiliza un jersey antiguo con una chaqueta vaquera para que la tejana luzca con nuevos aires. Los parches de animales también los usa mucho, es como un pedacito de Candem en el corazón de nuestra ciudad. El padre de Laura es nativo americano y su madre española, ella dice que hay que ser honesto con lo que cada uno es cuando Kyara habla del mote con la que la conocen en el barrio: “la negra”. La chica fue al colegio Europa y se ha criado en Pescadería, sus padres escogieron ese centro de enseñanza para que no perdiera el inglés y sueñan con trasladarse a Estados Unidos, hay que cumplir una serie de requisitos, pero ya han presentado la documentación. Pienso que hay que aprender a pasar un poco de eso, no estoy pendiente a que la gente me discrimine o no. si me hacen una mala mirada, no me lo tomo como algo personal porque yo soy persona también, un ser humano como cualquier otro, no me calienta. La discriminación existe si la quieres hacer realidad. Cuando viví en Estados Unidos mi marido es blanco, no sufre discriminación, yo paso más por mexicana, pero no sufrí este rechazo o no sé si no me di cuenta. Tenés que sentirte una mierda para sentir que te están discriminando, muchas veces pienso que amargada tiene que estar esta persona para que sin haberle hecho nada me trate mal.  Cuando kyara tenía 8 años un niño del colegio le dijo que volviera a su país, la niña no lo procesó llegó a casa diciendo a su madre: “mamá, le dije que este es mi

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La danza flamenca almeriense contra la violencia de género

El sonique de los tacones contra las tablas recorre la segunda planta del Conservatorio de Almería y en un silencio abro la puerta para hablar con el protagonista de hoy: Eduardo Leal. Este almeriense es coreógrafo y bailaor será el responsable de la representación que se llevará a cabo como símbolo de protesta por la violencia de género. Una gala que reunirá a las mejores bailaoras de Almería el próximo día 7 de noviembre en el auditorio Maestro Padilla. La artífice de haber aunado tanto arte es Marian la presidenta de la asociación sociocultural ‘Entre Flamencos del Puerto’. Algo nunca visto en nuestra provincia, sobre las tablas habrá 10 bailaoras: Anabel Veloso, Ana Alonso, Isabel Ramírez, MªÁngeles Carrillo, Inma Díaz, Mayte Beltrán, Carmen Moreno, Lourdes Sánchez, Rocío Garrido y Azahara Herrera. El coreógrafo, Eduardo Leal, apunta que será una representación cargada de simbología así que cada cual puede interpretar según su percepción.  Las voces de Cristo Heredia, Eduardo García, Antonio el Genial, la guitarra de Gabriel Pérez y la percusión de Paquito Torres y Jhonny Cortés. El mes de noviembre se tiñe de morada para la cultura almeriense que celebrará actividades como mesas redondas, exposiciones de fotografía, coreografías… como muestras de la repulsa a la violencia de género. Puedes encontrar más información de las actividades en el siguiente link. El espectáculo se titula ‘Cara B’ y está inspirado en la novela ‘La Malcasada’ de Carmen de Burgos, la nijareña que se convirtió en la primera periodista de España. La coreografía habla, como en la obra de la almeriense, de la violencia entre mujeres porque las realidades que componen nuestro mundo son poliédricas y hay que abordarlas en su conjunto. Durante la conversación con Eduardo Leal se desvelan algunos secretos del espectáculo lo que acrecenta las ganas de asistir como espectadora. El coreógrafo es un almeriense que viene de familia de pescadores, comenzó a profesionalizar su arte con 18 años, trabajó en el ballet de Joaquín Cortés, ha estado ligado al Ballet flamenco de Andalucía y en la actualidad vive en Madrid desde donde desarrolla su actividad como artista aunque su sueño es vivir en Almería.  ¿Cuál es el argumento de la obra? Pues sobre la violencia de género. No hay ningún maltrato solo sensaciones y contar qué puede pasar después de, puede ser de un hombre o de una mujer. No hay un hilo conductor. Es la resiliencia de ver cómo resistes a esa situación de maltrato. Se ve el rechazo de una mujer a otras mujeres por no ser la norma. Todo el mundo está acostumbrado a una paliza de un hombre a una mujer pero la violencia de género abarca mucho más: el rechazo a la homosexualidad, el bulling entre mujeres… Cada uno debe hacer su lectura.  Hay una sirena que es una mujer que siempre va a estar en casa y no va a salir de ahí. Yo necesito metáforas que no sean las más convencionales. Las galeras como metáfora a la muerte. Hay gente que ve la muerte como una libertad en ese tipo de situaciones.  Durante los ensayos Leal dirige con firmeza, pero sin tiranía, cada compás se cuenta. Donde estar la percusión cómo la guitarra acompaña ese remate. Su mano marca el compás a la vez que canta ese compás universal del Flamenco: 1,2,1,2,3,4,5,6,7,8,9,10.  Me parece milagroso la sinergia que se produce. Claro que se produce pero no es nada fácil, se pueden crear todas esas cosas de improvisación cuando vas al tablao y con un grupo reducido de gente y de público pero cuando tú te pones con 10 bailaores, o tienes una estructura y una coreografía bien definida o fracasas, ahí no hay cabida para ningún tipo de improvisación.  Adoro cuando bailas con bata de cola o abanicos. Incluyes elementos en tu baile asociados a un género…  Claro es que ¿por qué no? ¿Por qué las mujeres pueden bailar con pantalón y nosotros no podemos bailar con falda? Lo bonito es que cada uno le dé su identidad. Tu puedes bailar con lo que quieras pero siendo honesto contigo mismo.  Te costó mucho sacar la vocación al principio porque no se veía muy bien que bailaras… En mi familia había afición al flamenco, hay gitanos y hay payos, hemos vivido siempre en un barrio muy flamenco pero sí es verdad que la profesión nunca la habían visto como algo a nivel profesional. Yo empecé a bailar con 5 años en una escuela de Garrucha y con 11 años ya no baile más. Se reían un poco de mí, te llamaban mariquita…  Parece que tienes que estudiar muchos años para que sea algo como de verdad, ¿cierto? Sí, completamente. Mis padres se dieron cuenta de la seriedad de mi baile cuando conocí y entré a formar parte de la compañía de Joaquín Cortés. Esto para mí fue un paso súper importante porque yo lo adoraba. Tenía otros referente como Antonio Canales, Rubén Olmo (quien actualmente es mi marido y directo del Ballet Nacional Español). Joaquín fue mi referente porque llevó el baile a límites donde nunca uno pensaba que iba a llegar: la moda, el alto standing…Piensa que a mí me gusta toda la cultura de la danza, me gusta el ballet clásico. A veces solo se ve el brillo de lo que sale en TV, pero el mundo de la cultura no es ese. Parece que para triunfar haya que salir en la tele, las revistas, ser famoso, peor a mi no me va eso. Un sueño cumplido: Verdaderamente, con todo porque yo me siento súper satisfecho con todo lo que me ha pasado en mi vida. Por suerte, siempre he deseado muchas cosas y siempre me han ocurrido muchas otras. No sé cuánto tiempo pasaba pero me iban ocurriendo. También me lo trabajaba, pero siento que la vida me ha hecho un regalo. Me gustaría seguir viviendo al mismo ritmo de antes, pero sé que es imposible por la situación que vivimos de Pandemia. Vivo de esto y no me falta para

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Los nómadas de piel bronce

Puede que la vida solo sea vivir como la hoja que es arrastrada por el viento, sin itinerario fijo, sin más pretensión que el día presente, sin cinismo, sin prisa… Siento atracción por la gente que hace de la calle su casa, por los músicos, por los artistas, por las mentes inquietas llenas de filosofía de conocimientos que no caben en el ajetreo y la rutina.  Era un martes y salía de la Escuela un rato antes con cierta sensación de escozor porque abandonaba una actividad que de alguna forma de enriquecía. Atenta al móvil, recorría la Plaza de los Burros cuando salieron a mi encuentro dos estatuas vivientes. Eran un hombre y una mujer que tomaban café y fumaban tabaco de liar en el Bar Colón; no podía creer lo que veía. Componían una escena costumbrista entre pinceladas bronces y grises guarecidos del incesante viento que soplaba furioso, descansando de miradas ajenas.  Laura y Bart se conocieron en la escuela de mimo de Barcelona, Moveo, y desde hace 6 años vivien como nómadas. Todo empezó en el Camino de Santiago, a pie hasta Finisterra (Galicia) se quedaron sin dinero y empezó a suceder la magia, describen. “Creía que me iba a morir cuando nos quedamos sin dinero, pero después te das cuenta que las cosas suceden, no pasamos hambre ni un día”, dice ella. Desde entonces, viven con lo que cabe en sus mochilas: un tuper lleno de hierbas medicinales, su atrezzo y la tienda de campaña. Suelen pasar los veranos al norte y los inviernos al sur. El plan de ruta pasa por los pueblos donde son bien acogidos, allí repiten el itinerario.  Llegaron a Almería para participar en el Concurso Internacional de Estatuas Humanas celebrado en El Ejido a finales de octubre donde Bart ganó el primer premio con un personaje a quien tuvo que bautizar por primera vez, un alter ego mímico.  Bart vino desde Polonia a los 16 años y todavía le queda un marcado acento que combina de manera cómica con su perfecto español. “Yo ya llevaba años en la calle antes de entrar en la escuela. Desde pequeño me dedicaba a la música, hice conciertos, dos discos incluso; pero al venir aquí no iba a cantar en polaco a los españoles, sería contradictorio. Además, el acento siempre se me iba a quedar. En 2012, conocí a mi primer maestro de mimo, Pawel Osmanovic; fue profesor de danza en Suecia y a parte llevaba 13 años de calle, así empecé”.  “Hacía mucho el trayecto Barcelona, Finisterra porque leía a escritores de la generación beat y estaba flipado con eso, así empecé a viajar a dedo”, continúa el polaco. «Tuve dos épocas de vivir en la calle, en la calle, calle. No me gustan las comunas porque cada una tiene un enfoque y no tiene cabida el individualismo. La primera vez que viví en la calle antes de viajar, ahí te cambia algo. Vives en una sociedad que te genera un miedo a perder la casa, el trabajo, todo, lo sentimos lo peor, el fin. Llega un momento en que te encuentras en esa situación y no mueres, te das cuenta de que no se acaba el mundo”. ¿La primera vez que viviste en la calle fue por circunstancias de la vida o lo elegiste? Lo elegí, tenía 18 años recién cumplidos y ya  con esa edad estaba independizado. Fue voluntario y una experiencia que te cambia, cuando acabas en la calle tu vida nunca vuelve a la normalidad porque pierdes el miedo que mantiene la vida convencional, el miedo que mantiene a la sociedad trabajando. No tienes el miedo de lanzarte al vacío, porque qué te puede pasar. Cuando has empezado tu vida de 0 5 veces una vez más te da igual. Después volví a trabajar, hice el camino de Santiago, viajé a dedo y conocí a mi maestro de mimo en 2012 y mi vida empezó a cambiar.  Entonces profesionalizasteis el ser mimos… En este punto se miran el uno al otro, como sin saber muy bien a qué me refiero con eso de profesionalizar y puntualizo. Entendemos por profesionalizar, hacer una profesión de… Es de lo que vivís. Se ríen y contesta Laura: “entonces, sí”. Él lleva 9 años y ella 6 como artistas callejeros. Ha caído la noche y empieza a refrescar, se alojan en el camping de La Garrofa, los eucaliptos sujetan los vientos de su tienda, además de hacer de soporte para las anillas. Bart que es de mente inquieta anda preparando un máster en nutrición deportiva y calistenia.  Laura hacía teatro desde pequeña, como actividad extraescolar, se formó en una escuela profesional de teatro pero a la hora de enfocar la formación hacia televisión se encontró fuera de lugar. A sus 27, ingresó en la escuela de mimo porque ella ama el teatro y estar con la gente.  ¿Qué es lo que más os gusta de trabajar con gente? Laura sale al paso: “cada lugar es diferente creo que en el norte de España a la gente no le gusta que interactúes tanto, les gusta ser más espectadores. Sin embargo, en lugares más al sur les gusta más lo contrario, que te muevas, interactúes”. “Hace 10 años se vivía la época dorada de Las Ramblas de Barcelona llenas de artistas callejeros, pero empezó a desmadrarse un poco, llegaba cualquiera y hacía cualquier cosa. A día de hoy, los artistas son autónomos y pagan sus cuotas”. Bart tiene su opinión al respecto, piensa que el público se quema  de la saturación y la falta de profesionalidad. ¿Podéis llegar y montar vuestro espectáculo donde queráis? “Es relativo, no hay una ley que lo regule en España depende de cada ciudad. Para cada artista hay una historia no es igual para nosotros que para los músicos por la contaminación auditiva, los artesanos…”, dice Bart. Cuando pregunto por los personajes, sus miradas vuelven a cruzarse en un intento de adivinar qué van a decir o quién contestará primero, unas risas

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Loubna Oualla, la reinvención femenina a golpe de fogón y lumbre

Existe una palabra en árabe que siempre me crea un nudo de emoción en medio del pecho: ‘Maktub’ o ‘está escrito’. Una consecución bisílaba nada prolija pero que engarza toda la sabiduría de la vida y del destino. Tiene tantos sentidos como entonaciones se hagan de ella pero, amigos míos, en esta ocasión puede decirse con energía. Más adelante lo entenderán. Es jueves, mediodía en pleno centro de mi ciudad. Hora de tráfico, de niños corriendo y de olor a comida. Loubna me espera con su mandil bien puesto tras el mostrador de su negocio de comidas para llevar, Al-Andalus. Su marido se asoma tras la puerta con mirada extraña (recuerden que hemos aprendido a reconocer gestos a través de las mascarillas) pero saben quién soy. Nunca me vieron personalmente pero me abren las puertas de su negocio y de sus vidas. Ella me mira un poco extrañada también, no sabe en qué orilla situarme, si en esta o en la de enfrente, pero nos sentamos a hablar y es como si los destinos se unieran y nos conociéramos desde siempre. ¡Qué esperan ustedes si mis facciones parecen sacadas del norte de África! Tampoco es que me pille muy lejos y desconocido. La reinvención hecha mujer se desnuda ante unas preguntas ortodoxas. Proviene de una familia marroquí -concretamente de la ciudad de Nador- que llegó a Almería cuando ella y su hermana eran unas crías, aunque su padre vino unos cinco años antes recalca. «Nunca se me olvidará aquel día gris en el que tuve que dejar todo lo que conocía. Los abuelos que me criaron, mis amigos del colegio, el resto de la familia y vecinos… Era un 5 de enero de 1994″. Loubna baja la voz, «es un sentimiento contradictorio porque aquí estaba mi padre y nos quiso dar un futuro mejor pero la tristeza estaba presente». Aún así ella siempre ha luchado, antes tenía un motivo (su hija); ahora tiene tres. ¿Cómo fue tu primer día de colegio en España?Pues quería huir. Al primer cole que fui fue el San Luis y, al siguiente año, acudí al antiguo Virgen del Pilar. Al fin y al cabo, tengo como el corazón partido; echo de menos Marruecos pero Almería es mi cuidad. ¿Cuál fue el primer choque cultural que recuerdas más divertido?Ahora hay un montón de marroquíes pero cuando éramos pequeñas nuestra madre nos hacía ‘henna’ (un tatuaje tradicional hecho con la pasta del árbol que lleva el mismo nombre) pero como la gente no estaba acostumbrada, nos trataban como extraterrestres. La primera vez que llevamos ‘henna’ en la mano con motivo de la fiesta del fin del Ramadán, una profesora llevó a mi hermana al baño intentar limpiarle la mano con agua y le puso las manos encima de una estufa para que se borrara y no llevara tatuajes en clase. Esto ha cambiado mucho pero como no sabíamos hablar el expañol pues no sabíamos expresar que el dibujo era pasajero y se borraba a los días. El emprender es muy duro pero si le pones empeño y no pierdes la fe siempre sale adelante todo lo que te propongas. «Yo no tengo ningún tipo de formación en hostelería, todo lo he aprendido trabajando y de forma autodidacta. No descarto hacer algún curso de formación pero la verdad es que se me da muy bien. Más que hacer e impartido. Siempre he trabajado en la hostelería y gracias a la ayuda de mis padres que se podían hacer cargo de mi hija. Estuve un tiempo trabajando y me surgió la oportunidad de ir a Tenerife a dar un curso de cocina árabe para enseñar a los trabajadores de un restaurante. Mi objetivo era mejorar mi situación y tirar yo sola para adelante con mi hija. Estuve casi cinco meses, porque lo que comenzó como un curso de dos semanas terminó siendo más tiempo; pero la añoranza era tan grande que pensé en volver a Almería y montar mi propio negocio. Es tan importante no tener que trabajar por las noches, ni dejar a mi hija siempre al cargo de mis padres.» Es increíble la fuerza interior y el alma blanca que conforma la persona que tengo enfrente. «A mí no me va a faltar el trabajo en ningún lado porque soy una mujer trabajadora y me daba igual buscar trabajo. Cuando volví de Tenerife busqué locales, casi con una mano atrás y otra adelante. Me arriesgué y en junio de 2016 cogí este local situado en la calle Padre Mendez, 53 (frente al IES Azcona (Almería). Yo no me achanté, cogí el paro conjunto junto a lo que tenía ahorrado y abrí Al-Andalus casa de comidas. Después de todo, el día 2 de diciembre de 2016 subí la persiana de mi propio negocio.» Loubna esboza una gran sonrisa y la satisfacción se manifiesta en cada milímetro de su piel. ¿Todo es un negocio familiar?Sí, lo llevo yo junto a mi marido. Cuando abrí quise ayudar a mi padre en su último año de jubilación porque lo despidieron y le quedaba un poco por cotizar, por lo que se puso conmigo de socio. ¿Cómo te siente como mujer emprendedora?Después de todo el sacrificio y todo lo que he pasado, tanto a nivel personal como laboral, estoy muy contenta. Es una satisfacción inmensa saber que esto es algo tuyo y que te lo has trabajado todo con tus manos. Solo tengo que estar encima del negocio para que funcione, no tengo que echar horas de más que ni siquiera te las pagan. Para mí es un lujo poder cerrar un domingo y dedicarme ese tiempo para mí y los míos. No trabajo para hacerme rica, solo con sentir esa libertad de que soy la que lleva el pulso de todo lo que he construido y puedo llevar adelante a mí familia es más que suficiente. Muchas veces la gente se obsesiona y es cuando le fallan las fuerzas. Si el emprender lo tomas como una meta para cumplir objetivos

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