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El niño que recorrió más de 2500km a pie es el dueño del primer restaurante mexicano de Roquetas de Mar, La Lupita

Jorge Ramos en la cocina de La Lupita. Foto por Carmen Blanco Share on facebook Share on twitter Share on whatsapp A los 9 años partió de un pequeño pueblo de México, Tepic en Nayarit, con destino a EEUU. 2543km a pie a través de las frías montañas, como equipaje la bendición de su madre, María, a quien no volvería a ver hasta pasados 16 años. Eran los 80, apenas una carta, una llamada de vez en cuando como contacto. Hoy Jorge Ramos tiene 49 años e instalado en Roquetas de Mar puede presumir de haber fundado el primer restaurante mexicano del pueblo, La Lupita, además de sus buenas referencias en TripAdvisor. ¿Es cuestión de coraje o necesidad cruzar una frontera y enfrentarse a una realidad totalmente distinta? Un poco de las dos. Vengo de un barrio pobre de Tepic en el distrito de Nayarit, empecé a trabajar de muy niño limpiando las botas de los borrachos en las cantinas y bares. Cuando me las ganaba por las ferias de los pueblos en la parrilla de un puesto de comida mi amigo Ito de mi misma edad me ofreció salir a EEUU. Fue el coraje por querer progresar y salir adelante, tenía 9 años, he pasado tantas cosas y vivido tanto que un niño no debería haber vivido. Durante la travesía a pie hasta Inglewood íbamos un grupo de 12 hombres y durante dos días nos dejaron tirados en mitad de la nada, hacía mucho frío, estaba nevado… Al llegar a los Estados Unidos nos recibió un cuñado de Ito, Jesús. Este hombre nos ayudó a cruzar la frontera y nos dio casa. Su misma casa era un taller mecánico y nosotros le echábamos una mano para comer. Hizo de referente para mí, intentó que fuera al colegio, pero se necesitaban tantos papales que era imposible. Me escolaricé en San José, California, cuando viví con mi hermano Roberto. Tenía 13 años y allí empecé a interesarme por la cocina. Somos 9 hermanos y todos salimos cocineros excepto uno que es albañil, nos viene de mi madre. El padre de Ramos se desentendió de la familia cuando él tenía 5 años y era su madre quien sacaba sola a los hijos, salía a la mañana temprano y regresaba tarde. Una vecina, Doña Gloria, fue como una segunda madre para ellos, “aunque por desgracia también se nos fue. Nos apoyó mucho y nos sacó adelante, a pesar de que ella tenía 4 hijos”, dice Ramos. Como me decía era un barrio desfavorecido, entonces ¿se ayudaban los unos a los otros? Había quien sí, había quien no. En nuestra situación un tío materno también se preocupó por nosotros, su forma de cargarnos era a latigazos, era una forma muy triste, pero era la educación del momento, le agarramos un poco de odio de pequeños. A día de hoy no le guardo rencor ni nada a mi tío que en paz descanse. Me ayudó, trabajé mucho con él de peón de albañil. ¿Se ha podido reencontrar con toda su familia? Estuvimos a punto hace 4 años, nos juntamos los 8, solo faltó un hermano que está tramitando sus papeles en los Estados Unidos y se arriesgaba a perderlo todo. En USA es más complicado que en España, allí debes pasar muchos exámenes. Además, no tienes el mismo idioma, te cuesta más trabajo adaptarte. Recuerdo una vez cuando llegué a América y estaba en la parada del bus, la gente me daba conversación yo solo contestaba: “ajá, ajá” y cuando se daban cuenta que no entendía nada pues ya me llamaban: ‘tonto, estúpido’ y de todo. Ramos vino a España por amor. En California conoció a la que sería su primera mujer y se trasladaron a Arroyo de la Miel, Málaga, pero la relación no fue demasiado bien. En ese momento el protagonista de la historia pensaba que no se adaptaría a nuestro país, echaba de menos algo tan sencillo y propio de cada cultura como es la gastronomía. Terrible decepción cuando lo invitaron a comer tortilla y era una tortilla de papas en lugar de una de maíz tan común en México. Pero encontró su sitio en el restaurante mexicano El Paso (Fuengirola) y a su medio hermano, José Prisiliano. Al fin y al cabo no es el lugar si no las personas que lo componen quienes nos hacen echar raíces. A partir de ese momento comenzó a involucrarse más en la vida del pueblo, la cocina, la restauración a través de fusiones culinarias mexico-indúes que en Málaga funcionan muy bien. Una curiosidad de este cocinero es que en su restaurante cocinó junto a Salma Hayek. Su compatriota requirió de su ayuda durante el rodaje de ‘Molly‘ en Almería hace un par de años. Ramos incluso apareció en el set porque la mexicana necesitaba un rostro auténtico. Durante ese día el hostelero no puedo tomar fotos, pero recuerda que lo primero que hizo la actriz fue darle un abrazo. «Una mujer encantadora», dice Ramos. Días más tarde Salma Hayek posteó en su Instagram una foto en el altar del restaurante que fue imitada viralmente. La propuesta de unos empresarios chinos trajo al emprendedor hasta el Pasaje Auditorio de Roquetas de Mar hace 8 años y desde entonces allí se instala La Lupita. El primer año fue duro y el negocio no alcanzó las expectativas de los socios asiáticos, así que Ramos siguió solo al frente, pero con el apoyo incondicional de alguien que acabaría siendo una buena razón para quedarse. Hablamos de María Erdodi, su actual pareja y madre de dos de sus hijos. Los pequeños suelen estar por el restaurante, Ramos va a recoger del colegio, el Kínder como lo llaman allá, a la hija mayor mientras Erdodi se queda a cargo del negocio y el pequeño duerme en el carricoche. A veces las calles de Roquetas no están tan lejos de Brooklyn. María Erdodi vino de Rumania a pasar unas vacaciones en El Ejido hace 15 años y se quedó en

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La historia del restaurante Cantón fundado por unos refugiados políticos hace 34 años en Roquetas

Share on facebook Share on twitter Share on whatsapp Los Phan Nguyen comenzaron su viaje en Vietnam en el año 1978. Huídos de la guerra, atacados por los piratas, supervivientes de un campo de refugiados, jamás se rendieron. “Trabajar, trabajar y guardar”, dice Khanh el cabeza de familia, así fundaron el restaurante Cantón en 1986 en la Urbanización de Roquetas de Mar en aquella época un pueblo de apenas 22.000 habitantes. El reconocido restaurante asiático encumbra el top de la restauración, según TripAdvisor. Ofrecen platos tradicionales y la innovación más vanguardista a través de la fusión entre el lejano oriente y el mediterráneo. Corrían tiempos difíciles, cuenta la hermana mayor, Van, “hubo un problema económico entre China y Vietnam en la zona fronteriza y mi padre como tiene sangre china se le hacía la vida imposible. Durante aquellos años salieron muchas personas de Vietnam”. La masiva migración a la que se refiere la repostera del Cantón se conoce como Boat People, desde los años 70 hasta principios de los 90 abandonaron Vietnam 2.000.000 millones de personas a bordo de barcos sin tripulación que entre todos los viajeros compraban. Los Phan Nguyen partieron desde vietnam con destino a la bahía de Hong Kong a bordo sus dos hijos pequeños, Van 9 y Quan 6 años, Long nació en España tiempo después. Desde que salieron de Vietnam hasta llegar a España transcurrieron unos dos años. “Nos atacaron unos piratas saliendo de Vietnam, luego el barco se encalló en un banco de arena, pasamos tres meses en una provincia de China. Era una población de campesinos y nos ayudaron mucho, nos traían comida y de todo”, comenta la hermana mayor. La madre, Lien, se lleva las manos a la boca y recuerda que llevaban mucho arroz como alimento durante la travesía y aunque se mojó de agua salada lo comieron. Lien enluce su memoria y desempolva la llegada al campo de refugiados de la Cruz Roja. A sus 71 años aquellos recuerdos vívidos que para algunos arañarían las entrañas son para ella un mal trago que cuenta con una sonrisa, aunque cierto tono de angustia. “Regalamos el barco y vendimos todo lo que llevábamos, ropa, calzado, porque en China también necesitaban muchas cosas. En Hong Kong estuvimos en un campo de refugiados, era como la cárcel ”.  Su hija Van añade: “a los campos de refugiados llegaban delegaciones de diferentes países Alemania, EEUU, España, etc. Cada país acordó acoger un número de familias. España acordó 30 familias y nosotros estuvimos residiendo en un hotel de la Línea de la Concepción”. El Quijote fue el puente entre culturas, la madre, Lien, lo había leído y un cura que había por el campo de refugiados predicaba las bondades de este país. Además, la matriarca dice que los españoles somos buena gente y cariñosos. También, dominaban el alfabeto latino, porque Vietnam fue durante muchos años colonia francesa, así que nuestra lengua les resultaba familiar. A su llegada a España dos hermanos franceses los acogieron con la intención de montar un restaurante de comida asiática, pero el proyecto no salió adelante, por lo que se tuvieron que buscar la vida. El padre trabajó como albañil dos días y se puso enfermo, toda la familia ríe al recordar la anécdota, en vista de que la construcción no era lo suyo Khanh, comenzó a trabajar como jardinero. La madre era friegaplatos en un restaurante mejicano en Puerto Banús, ganaba 15.000 pesetas al mes, todavía recuerda la cifra exacta. El padre es un valiente, una inspiración para los demás, tiene 79 años y ha hecho casi de todo para que sus hijos vivieran bien, hacía pesca submarina “para comer” y compraba tela en el mercadillo para confeccionar la ropa de los críos. Es un hombre sereno, habla poco, en tono bajo, pero destila sabiduría y liderazgo, de quien no se queda sentado mano sobre mano viéndolas venir. Su pelo cano largo va recogido en una cola perfectamente cortada, lo que le aporta cierto aspecto de guerrero ancestral. ¿A qué se dedicaban en Vietnam?  Kanh: “Cuando era joven en Vietnam era camionero, pero cuando vinieron los americanos atacaban a los comunistas del norte del país y dos veces me atacaron, una de ellas mi camión salió ardiendo, pero tuve suerte no acabé muerto, solo herido. Cuando terminó la guerra había problemas entre China y Vietnam y tengo un 25% de sangre china.” Lien trabajaba en una fábrica de caramelos, todos ríen y ella la primera porque le va como anillo al dedo. Su nieta, Cloé, está presente y la tratan con mimo, hablan con ella en español y a la pequeña le gusta la cocina, aunque el delantal le quede algo grande todavía. ¿Cuál es el secreto para ser tan bien valorados por los clientes? “Lo importante es la constancia y adaptarse al tiempo en este caso la gastronomía internacional”, dice el chef, Quan, el hermano mediano. “Fusiono muchos platos, busco materia prima de la provincia, pero también mantengo la comida tradicional de mis padres. Ha habido cambios en la carta, buscamos comida muy representativa que creemos que los clientes y amigos tienen que probar, además de platos exóticos como el carpaccio de cocodrilo. El pescado lo trabajo al estilo japonés, también trabajamos con cúrcuma, albahaca tailandesa de cultivo propio, especias ecológicas y productos cantoneses que mezclo en la cocina” concluye el chef. Incluso en la arquitectura del local puede apreciarse el encuentro entre las culturas. Explica la repostera, Van, “es la fusión queríamos que fuera muy mediterráneo y tuviera un toque oriental, porque es lo que nos representa. Así somos nosotros en realidad; mediterráneos y asiático”. El Chef continúa: “siempre tomas cosas del país que te ha acogido” ¿Cómo empezó todo? Khanh toma la palabra, a pesar de estar jubilado mantiene la tradición en la familia, es responsable de traer los platos estrella de Vietnam y China a un pequeño pueblo de la costa almeriense. “Trajimos la especialidad de cada país y no solo es importante cocinar, sino elegir

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El carpintero senegalés parte de la historia viva de Roquetas

Share on facebook Share on twitter Share on whatsapp Tradición, perfeccionismo, esfuerzo y un espíritu inconformista. Sería la breve descripción de la familia Sarr, el carpintero senegalés que hace 28 años se instaló en Roquetas de Mar. Ibrahima Sarr llegó a Roquetas municipio a principios de los 90 cuando apenas había inmigración por aquí, eran sus vacaciones durante la campaña agrícola en la que se ganaba la vida en Mataró, cuando el destino quiso que echara raíces en esta parte del levante español. Durante aquella primera toma de contacto se quedó en la casa de unos amigos. La vivienda era pequeña, dos habitaciones para cuatro hombres y ni siquiera tenía mesa. Uno de los inquilinos desafió a Sarr, había una carpintería cerca y allí se plantó con la clara intención de hacer una mesa. Era el taller de Eloy, este reconocido personaje roquetero le dijo que podía hacer la mesa, pero que no utilizara las máquinas. Cuando Eloy regresó de la tienda después de una mañana de trabajo Sarr había hecho su mesa, así que lo animó a volver al día siguiente. Sarr acudió a la llamada de Eloy, sin saber lo que iba a hacer, lo que iba a ganar o si realmente la propuesta era seria. Durante aquella prueba el carpintero africano se quedó al cargo de montar una cocina con el hijo de Eloy, el padre había tenido que volver a por la encimera. Tenían el plano de la cocina, los muebles y las herramientas, estaban en San Agustín montando y la tienda de cocinas estaba en Roquetas, no transcurrió mucho tiempo, pero cuando regresó Eloy la cocina estaba montada. El dueño de la casa, agradecido, dio una propina al senegalés que todavía recuerda a día de hoy, 5000 pesetas (30 euros). Así es como Sarr empezó a ser roquetero. Desde el despacho de su taller al cargo de tres muchachos y con el nuevo proyecto de abrir una tienda de muebles en el Cortijo de Marín, rememora sus andanzas con el orgullo y seguridad que aporta haber obrado bien en esta vida. Una pequeña pregunta basta para que desate el relato, son 32 años de recuerdos vívidos que ahora tienen la oportunidad de volver a la luz. “A Paco Amat, el hermano del alcalde le estoy muy agradecido fue muy bueno conmigo y me daba muy buenas ideas”, dice el carpintero. Empezó a trabajar con él montando cocinas en una obra en Buena Vista. “Tienes que montar tu propia carpintería, porque tú eres muy bueno y muy inteligente”, decía Amat, a lo que Sarr contestaba: “es difícil y cuesta mucho dinero”. Amat entonces puso a su padre como ejemplo de vida: “mi padre venía con un burro y un carro desde la Rábita a vender vino a Roquetas, son muchos kilómetros, ¿crees que hay algo fácil en la vida?”. Comenzó la amistad y el mecenazgo. El primer trabajo que Sarr hizo para Amat le reportó la mitad del dinero que necesitaba para comprar una máquina para cortar, Amat le dio la mitad que faltaba y le dijo a Sarr que se lo devolviera poco a poco. Es emocionante escuchar el relato del africano que despide el recuerdo deseando la paz para su amigo difunto.   El taller de estos artesanos, está próximo a los institutos del pueblo y desde allí trabajan 3 hombres y el “jefe que no cuenta”, bromea Lamine Sarr, el relevo generacional. Dentro de la nave todos son familia, hablan en español entre ellos, excepto cuando la cosa se pone seria entonces recurren a sus raíces y el wolouf hace su entrada. Pero ¿Qué los diferencia?, ¿cómo han conseguido emprender un negocio en un país extranjero? “Cualquier cosa que haga lo hago como si fuera para mí, mi padre desde pequeño me decía: ‘si lo vas a hacer hazlo bien, si no, no lo hagas’, la mejor publicidad aquí es el boca a boca. Mi padre es muy exigente y perfeccionista. Ahora me han encargado del hotel H0 de Puerta Purchena 18 zapateros, y esos van perfectos hechos, llevan embellecedores para que las ruedas no se vean, un muelle para cuando abras y cierres la tapa no golpee”. “Todo el mundo me conoce como el inmortal porque no duermo”, dice el roquetero senegalés desde el despacho de la carpintería a la vez que se frota los ojos en un inconfundible gesto de cansancio. Hace un par de años que dejó la noche y desde entonces está centrado en el negocio familiar. Sus zapateros auténticas réplicas de cajas de zapatillas, sneakersbox, empiezan a hacerse su propio hueco en el mercado y los encargos requieren de un esfuerzo mayor. ¿Cómo se le ocurrió hacer estas cajas para las zapatillas? Los vi en Barcelona y pensé que aquí no los tendría nadie entonces empecé a hacerlos. Al principio vendía pocos y le echaba cara, cuando trabajaba en la noche le decía a la gente “cómprame un zapatero que estoy esmallao”, pero luego ya no colaba. Las cajas están hechas de DM y cubiertas con un vinilo que preparan en la propia carpintería, tienen todo tipo de maquinaria para realizar los trabajos más elaborados, desde patas isabelinas a molduras. El padre, Ibrahima Sarr, es de los pocos ebanistas que hay en Almería. Próximamente abrirán una tienda con exposición permanente de muebles camino cerca del Covirán que hay en la Rocalla. La finalidad de esta tienda es facilitar a los clientes la experiencia “que lleguen vean el mueble y lo puedan comprar, que no lo tengan que encargar”, dice Lamine. ¿Cuál es su sueño Lamine? Montar una tienda de muebles como Ikea a lo grande, pero de calidad, aunque no es nada fácil.

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“Tienes que vivir feliz donde estés”, dijo el dueño de un Kebab en Roquetas

Jamil Ahmad en su restaurante. Foto por Carmen Blanco Share on facebook Share on twitter Share on whatsapp ¿Sabes el pakistaní del kebab en la avenida Juan Carlos I? su nombre es Jamil Ahmad estudiaba Ingeniería Química en el Instituto de Ingeniería y Tecnología de Punjab, la provincia donde vivía. Su padre era funcionario, nunca había trabajado “no sabía ni cortar un tomate”, recuerda con risa el hostelero, sin embargo, a los 25 años decidió que no quería la “vida fácil”. ¿Dejó su país para tener más experiencia en la vida? No amiga, si deseaba tener sufrimiento en mi país también lo podía haber tenido, pero es esto de que Dios te crea tu destino, tienes que vivir feliz donde estés. Primero me empecé a buscar la vida para cubrir los gastos básicos, trabajaba con mi familia en Almería. Sufría mucho porque no tenía papeles, nadie me daba trabajo…Como no tenía para comer muchas veces vendía flores en el puerto de Aguadulce, la gente te molesta, te amenaza, quieren robarte la mercancía.   Dormir en la calle Conseguí trabajo en una pizzería y ya era tarde no había autobuses ni nada. Llevaba una botella de agua y una camiseta de cambio, siempre he llevado una camiseta de repuesto porque nadie tiene por qué soportar el mal olor, ni molestar, en este trabajo una cabina cerrada, sudas mucho. Aquella noche cogí un cartón lo puse en el suelo y usé la camiseta como almohada, era verano, en el puerto de Aguadulce no sabía que con la humedad en la noche me daría frío. ¿Qué iba a hacer? pasó un vigilante y desde lejos miraba con la linterna, pero yo estaba dormido, a los 15 min vino la Guardia Civil, policía Local, ambulancia… Pensarían que me habría emborrachado y no sabían si estaba vivo o muerto. La policía me dijo caballero levante, papeles. Pero no tenía papeles, te lo voy a decir claramente dije una mentira para salvarme, no podía contarles que me habían hecho el favor de darme trabajo o que alguien me había prestado dinero… confirmaron que estaba bien, no tenía ningún problema. Les dije que vendí las flores se me hizo tarde y perdí el autobús, gracias a Dios fueron buena gente. Aquella noche sería un lunes o un martes porque durante los fines de semana tenía trabajaba durante toda la noche en la pizzería, entraba a las 18.00h y salía a las 09.00h, acepté porque no le podía decir que no, necesitaba ese trabajo. En esos momentos duros que te viste durmiendo en la calle sin dinero para comer. ¿Cómo hacía para salir adelante? Tengo mucha fe y mucha humanidad. Un día no tenía y Dios me dio ahora tengo que devolverlo, no puedo dejar a alguien sufriendo delante de mí, todos somos creaciones de Dios. Regresar por la pérdida de un padre ¿Cuándo pudo volver a Pakistán? Después de 6 años o un poco más, cuando murió mi padre. Lo peor es cuando pasan estas cosas graves, cuando estamos aquí y no podemos salir. Para una persona honrada se sufre bastante, no viene la vida fácil. Si tuvieras que trabajar aquí acabarías agotada a las 8 horas, sin embargo, mi experiencia me hace aguantar 16 horas porque he pasado un tiempo muy duro y no quiero volver ahí. Mi padre era muy buena persona, cuando me iba a ir me dijo que si pensaba que era bueno para mí él estaba de acuerdo, era un hombre muy cariñoso. Por eso yo nunca había trabajado, no sabía absolutamente nada, al principio sufría mucho. Mi familia me dijo que no tenía por qué quedarme, que podía volver, tenía para comer de donde toda la familia comía, podía estudiar, mi padre me decía nosotros tenemos comida tú no tienes por qué sufrir de esta manera. Sin embargo, yo pensaba que, si me iba de aquí después de perder un tiempo, ¿cómo iba a regresar a mi país sin hacer nada? No sería un ganador, es negativo según mi mentalidad. Mi padre me insistía mucho porque él no quería que sufriera, mi familia no quería que me quedara aquí, sin embargo, yo quería sufrir para estar formado. Cuestión de madera ¿Cuándo obtuvo el permiso de residencia? Sobre 2014, después de llevar 4 años viviendo aquí, conseguí los papeles como autónomo y ahorré 4 duros así empecé este proyecto. ¿Cómo son tan negociantes los pakistanís? Porque para ganarme la vida siempre me cuesta trabajo, aquí hay muchas nacionalidades así que nosotros preferimos trabajar y ser independientes. Este trabajo (los kebabs) o las tiendas de alimentación son comunes a todos los pakistaníes. ¿Se ayudan entre los familiares para montar los negocios? No, aquí es difícil ayudar a alguien. Este local lleva más de 10 años aquí, la persona que lo abrió tiene ahora una tienda de alimentación, es mi primo, hice un trato con él porque iba a dejar el local. Así que no me costó tanto montarlo porque estaba toda la maquinaria y ya sabía hacer este trabajo. Sufrimiento = crecimiento personal ¿En qué ha cambiado desde que dejó Pakistán hasta ahora? Soy un hombre independiente, no tengo que estar a cargo de nadie, la vida me ha enseñado muchas cosas. Antes no sabía nada, mi familia me daba dinero para comer, para salir con amigos, como vosotros aquí. Es algo generalizado en todo el mundo, los padres ayudan a los niños.   ¿Cuál es su meta en la vida? Esa forma de pensar causa sufrimiento psicológico si hay una puerta abierta entro por ella no voy a quedarme delante de la que está cerrada. Dios nos pone nuestro camino. Cada uno nace con diferente cabeza, con diferente huella de la mano. Yo pienso así, cuando piensas en una cosa pocas veces se puede conseguir y eso psicológicamente te hace daño, te sientes perdedor. No hay que perder la fe, para estar vivo hay que tener mucho ánimo, si lo pierdo me quita las fuerzas, me deja flojo, puedo coger cualquier

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“Trabajo para pagar a Hacienda”, Ovik Kuryan; autónomo, joven e inmigrante

Emprender, endeudarse, fracasar, emprender, endeudarse, triunfar y poner atención a toda oportunidad de negocio, este es el breve resumen de la carrera profesional de un joven autónomo armenio, Ovik Kuryan, afincado en Roquetas de Mar. La clave del riesgo- beneficio en los negocios no la enseñan en la facultad, es cuestión de carácter y madera. “No tengo fórmula, son ganas, que te guste lo que haces. Aunque a veces se me quiten por las circunstancias, que te hacen volver a empezar y es difícil volver a levantarte. Además, que trabajo para pagar a Hacienda y la Seguridad Social”, dice este hombre de 29 años. Kuryan llegó a Roquetas de Mar junto a su familia (padre, madre y hermana) en 1999, no conocían el idioma, durmieron en la playa hasta que los ayudaron a encontrar alojamiento, traían de Armenia una deuda contraída con un prestamista para poder venir a España y, muchas ganas de prosperar. A día de hoy la familia tiene una casa en el municipio y la tienda de telecomunicaciones Ovisoft. El comercio es propiedad de Ovik y sustento familiar desde que el pasado año el padre sufriera un ictus que le impide trabajar, pero no lo incapacita para percibir una pensión por minusvalía. “Los primeros tres días dormimos en la playa, hasta que nos encontró un policía y nos pagó una noche en un hotel, solo cogieron a las mujeres y a los niños. Mi padre, mi tío y los demás hombres siguieron en la playa. Mi madre recuerda a aquel policía, alguna vez lo ha visto. El fundador de la asociación Almería Po-russki, Manuel Baltasar, nos buscó una vivienda, a partir de entonces fundó la asociación, mi madre es la socia número 1”, Kuryan sonríe y relata la historia con naturalidad, de aquella experiencia queda un recuerdo que ya no duele. ¿Cómo recuerda la acogida en el colegio? Al principio era jodido porque no entendía nada, cero y, pensaba ‘¿qué hago aquí?’. Cuando iba al colegio me defendía bien con las matemáticas, pero otras meterías… Nadie hablaba inglés, ni los niños, ni los maestros. Mi abuela es profesora de inglés y me había enseñado, medio hablaba. Pero en unos tres meses aprendí español, no me iba mal en clase, sacaba buenas notas. Cuando vino al colegio Virgen del Rosario solo había tres inmigrantes en la clase ¿sufrió discriminación por ser extranjero? Los niños no me discriminaban por ser extranjero, ellos no me veían como tal, pero había discriminación por otras cosas, las tonterías… Además, uno de ellos era también inmigrante, así que no se metían conmigo por eso. Es de la primera generación de inmigrantes que llegaba a Roquetas, hay pocos jóvenes extranjeros de su edad que tengan estudios superiores Mis padres son Ingenieros Informáticos, cuando llegaron a Roquetas mi padre trabajó en los invernaderos y mi madre limpiaba casas. Ella ha trabajo como camarera de piso en hoteles hasta hace poco que abrí la tienda y ahora trabaja allí. Mi madre tiene el título homologado, pero ya no vale de nada porque desde los años 90, todo ha cambiado. Mis padres siempre han querido que estudiara, aunque no me han podido pagar todos los estudios que ellos quisieran. Para empezar la carrera de informática hacía doble turno en el hotel, empezaba a las 16.00h hasta las 00.00h, entraba a las 00.00h en otro hotel hasta las 08.00h y cuando acababa iba a la universidad. Un día casi me estrello por el camino y decidí dejar la carrera, porque el trabajo no lo podía dejar. El dinero no llegaba, gastaba todo mi sueldo en los estudios, porque tenía clases particulares, tampoco me dieron beca. ¿Montó la tienda sin terminar la carrera de informática? Sí, de hecho, lo que enseñan en la carrera no tiene nada que ver, es todo matemáticas y física. Solo había una asignatura práctica de libre configuración donde saqué matrícula de honor. Al profesor le gustaba enseñar a día de hoy me llevo muy bien con él. A los 21 años empecé por mi cuenta busqué un socio que puso el negocio, iba a cerrar y le propuse entrar, llenarlo de mercancía e ir a medias. Después pasaron una serie de cosas, hubo un robo de 80.000€ en mercancías del cual el seguro no se hizo cargo y estamos de juicios. Entonces empecé con el tema de la telefonía a parte de la tienda, donde llevo el mantenimiento informático. De hecho, en el año….  Me dieron los premios máster, por jóvenes emprendedores. ¿Cómo es ser autónomo en España? Los pequeños negocios que hacemos las cosas bien lo tenemos difícil, parece que están del lado de los grandes que no actúan tan bien. Mi tienda es pequeña y me multa la SGAE a porque estoy poniendo música, que además es música de ambiente.   Hacienda podría considerar a las empresas que no facturan tanto, cobrarles un poco menos y a las empresas grandes cobrarles más, porque tienen para pagar. De lo contrario ¿cómo voy a crecer?, es una de las razones por las que me estoy planteando irme de España. Mi trabajo no está bien valorado, llego y soluciono un marrón enorme en 1 minuto y les digo 30€, se sorprenden y me recriminan: ‘¿30€ por 1 minuto?’. Cuando la cosa es 30€ por un solucionar un problema que nadie ha sabía cómo. En otras partes del mundo un informático está mejor valorado, no tiene que estar mendigando para que le paguen. ¿Dónde le gustaría trabajar? Mi sueño es Los Ángeles, pero ahora estoy mirando Austria, el trabajo está bien pagado, se vive bien. Aunque a mí me encanta vivir aquí, pero no es lo mismo vivir aquí, que trabajar aquí.

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Rychard Ayarick al frente de la Parafarmacia Roquetas

«El negro que no me atienda», decían los clientes de la farmacia

El farmacéutico cubano afincado en Roquetas, Rychard Z. Ayarick, trabajó durante 8 años para subsistir hasta que por insistente le dieron la oportunidad. Nadie apostaba por un farmacéutico negro. “No querían un negro, me decían: ‘Rychard búscate la vida porque no creo que tú aquí puedas ser farmacéutico’. Estuve años deambulando por ahí con mi título homologado. Cuando llegué a España en el año 2001 ya era máster en farmacia clínica por la Universidad de Camagüey. Trabajé en la construcción hasta que vino la crisis y me puse en marcha, batí todas las farmacias desde Almería hasta el Ejido, cada mes currículo, me daba igual que lo tirasen, finalmente me llamó una farmacia de Vícar sobre el año 2005/2006. A partir de entonces me di a conocer y ya todo el mundo me quería”, dice el farmacéutico cubano afincado en Roquetas, Rychard Z. Ayarick. El farmacéutico llegó a España hace 18 años, fueron muchos los trabajos que tuvo que desempeñar, vivió en un piso patera, sufrió discriminación por su color de piel, pero los luchadores nunca se rinden. “Cuando uno está montado en el dólar no te acuerdas de tu pasado. Estaba a gusto donde estaba, la gente pensaba que la farmacia de la Avenida Juan Carlos I era mía porque yo hacía y deshacía, pero me vine para acá a empezar de cero”, dice Ayarick . “La gente me dice que me ha tocado la lotería y no me ha tocado ninguna lotería. Lo único que tengo es haber planeado poner un negocio aquí durante 8 años, cuando nadie apostaba ni un duro por mí, salvo mi hija. Yo venía y paraba en esta zona con mi coche, miraba la calidad, el ambiente, pensaba: esto aquí o aquí”, son las palabras de un hombre que no se rinde y lucha por sus sueños. Hoy su consulta de nutrición y dietética se llena de clientes que llegan de cualquier parte de la provincia, como resultado de su buen hacer. Este cubano y su mujer, Midolainys Moa Hernández, asesoran sobre cada producto. Como farmacéutico clínico lleva un estetoscopio en el bolsillo de la bata para distinguir las dolencias y saber qué recomendar, además siempre tratan al cliente con familiaridad, por su nombre. ¿Por qué decidieron trasladarse a Roquetas? Llegué a Barcelona en el año 2001 un mes después de los atentados del 11S en aquellos tiempos te deportaban y a pesar de tener mi visado, me asusté. Veía a los negritos que no tenían papeles esconderse en el metro, los veía correr de un lado a otro. Un chico en la calle me dijo: ‘Almería es el único sitio donde puedes conseguir trabajo sin papeles y la policía no te molesta’. Es un error garrafal que en España tú eres legal, pero no tienes permiso de trabajo. Cuando la persona está aquí no la vas a dejar tirada si tiene que ir al médico, dale la residencia para que trabaje, que cotice, eso es lo que hacen los alemanes. Te puedo asegurar que vas a las Doscientas viviendas y hay negros que saben más que tú y que yo, intelectuales, que tienen carreas. Hay que buscar a esa gente, como hacen en otros países. A los americanos, fíjate en House, les da igual que el cirujano de turno sea negro, chino o japonés, sin embargo, España no lo aprovecha. Me vine para Roquetas porque una gente me iba a recibir, pero al final me dejaron tirado, así que mi mujer y yo nos las tuvimos que buscar. Nos metieron en un piso patera, estuvimos casi tres semanas a base de Cruz Roja, espaguetis por aquí, atún por aquí.  La tarjeta de crédito de mi mujer nos sirvió para comprar una vespa a un gitano y así desplazarme a un almacén a trabajar. No tenía dinero para comprar guantes, hacía un frío tremendo, era la primera vez que yo veía tanto frío porque en Cuba no hace frío, me puse unos calcetines en las manos pensando que eso me ayudaba y en el badén del cementerio me caí que por poco me mato. Hoy en día pasó por allí con mi coche, veo la zona y me entra una cosa, cuando lo cuento a mis hijos creen que soy un fanfarrón. Respecto a sus inicios como farmacéutico en Almería… Estuve una semana en el mostrador y ningún cliente quería que lo atendiera. El farmacéutico salió cabreado y le dijo a la gente: ‘Rychard es farmacéutico igual que yo si no quiere que le atienda no venga más a mi farmacia.’ Mi primer trabajo en Vícar fue una de las etapas más duras de mi vida, fue poco tiempo unos 9 meses, tuve suerte porque el tipo se iba de vacaciones y necesitaba un farmacéutico le daba igual quien. Cometía muchos errores, tuve que reciclarme. Una vez me pidieron Betadine bucal y yo saqué vaginal, hay varios tipos de Betadine, pero en Cuba hay un solo tipo, cuando llegué al mostrador el hombre puso una cara… Por estas cosas mis compañeras de trabajo excepto una se ponían en mi contra, porque cómo iba a ser yo el jefe si sabía menos que ellas. Todas estas experiencias le hacen resiliente, más fuerte… Ayarick mira con sinceridad, sonríe y vuelca el tono de su voz en un delicado: “claro, ya soy español, igual que tú”. Luego de pronunciar estas palabras sus brazos vuelven a abrirse y su espalda a enderezarse. No es resentimiento, ni tristeza es la calma de quien cruza el charco y echa raíces. En cuanto a la integración… Es hora de que haya un policía local negro en Roquetas, la ventaja sería que cada vez que hubiera un problema en las Doscientas si va ese negro lo van a respetar. Son cosas triviales pero que tienen importancia. Yo no sé si estoy desvariando. En cuanto al racismo… El tema de somos o no somos racistas a veces depende de nosotros los extranjeros. Cuando tú ves a un extranjero que se gana

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