Europa

“Con el COVID hemos tenido que poner dinero de…

Hay quien se toma la vida como una carrera de obstáculos, los salta o se cae, pero siempre continúa incluso cuando la meta se atisba difusa en el horizonte. El protagonista de la historia de hoy es hostelero y ha sobrevivido a dos crisis económicas, la del ladrillo y la del coronavirus.

Hace 12 años que abrió un pub inglés en el puerto de Almerimar con el concepto almeriense de tapa. ¿Habrá algo más español que montar un bar? A día de hoy, hasta su madre lo llama Mario; aunque en su identificación sus orígenes lo sitúan en Iasi, Rumanía.

“La primera vez que vine en 2002 fue a casa de unos conocidos, pensaba que iba a trabajar con los pepinos, aunque nunca lo hubiera hecho, pero estuve un mes en la habitación que me habían alquilado mirando por la venta. No sabía muy bien a qué se dedicaba aquella gente, pero no trabajaba, ni me podían poner en contacto con nadie para mantenerme ocupado. Tenía 22 años, ¡imagínate! Decidí volver a Rumanía y en el autobús de vuelta conocí a una mujer que me dio trabajo. Eran 3 días de camino, pero los billetes de avión eran carísimos”.

El protagonista volvía a su tierra con la sensación de fracaso, su compañera de butaca intuyó que Mario no se encontraba bien, ella era madre de un joven de su edad y encargada en un invernadero de El Ejido: “este es mi teléfono cuando empiece la campaña en agosto me llamas”.

“Y volví a pesar de la mala experiencia, ella me advirtió que las condiciones no eran espectaculares, pero que para empezar estaría bien”, recuerda el hostelero sus comienzos. Entonces levanta la cabeza un momento atento a lo que pasa alrededor a pesar de que el bar está cerrado por la capa de pintura que dos veces al año tiene que dar a la fachada. Mario no se permite ni un minuto de desatención al negocio: “Mixo, Mixo, papá no pongas eso así”.

Su madre trabaja en la cocina, responsable de unas deliciosas costillas a la miel. Y su padre, ya jubilado, pasea por el negocio y se sienta al sol del Mediterráneo.   

¿Cómo fue tu primer trabajo?

Fue otra pesadilla, no tenía permiso de residencia, trabajaba por poco dinero, muchas horas, sin contrato. Era novato y joven así que me pagaban tres veces menos. Un trabajo muy duro, pero para coger el idioma….

¿Cómo encontraste Almerimar?

Descubrí Almerimar porque era el lugar a donde venía cuando libraba, los domingos. No sabía hablar español, pero si inglés y ruso. Como en mi infancia era un buen estudiante se me dio la opción de estudiar ruso, porque era una cultura muy influyente entonces.

Me gustaba esta zona porque podía comunicarme, así me hice amigo de la comunidad inglesa, me empecé a enamorar de esto. Un día vine a buscar trabajo y tuve la suerte de que Oscar me contratara para llevar las mesas de los británicos, después de hacerme unas cuantas preguntas en inglés. Aunque mi nivel de español en un año era súper básico, como yo marchar, comer, llamar… me llegaba lo justo para atender las mesas de españoles también.

La reforma de la Ley de Extranjería llevada a cabo por Zapatero, en 2005, fue la oportunidad para Mario y un millón de personas de regularizar su situación. “Fui a la extranjería de Almería hice colas inmensas y desde entonces, estoy legalmente”, dice el empresario.

¿Cuándo abriste tu propio negocio?

Abrí el bar para el Día de Andalucía, el 27 de febrero de 2009. Hasta entonces trabajaba por cuenta ajena, era encargado en otros bares. Cuando sentí que podía trabajar por mi cuenta busqué un local, que es este.

Trabajaba en un local escocés que era de mucho éxito, se llamaba Lago Ness, conocía a toda la comunidad inglesa, era uno más. Hasta que un año y medio después el dueño enfermó y volvió a su tierra, traté de llegar a un acuerdo con el dueño del local, pero el alquiler era muy alto… Así busqué otro local con orientación sur porque el invierno es largo, pero el sol calienta y pensé que tendría más éxito. Tuve que hacer reformas, esto era un almacén del puerto y había que habilitarlo. He hecho tres reformas desde que estoy aquí, la última hace dos años.

El dato: «tres reformas en 12 años y pintar dos veces al año» deja claro el grado de exigencia del hotelero, solo quería remarcarlo por si alguien se despistaba.

¿Desde que empezaste te fue bien?

No, empecé justo con la crisis inmobiliaria, después del primer verano estuve a punto de cerrar, no calculé el alcance de la crisis. Como el año pasado que escuchábamos mucho COVID en China, pero no pensamos que fuera tan grave hasta que nos tocó.

¿Qué te hizo aguantar el tirón?

Confié en mí.

Su respuesta es rotunda y seca.

Me adapté, amplié la carta, hice ofertas… Todo para poder sobrevivir. Por supuesto, el apoyo de los clientes, venían a mi bar a gastar dinero y me decían “de esta vamos a salir” porque nos conocíamos de antes. Habíamos salido a cenar, a pasear, en bicicleta por Balerma.

Después remontamos, pero otro momento crítico fue en 2010, después del verano porque Almerimar era una ciudad fantasma, una ciudad dormitorio, gracias a que hace tres años empezó a cambiar la situación. Dejaron este aparcamiento de enfrente del bar para las caravanas, son clientes estacionales, pero se van y vuelven otros, los torneos de golf, vienen muchos suecos que viven en los barcos durante el invierno…

¿Cuál es el éxito de ser buen empresario?

Adaptarse, mezclar. Un domingo a medio día en mi bar puede haber 15 nacionalidades distintas.  Tengo el fish and chips de los ingleses, el chile, el curry, la salchicha inglesa, boquerones, un poco de todo y de bebidas igual… Hay jamón de Fondón a los ingleses les digo que es de las Alpujarras y ellos encantados de probarlo.

Su acento se inclina británico en la pronunciación del curry, pero ante todo las formas y la atención viven empapadas en la cultura sajona.

Conozco a la gente, trato bien a todo el mundo, si no estoy muy liado hablo con unos, con otros. Que no se sienta nadie como que este bar trata mejor a un tipo de gente y a mi que soy más pobretico o más mayor, pues me atienden peor. No, aquí tratamos a todo el mundo bien para que vuelvan.

¿La conciliación familiar?

He llegado a trabajar 13 y 14 horas en negocio ajeno y propio. El pasado domingo con Jesús, el camarero que lleva trabajando conmigo 4 años y yo estuvimos de 10 a 22h en el bar, él descanso 3 horas, yo sin descanso. Porque no quiero que a mi empleado le pase como a mí que tenía media hora para comer y había que seguir para preparar las cenas.

Siempre he trabajado muchas horas en la hostelería con 25 años trabajaba como encargado en un bar donde venían todos los funcionarios de El Ejido. Tenía a mi cargo a 6 personas que eran más mayores que yo y claro no me tragaban entre que era rumanillo y más joven.

Estoy contento siempre intento dar el máximo servicio posible, no soy Burguer King…

¿Cómo has afrontado la crisis del Coronavirus?

Ha sido malo, el alquiler había que seguir pagándolo y la potencia de luz que tengo contratada es alta, también tenía que seguir pagando un mínimo. He perdido dinero.

En mayo del año pasado abrimos con muchas ganas, la gente ha respondido. Todos los bares lo hemos pasado mal, sin una solución, abrimos con muchas restricciones. En principio la policía local nos dejó una hora más para compensar las pérdidas durante la cuarentena. Pero un mes después teníamos que cerrar antes de la 01.00am de esa fecha en adelante, todo eran restricciones hasta llegar a cerrar a las 18.00h. Un periodo de muchos cambios y confusión.

Antes del coronavirus hacía karaoke con un cantante profesional retirado como un típico pub inglés, pero en este momento estoy más centrado en la clientela de comida que es la base de mi negocio.

¿Con tantas turbulencias tuviste que poner dinero de tus ahorros?

Sí, hemos puesto dinero de los ahorros de los años anteriores. Sobrevivimos con los ahorros, no con las ayudas. Ahora tenemos mucha esperanza de que el verano de 2021 sea mejor que el anterior por la vacunación y la reactivación del turismo.

Llevo tres meses esperando la ayuda, está aprobada, pero no ha llegado. Son 2000€ que es poco para un negocio grande, pero es bienvenido.

He pedido un préstamo ICO que tiene un año para empezar a pagarlo, así tengo más tranquilidad.

Iba a ser policía de fronteras en Rumanía, pero el tema iba por quien pagaba más para obtener el trabajo, no por la nota de la prueba de acceso.

El tema empresarial lo he llevado con la familia a los 18 me sacaba el carnet y era el chófer, iba donde mi madre necesitaba para llevar la ropa.

¿Volverías a Rumanía o cambiarías de país?

No para nada, ya estoy establecido a aquí. He viajado mucho por Inglaterra y Escocia con los clientes que ya son como amigos, pero me gusta esto. Cuando vienen por el bar se toman una foto conmigo como si fuera un icono de la zona y se la envían a sus familiares: ‘mira estoy aquí, estoy con Mario’.

Pasa una clienta, la saluda, y dice: “es británica, después del deporte vendrá a tomar una copa de vino blanco seco, es el tipo de vino que más les gusta a las mujeres británicas”. Sabe con precisión lo que toma cada uno de sus clientes, de forma que el trato es agradable, más la sensación de ir al bar de un amigo con unas vistas privilegiadas, que tomar una cerveza en la soledad de la barra.

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‘Pueblo chico’, infierno grande; el colmando de la Patagonia…

Hermanos Nuin López en la puerta de su colmado, Pueblo Chico. Foto por Melanie Lupiáñez

«Nos dieron la llave de la tienda y al otro día nos confinaron», dice Ariel Nuin López. El argentino se afana en hornear empanadillas, el olor atrae a los clientes hasta su colmado. Mariela entra a la trastienda desde el mostrador y toma el mate que le da su hermano. Solo se tiene el uno al otro y es lo que más cuidan. 

Huían de la asfixiante inflación argentina, y en plena crisis mundial se han situado al frente de una tienda de pueblo transatlántica, Pueblo Chico en la Calle Los Picos, 17. Desde allí tratan con cariño y mimo a la clientela ya familiar en tan solo un año. «¿Qué tal estás Miguel, te cortaste el pelo?», se escucha a Mariela desde el mostrador. Por las estanterías productos selectos y artesanales almerienses, junto a la gastronomía gaucha, los mates, las pipas… La fusión ha sido inmejorable. 

Mariela Nuín López detrás del mostrador. Foto Melanie Lupiáñez

“Arrancamos cuando nadie podía salir a la calle. Esos meses fueron de auténtico terror. El local era un desastre, empezamos a pintar, a arreglar, no teníamos provéedores, no teníamos casi nada«; explica Ariel entre sorbo y sorbo a su mate mientras no para de moverse por la trastienda. Todo a media luz, como si del famoso tango de Carlos Gardel se tratara.

¿De dónde viene ese nombre tan peculiar?

“Siempre me gustó el dicho ‘Pueblo chico, infierno grande’. En todos los pueblos chicos, dentro es un infierno grande. Eso se refleja muy bien en nuestro quehacer cotidiano, un sitio chiquito pero en la parte de atrás es un gran horno donde se preparan las mejores recetas. Además, me gusta la palabra pueblo porque la gente lo identifica con lo casero, lo artesano, lo familiar.” Vitrinas repletas de alfajores, dulces típicos, vinos almerienses, infinitas variedades de pan de Abla, miel y patatas fritas artesanales de Olula del Río, chocolates artesanos de la Alpujarra, conservas de pulpo…

Aunque, sin duda, la joya de la corona es el inmenso cartel que preside la entrada del establecimiento, una llamada a todo aquel que desee degustar empanadas gauchas tradicionales con cualquier relleno imaginable -criollas, de atún, de pollo, de queso y albahaca-… “Lo mejor es que el olor sale por la puerta y eso atrae a nuestros clientes porque la cocina es casera. Me gusta llamar la atención. Prendo el horno al mediodía para llamar y a eso de las 7 de la tarde para la cena. Con una empanada de estas y una ensalada ya tienes una comida completa”, aclara el cocinero entre risas.

Ariel Nuin, propietario del colmado.
Ariel Nuín López. Foto Melanie Lupiáñez

Ante esta situación, ¿qué es lo que les empujo a emprender en un negocio de proximidad?

Al tendero se le abren los ojos. «Yo trabajaba como cocinero en el Mercado Central de Almería y por la situación me echaron. Mi hermana Mariela hacía alrededor de un año que estaba acá y tampoco conseguía trabajo, así que nos armamos de valor y juntos creamos una cooperativa con los poquitos ahorros que teníamos. Fue el momento en el que abrimos la tienda, así nos sustentamos solos». 

Aunque los proveedores eran escasos, el argentino ya tenía un recorrido. Participó dando talleres dentro de las actividades que el Ayuntamiento de Almería junto al sector hostelero programó bajo el marco ‘Almería Capital Gastronómica 2019’.

«Todos los carteles de la tienda los hice yo, con los costes que supone abrir un negocio en pandemia, encima hay que economizar. Lo hice de forma manual con papel de periódico, plastilina y pintura. Si hubiera sido por mí, todo el local hubiera sido de madera con un estilo más rústico porque ese sería el sentido pero no puedo porque tuve que adaptarme a lo que tenía», muestra con orgullo el chef.

Entonces, ustedes han sido emprendedores con muy poquito…

«Nosotros comenzamos con la asociación FAECTA, quienes representan y defienden los intereses de los cooperativistas de trabajo en Andalucía. Fomentan el emprendimiento y nos han ayudado en todo porque el dinero no lo teníamos. Hicieron el contacto con el banco, nos trajeron los técnicos, los detalles para cuando viene la inspección de sanidad…»  

Es indiscutible que la calidad marca la diferencia, los hermanos sabían que tenían que pararse, observar y dar lo mejor ante un público que los fue guiando en el quehacer y en los productos más demandados. “Somos argentinos y en nuestra tienda debemos tener un trocito de patria pero lo mejor es que ofrecemos una mezcla entre productos de Almería y de Argentina que hacen que tengamos la diferencia con el resto de tiendas del barrio. Todo lo hemos realizado con ingenio y buen trato.” Prueba está en la buena aceptación por parte de gente joven, familias con hijos e, incluso, gente mayor que se han hecho habituales.

Detalle del cartel de la entrada. Foto Melanie Lupiáñez

«Tengo mi propia bandera, el chimichurri argentino, una salsa que regalo a mis clientes y les paso receta para que sepan utilizarla, especialmente para los niños. La gente se queda enloquecida porque aquí nadie regala nada. No tienen una atención al público tan cercana como me gusta a mí.” Ariel esboza una gran sonrisa de satisfacción, un claro ejemplo de que lo que cuenta lo hace con orgullo.

Hay un dicho en su país que dice: ‘Si se rompe, lo atamos con alambre.’

Hubo tantas crisis económicas y sociales desde Perón hasta ahora que el país está hecho un completo desastre. Te tienes que ir adaptando con lo que tienes; es crisis más crisis. Cuando vivía allá tenía una empresa de catering. Iba negocio por negocio vendiendo mis comidas, tenía mis clientes de las mañanas y de las tardes. Yo siempre funcioné con el boca oído. Incluso ahora Pueblo Chico funciona así, no hacemos uso de las redes sociales. La inflación era cada vez más grande, lo que compraba hoy y vendría cuando iba a volver a comprar me salía el doble. Entonces ya no di más y pensé que tenía que venirme a España y cambiar de vida. Mi hermana Mariela y yo somos solteros, no teníamos nada que nos atara.”

Ariel Nuin desde Pueblo Chico. Foto Melanie Lupiáñez

Oriundo de Neuquén, en el centro del país latino, Ariel llegó en 2004 a Las Negras con un permiso de trabajo sin ubicar ni siquiera dónde estaba Almería en un mapa. Fue un buen amigo quien lo animó. Sus raíces españolas -concretamente, vascas y gallegas- por parte paterna y materna, respectivamente, le otorgaron una oportunidad de oro. “La verdad que todo en esa época era diferente a ahora. Se ha convertido en un lugar muy pijo aunque conserva su esencia hippie.»

Al tener esa genealogía, su familia pudo obtener la doble nacionalidad por arraigo familiar. «Es más, fui el primer argentino de España retornado en 2009 cuando Zapatero facilitó que los extranjeros pudieran volver a sus países de nacimiento, cobrando la mitad de paro aquí y la otra mitad allá. ¡Hasta te regalaban el pasaje de avión! Toda una política para dar trabajo a los españoles durante la crisis del ladrillo».

Detalle de Carrot Cake. Foto Melanie Lupiáñez

Allá todavía queda uno de los cuatro hermanos. «Queremos que se vengan todos. Ahora la cosa está complicada con la situación de la pandemia que no pueden salir del país y después hay que vender todos los bienes y propiedades que hay allí porque no lo puedes dejar tirado así como así.»

No es tan fácil pero son las paradojas del destino, sus abuelos lo dejaron todo para irse allí y buscarse la vida y ahora ellos son los que retornan para buscarse la vida acá. «Además, que hay algo más importante que lo económico y es la seguridad con la que se vive en España. Vivimos con tranquilidad y eso no hay peso en el mundo que lo valga», añade con energía el tendero.

En el diccionario de vida de ustedes no existe la palabra miedo, ¿cierto?

No, verdaderamente yo no sé que es eso. El secreto es fijarse, ser sociable e intentar dar lo menor de ti. Es verdad que con la situación que estamos pasando, no es lo mismo tener negocio propio que trabajar para alguien… Te llevas el trabajo a casa. Cuando hicimos la cooperativa teníamos permiso para tener menaje, para hacer talleres de cocina, catering… Pero claro la situación y yo solo… No puedo hacer nada.

Queríamos haber traído a una sobrina nuestra que nos ayudara en la tienda, pero no se pudo hacer la nacionalidad porque era mayor de edad y como está la situación.

Si mi hermana no hubiera venido yo no podría haber abierto la tienda porque no puedo estar dentro del almacén y detrás del mostrador, ni hacerme cargo de las facturas, proveedores y atención al cliente. Los número los hace ella, yo solo se de cocina. ¡Con la mano rota que tengo, ya me hubiese fundido todo! Ariel rompe a reír. Mi hermana es mi gran apoyo y la que da estabilidad a toda la parte de negocio.

Porque el argentino siempre va buscando la plata…

Sí, es nuestra fama (los hermanos rompen a reír). Somos más individualistas que otros latinos, aunque tengamos clientes paisanos, el argentino no anda buscando otro argentino. Somos latinoamericanos pero, por ejemplo, tengo amigos que les dicen panchitos de forma cariñosa; nosotros les decimos Machu Pichu (risas, otra vez). Luego alguien llama a los latinos panchitos y te dicen: ‘no es por ti’. ¡Cómo si yo no fuera panchito! A mí no me ofende, puedes llamarme todo lo pancho que tú quieras; lo que pasa es que nuestro país tiene mucha influencia de España e Italia, muy europea.

Mención aparte en el tema gastronómico, porque tiene una clara influencia italiana…

No hay que decir más; cuando nos ponemos al frente de los fogones, somos italianos ‘cento per cento’.

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África

“Siempre te sientes extranjera, te falta tu raíz”, palabra…

Quiso la protagonista de esta historia que su herbolario fuera vieja botica y lo llamó 'Jadis', una palabra francesa que significa antaño. Detrás del mostrador y al frente del negocio se encuentra Naima Eloujaji. Una mujer de formas elegantes, una nana en la voz y una presencia enigmática. Aterrizó en Roquetas de Mar y se ha arriesgado a abrir sus puertas en tiempos de pandemia.

“Esto es una sociedad, no es solo mío, mi hermana farmacéutica es quien lleva la parte del herbolario y yo la cosmética, que al final es un todo y es que esta mujer tiene como pilar principal a su familia. “Lo que más echo de menos es a mi familia. Es duro, aunque encuentres una mejor forma de vivir, te falta algo siempre te sientes extranjera, te falta tu raíz”.

La familia, las raíces y las situaciones que nos obligan a seguir adelante sin mirar atrás. Naima, nacida en 1965, rondaba la treintena cuando dejó Marruecos, hizo un cambio de vida y escogió Italia. Con el paso del tiempo el país de la bota se le quedaba pequeño y emprendió rumbo a Bélgica. El destino tejió sus invisibles hilos y en Bruselas dio con Livio Serafini. Cuenta el italiano que la vio en un café de la ciudad, él estaba leyendo, ella tomaba un café y “desde entonces”, comenta el hombre mientas admira a su amada.  

,¿Cómo acabaron en Roquetas?

Serafini contesta a la pregunta: “vine por primera vez a Roquetas de vacaciones, a Aguadulce, para mi es como Silicon Valley”.

“Queríamos hacer un cambio de vida, vivir mejor, más horas de sol… Aunque ganemos menos dinero la vida no se limita a ir trabajar, ir a casa y seguir. Además, aquí todo me recuerda a mi tierra, cuando visito la Alhambra, veo los pueblos almerienses… Es como estar en Marruecos. Madre mía, ¡qué cultura tuvieron los antiguos para hacer estas edificaciones! Andalucía es mi amor, siempre tengo presente hacer un blog con todos los pueblos que visitamos, la comida, las fotografías”, Eloujaji habla con una sonrisa franca, sus ojos achinados tras la mascarilla la delatan.

Jabones artesanos de Naima. Foto por Melanie Lupiáñez

La pareja es muy aficionada al ‘running’, la gastronomía y las rutas en moto. Han bordeado la costa de Cabo de Gata en sus zapatillas, han subido a las antenas a ritmo alto. “Cuando no salgo a correr 3 veces a la semana es como si me faltara algo. Solemos hacer la media maratón, pero este año con la pandemia todo está siendo más complicado”, comenta ella.

Por el herbolario hay cosmética marroquí y bien es sabido que, desde hace milenios, la cultura árabe es muy dada al cuidado, la belleza, esa cosmética ancestral que hoy llamamos natural.

¿Cómo aprendió a preparar toda esta cosmética?

En casa siempre lo hemos hecho, mi madre y mi abuela, tenían este conocimiento de la piel, las plantas medicinales, que al final es complementario. Preparaba estos jabones en casa para mí, pero hace 4 años estudié naturopatía.

A partir de ese momento la alquimista se profesionalizó, hasta el día de hoy donde puede ofrecer una línea de cosmética y cuidado para la cara, más de 4 tipos de champús diferentes dependiendo del tipo de cabello, crema para el cuerpo tanto sólida, como en pomada, labiales… El establecimiento es un viaje en el tiempo, la atmósfera, la luz, el olor de las esencias que destila el vaporizador, la casa de la abuela en el pueblo. Además, Eloujaji es muy hospitalaria, no me podía ir de allí sin tomar algo, que pena que no fueran deliciosos dulces marroquíes (halwa, en árabe). “Me gustaría hacer una cata de tés y dulce pero como está todo”, dice la protagonista.

Detalle de la cosmética natural del herbolario Jadis

¿Qué es lo que más echa de menos?

“La familia, siempre es lo que más echo de menos”. Su mirada toma la profundidad del océano, pero solo deja ver la superficie.

Su madre quedó viuda muy joven con 7 hijos en sus brazos, Naima tenía 8 cuando perdió a su padre, que se dedicaba a la enseñanza. “Mi madre era muy fuerte, fue difícil para ella, pero consiguió que todos tuviéramos una vida plena, todos hemos estudiado”, sube los hombros y cierra los ojos. No puedo hablar por experiencia solo por testimonios, pero dicen que cuando uno pierde a sus padres se siente huérfano, aunque tenga 80 años. Esa es la emoción que percibo en sus palabras.

“He disfrutado de una infancia muy feliz, con tantos hermanos recuerdo cuando veíamos una película y después comentábamos todos. Ojalá el tiempo volviera atrás”, su risa estalla momento de anhelo y recuerdos de la dulce niñez.

¿Qué te gusta más de haber vivido en tantos países distintos?

Cada uno tiene su esencia y hay que probarlo todo.

¿Volvería a vivir en Marruecos?

No, prefiero ir de vacaciones, una casa allí y otra aquí. Pero aquí me siento como en casa, puedo practicar deporte: correr, ciclismo, natación, senderismo. Cada fin de semana vamos a descubrir un sendero, por la sierra de Gádor, Las Alpujarras… vamos en moto. Cuando acabamos siempre paramos a tomar algo en Almería se come bien en cualquier sitio.

Nos despedidos de la mujer que nació en Khenifra, Marruecos, una pequeña ciudad cerca de Fez donde años más tarde estudiaría Derecho en la Universidad de Dhar el Mehraz. La ciudad azul, sobrenombre por el que se conoce a Fez, presume de haber fundado la primera Universidad del mundo, la Universidad de Qarawiyyin, en el año 859 d.C. y, además, fueron 2 mujeres tunecinas quienes tomaron la iniciativa.

Leyendas, heroínas y ejemplos de vida de los 5 continentes que cada domingo tenemos el placer de conocer, gentes que no temen ser quienes son. Estas son los testimonios que nos acercan, los ojos en los que nos miramos y los gestos que, admirados, los que nos hacen crecer.

Gracias por sumarte a Originem,

Gracias por ser parte de la revolución

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Enseñar inglés a bebés, la polaca que hizo realidad…

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Luchó duramente por conseguir una de las 3 becas erasmus que la traerían a España, conoció al amor de su vida y se quedó en Roquetas de Mar, durante la crisis de 2008 levantó una academia de inglés innovadora en el pueblo. En el trayecto de hacerse adulta perdió a sus padres de cáncer. Hoy hablamos con Natalia Bartkowiak, la polaca que creyó que los bebés roqueteros podían aprender inglés.

Natalia Bartkowiak vestida de mamá Noel juega con un grupo de alumnas. Foto por Carmen Blanco

De su tierra natal recuerda una primera “infancia chocante” dicho en sus palabras, llena de contrastes entre las condiciones de vida impuestas por el comunismo y el libre mercado a solo una frontera con Alemania, que por supuesto no podían cruzar. Al finalizar la Segunda Guerra mundial Polonia se convirtió en un punto estratégico para la URSS al este de Europa. El Ejército Rojo expulsó a las fuerzas alemanas y así se estableció el comunismo desde 1944 a 1989.

La infancia en el régimen comunista de la República Popular de Polonia

El mayor problema del comunismo era que igualaba a todos, mi madre era oculista y mi padre radiólogo. Todos los sueldos estaban igualados, bajos y a lo mínimo, era mejor conocer a la dependienta de una tienda que a un médico porque te podía conseguir un kilo más de carne al mes. Había tickets de racionamiento y tenías que esperar durante toda una noche o un día para poder comprar.

Recuerdo que era muy pequeña y me dieron un plátano, no lo quería comer porque me resultaba raro. Pero era algo tan preciado que me insistían en que lo probara, claro no se podía importar nada.

Límites de la antigua República Popular de Polonia

Durante la República Popular de Polonia no había nada, las estanterías de las tiendas estaban vacías. Un amigo de mis padres fue a trabajar a Alemania porque la diferencia era grande y en unos meses podías ganar como para comprarte un coche. Este hombre volvió y repartió entre los niños juguetes, eran usados, y me tocó una Barbie sin mano. Cosas así, yo no necesitaba estos juguetes, pero chocaba.

Nunca me faltó nada, porque realmente no necesitaba unos juguetes para vivir, pero se daban situaciones… mi padre entró conmigo a una tienda de ropa para niños y salió casi con lágrimas en los ojos porque no podía comprarme nada, tenía que conseguir tela, porque tampoco se podía comprar, entonces una abuela me cosía algo.

Por eso no me gusta el toque de queda, me recuerda a esos tiempos.

Caída del comunismo

Cuando abrieron las fronteras fuimos a París en tren, era niña sería 1991 o 1992, mis padres sentían estas ganas de viajar después de tanto encierro. Comimos en un McDonal’s porque todo el mundo decía que era americano, muy famoso, era el primero que visité. Vi cosas que me sorprendían como que la gente sacara dinero de pared, era tan nuevo para mí.

“Polonia evolucionó mucho con la democracia y ahora está otra vez mal políticamente. La ultra derecha católica ha prohibido el aborto bajo cualquier circunstancia”. La educadora se refiera a las políticas de PiS siglas por las que se conoce en polaco al partido Ley y Justicia.

Para mis padres era algo increíble que yo pudiera viajar, ellos con mi edad vivián bajo un régimen cerrado, mi generación fue la primera que apoyó viajar. Además, fue todo un baby boom éramos numerosos en las clases se hacía muy difícil conseguir las becas, pero siempre fui empollona, así me dieron una de las 3 becas erasmus que ofrecía la Universidad de Poznan donde estudié. Fue en el año 2005 y cuando buscaba información sobre Almería en internet solo aparecían cosas de deporte de los Juegos Mediterráneos.

La erasmus polaca por Almería

Cuando llegué a la UAL, había aprendido toda la teoría, la gramática, pero la forma de hablar de los almerienses costó un poco. Se daban situaciones cómicas porque no nos hacíamos con el acento. ‘El peecao frito’ decía un profesor y no nos enterábamos de nada, hasta que pillamos que quería decir: ‘pescado’. Es curioso porque durante los años universitarios conviví con 4 amigas polacas y de ellas 3 estamos casadas con españoles.

Era a finales de febrero, las tres estudiantes polacas por las calles de Almería y de repente vimos a un grupo de ancianas disfrazadas de bebés con pañales, chupetes, cantado algo por la calle. Qué bueno el carnaval, me encantó la cultura española y me encanta. La comida, las tapas, eso enamora.

Aunque al principio se me hacía raro darle dos besos a todo el mundo, vengo de una cultura donde los besos son para la familia y los amigos. Entonces ir por la calle con amigos y de repente que te presenten a alguien, así con dos besos. Una amiga polaca de erasmus ponía siempre la mano por delante, ella no sé quedó en España sería que no le gustaban los besos.

¿Cómo conoció a su marido?

¿qué cómo conocí a Edu? Pues de fiesta por las Cuatro Calles (se hacen las risas) y ya me quedé aquí con mi gran amor.

Eduardo Funcia es madrileño y trabajaba como aparejador durante el boom de la construcción en Almería. Lo primero que destaca a simple vista de esta pareja es que son excepcionalmente altos, los dos son bastante deportistas, emprendedores, innovadores y han formado una preciosa familia de tres niñas polaco-españolas; Sofía 11, Blanca 7 y Natalia 5 años.

Una crisis, una oportunidad

buscando material en el almacén. Foto por Carmen Blanco

La crisis del ladrillo empujó a la joven pareja a dar un paso adelante. Tenían algo de dinero ahorrado, una ayuda familiar y otra cantidad del Estado, además de mucho valor. Con estos ingredientes abrieron la primera academia de inglés con el método Helen Doron en Roquetas. Un método de enseñanza orgánico a partir de los 3 meses de edad.

¿Cómo fueron los comienzos allá por 2010?

Estaba casi convencida de que iba a salir, pero todo el mundo me decía que no, el inconveniente del dinero, los niños tan pequeños… Durante estos años perdí a mis padres de cáncer, ellos vivían en Polonia. Fueron mis niñas y mi marido quienes me motivaron a seguir adelante.

Al principio era gracioso porque la gente no comprendía que diéramos clase a niños tan pequeños. Había quien entraba para decirnos que el cartel estaba equivocado porque se leía: ‘inglés a partir de 3 meses’. Hice un estudio de mercado y vi que no había academias para bebés, conocía este método de Polonia y sabía que funcionaba.

Nos fue muy bien desde el principio se matricularon como 100-120 alumnos y pudimos cubrir gastos rápidamente.

Desde clase, como en casa. Foto por Carmen Blanco

A este trabajo le agradezco los amigos que tengo ahora. Los padres de mi primer grupo de bebés son mis amigos a día de hoy, sus hijos continúan aquí después de 10 años… Desde 2010 estamos en la misma calle, nos hemos cambiado de local a uno más grande. Este nuevo también se ha llenado, pero no puedo más y ¿para qué más?

¿Cómo se comunica con los bebés?

A través de un lenguaje de signos bastante intuitivo, los bebés quieren comunicarse, pero sus cuerdas vocales no están preparadas, si le damos herramientas ellos las utilizan. Por ejemplo, les enseñamos que el gesto ‘más’ se hace juntando las dos manos, en la práctica hacemos pompas de jabón y preguntamos: ¿more? (más), ellos juntan sus manos y hacen el gesto ‘more, more’. Es flipante, los padres se quedan alucinados. Para muchos es su rato para estar con su bebé, a causa del trabajo y la vida que llevamos no siempre podemos dedicar el tiempo que deseamos a nuestro hijo, pues aquí vienen y se tiran al suelo con sus bebés, es muy divertido.

¿Había plan B?

Las burbujas uno de los momentos preferidos de los alumnos. Foto por Carmen Blanco

El plan b era ir a Polonia, Edu abrir un restaurante de paellas y yo dar clases de español.

Conciliación familiar y trabajo

¿Cómo conciliaba trabajo y maternidad?

Mis dos hijas mayores estaban conmigo en el negocio, una al pecho y la más grande de 3 años jugando alrededor. Se me daba el caso que venía un padre y de repente tenía que ayudar a ir al baño a un niño pequeño, pues dejaba al cliente con mi hija en brazos un momento y me iba, la gente se quedaba sorprendida. Se me iba por completo y después pensaba: este padre querrá irse a su casa. Ahora somos 7 personas conmigo en la academia. Tengo una niñera que es estupenda.

Lo más duro era cuando hacía la formación de Helen Doron y me tenía que separar de mi bebé que no tenía ni un año.

Covid y empresa

¿Ha afectado el coronavirus al negocio?

Se ha notada ha bajado el número de alumnos, habrá bajado como un 10%, hay quien tiene miedo y quien le ha afectado porque ha perdido su trabajo, pero estamos bien. La cosa está fatal para la hostelería, por ejemplo, miro los bares de mis vecinos y a veces abren por abrir. 

Volver a casa por Navidad

Ahora que se acercan unas fechas familiares ¿cómo celebran la Navidad?

La familia que me queda en mi país es una tía materna y mi hermano. Nunca hemos celebrado la Navidad aquí a cambio de pasar todo el año en España es lo que le pido a mi marido. Encuentro bastante cambio en la forma de celebrar las fiestas, en Polonia hay comida típica y sabores propios de esta época. Con suerte a veces también cae la nieve y es precioso. Toda la familia está encantada por ir, las niñas lo asocian con la época de vacaciones, tienen sus amigas y Edu también. Él es muy deportista, nada por los lagos de alrededor en verano así ha conocido gente.

¿Qué le gusta más de vivir en Roquetas?

Me gusta que puedo disfrutar de salir a pasear con mis hijas, ir a la sierra en menos de media hora, todas estas horas de luz maravillosa. Estoy tan contenta de estar aquí y no pido nada más, solo salud, porque tengo ahí detrás la enfermedad de mis padres

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El niño que recorrió más de 2500km a pie…

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A los 9 años partió de un pequeño pueblo de México, Tepic en Nayarit, con destino a EEUU. 2543km a pie a través de las frías montañas, como equipaje la bendición de su madre, María, a quien no volvería a ver hasta pasados 16 años. Eran los 80, apenas una carta, una llamada de vez en cuando como contacto. Hoy Jorge Ramos tiene 49 años e instalado en Roquetas de Mar puede presumir de haber fundado el primer restaurante mexicano del pueblo, La Lupita, además de sus buenas referencias en TripAdvisor.

¿Es cuestión de coraje o necesidad cruzar una frontera y enfrentarse a una realidad totalmente distinta?

Un poco de las dos. Vengo de un barrio pobre de Tepic en el distrito de Nayarit, empecé a trabajar de muy niño limpiando las botas de los borrachos en las cantinas y bares. Cuando me las ganaba por las ferias de los pueblos en la parrilla de un puesto de comida mi amigo Ito de mi misma edad me ofreció salir a EEUU.

Fue el coraje por querer progresar y salir adelante, tenía 9 años, he pasado tantas cosas y vivido tanto que un niño no debería haber vivido. Durante la travesía a pie hasta Inglewood íbamos un grupo de 12 hombres y durante dos días nos dejaron tirados en mitad de la nada, hacía mucho frío, estaba nevado…

Al llegar a los Estados Unidos nos recibió un cuñado de Ito, Jesús. Este hombre nos ayudó a cruzar la frontera y nos dio casa. Su misma casa era un taller mecánico y nosotros le echábamos una mano para comer. Hizo de referente para mí, intentó que fuera al colegio, pero se necesitaban tantos papales que era imposible. Me escolaricé en San José, California, cuando viví con mi hermano Roberto. Tenía 13 años y allí empecé a interesarme por la cocina.

Somos 9 hermanos y todos salimos cocineros excepto uno que es albañil, nos viene de mi madre.

Distancia que separa Tepic de Inglewood

El padre de Ramos se desentendió de la familia cuando él tenía 5 años y era su madre quien sacaba sola a los hijos, salía a la mañana temprano y regresaba tarde. Una vecina, Doña Gloria, fue como una segunda madre para ellos, “aunque por desgracia también se nos fue. Nos apoyó mucho y nos sacó adelante, a pesar de que ella tenía 4 hijos”, dice Ramos.

Como me decía era un barrio desfavorecido, entonces ¿se ayudaban los unos a los otros?

Había quien sí, había quien no. En nuestra situación un tío materno también se preocupó por nosotros, su forma de cargarnos era a latigazos, era una forma muy triste, pero era la educación del momento, le agarramos un poco de odio de pequeños. A día de hoy no le guardo rencor ni nada a mi tío que en paz descanse. Me ayudó, trabajé mucho con él de peón de albañil.

¿Se ha podido reencontrar con toda su familia?

Estuvimos a punto hace 4 años, nos juntamos los 8, solo faltó un hermano que está tramitando sus papeles en los Estados Unidos y se arriesgaba a perderlo todo. En USA es más complicado que en España, allí debes pasar muchos exámenes. Además, no tienes el mismo idioma, te cuesta más trabajo adaptarte.

Altar de muertos en honor al padre de ella, Alexandru Erdodi y al padre de él, Guadalupe Ramos. Foto por Carmen Blanco

Recuerdo una vez cuando llegué a América y estaba en la parada del bus, la gente me daba conversación yo solo contestaba: “ajá, ajá” y cuando se daban cuenta que no entendía nada pues ya me llamaban: ‘tonto, estúpido’ y de todo.

Ramos vino a España por amor. En California conoció a la que sería su primera mujer y se trasladaron a Arroyo de la Miel, Málaga, pero la relación no fue demasiado bien. En ese momento el protagonista de la historia pensaba que no se adaptaría a nuestro país, echaba de menos algo tan sencillo y propio de cada cultura como es la gastronomía. Terrible decepción cuando lo invitaron a comer tortilla y era una tortilla de papas en lugar de una de maíz tan común en México. Pero encontró su sitio en el restaurante mexicano El Paso (Fuengirola) y a su medio hermano, José Prisiliano. Al fin y al cabo no es el lugar si no las personas que lo componen quienes nos hacen echar raíces.

A partir de ese momento comenzó a involucrarse más en la vida del pueblo, la cocina, la restauración a través de fusiones culinarias mexico-indúes que en Málaga funcionan muy bien.

Una curiosidad de este cocinero es que en su restaurante cocinó junto a Salma Hayek. Su compatriota requirió de su ayuda durante el rodaje de ‘Molly‘ en Almería hace un par de años. Ramos incluso apareció en el set porque la mexicana necesitaba un rostro auténtico. Durante ese día el hostelero no puedo tomar fotos, pero recuerda que lo primero que hizo la actriz fue darle un abrazo. «Una mujer encantadora», dice Ramos. Días más tarde Salma Hayek posteó en su Instagram una foto en el altar del restaurante que fue imitada viralmente.

Tacos variados de La Lupita. Foto por Carmen Blanco

La propuesta de unos empresarios chinos trajo al emprendedor hasta el Pasaje Auditorio de Roquetas de Mar hace 8 años y desde entonces allí se instala La Lupita. El primer año fue duro y el negocio no alcanzó las expectativas de los socios asiáticos, así que Ramos siguió solo al frente, pero con el apoyo incondicional de alguien que acabaría siendo una buena razón para quedarse. Hablamos de María Erdodi, su actual pareja y madre de dos de sus hijos.

Los pequeños suelen estar por el restaurante, Ramos va a recoger del colegio, el Kínder como lo llaman allá, a la hija mayor mientras Erdodi se queda a cargo del negocio y el pequeño duerme en el carricoche. A veces las calles de Roquetas no están tan lejos de Brooklyn.

Erdodi y Ramos, una pareja rumexiñola. Foto por Carmen Blanco

María Erdodi vino de Rumania a pasar unas vacaciones en El Ejido hace 15 años y se quedó en Roquetas. Auténtica apasionada de la comida mexicana, “Cuando hemos ido a México a ver a la familia ella se metía en la cocina y se interesaba por los ingredientes, la elaboración…”, dice el empresario.  

Capear la Crisis del Covid 19

Una reforma en enero y reapertura para el 14 de febrero, Día del Amor y la Amistad, todo iba viento en popa, pero el coronavirus frenó el negocio. Tuvieron que despedir a los camareros porque no podían mantenerlos, ni los empleados podían subsistir a media jornada. Así Erdodi y Ramos están volcados en le mesón, dentro y fuera de la cocina, sirven tragos y preparan tacos.

Emprender en un país extranjero

¿Cuáles son las claves para ser un emprendedor en una tierra extranjera?

La adaptación a la clientela, al público, saber llevarse bien, siempre tener una sonrisa, explicar al cliente la cultura de la comida mexicana. El picante está adaptado, cuando abrí ponía bien de picante a todo, pero con el tiempo está suave y hay una salsa en cada mesa para quien guste el picante que la utilice, esa fue la fórmula para que la gente quedara satisfecha. Tenemos clientela fiel desde que abrimos hace 8 años.

Nachos de La Lupita. Foto por Carmen Blanco

¿Cuáles son sus platos estrella?

Las fajitas, los burritos, incluso los tamales, pero estos últimos por encargo.

¿Qué le gusta más de vivir en Roquetas?

La tranquilidad, la manera de saber que estás arropado por tus amigos, los vecinos, todos los que tenemos negocio aquí nos apoyamos, me siento a gusto. En comparación con la situación este es un pueblo pequeño, te ves con toda la gente, te saludan.

Aunque corran malos tiempos siempre te tenderán una mano

“Estamos teniendo mucha ayuda de nuestra casera y del dueño del local donde está el restaurante, ambos nos han bajado la cuota, por la situación que estamos viviendo. Ese dinero lo podemos reportar en el negocio y la verdad que se nota”, dice el hostelero. Los caseros viven en Alemania y cuando empezó el confinamiento le dieron las buenas nuevas por email. 

El dueño del local donde se instala La Lupita, es español, y siempre que viene de vacaciones se pasa por el restaurante a disfrutar de su comida. «Es como familia», dice Ramos.