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Los mejores mojitos de Cuba están en El Ejido

Jacqueline es el Cubanito y el Cubanito es Jacqueline Prepara los mejores moijtos de Almería, llevó al Poli Ejido cuando subió a segunda división en un antiguo galeón desde Almerimar a Balerma, aprendió a caminar de nuevos a los 51 años. Se crió en una humilde casa de madera al otro lado del Atlántico y por amor llegó a esta tierra. Jaqueline se instaló hace 27 años a El Ejido y se quedó para dejar su legado, para traer una parte de Cuba a Almería. El Cubanito, es su negocio y ella es el Cubanito.   Una mujer con las manos curtidas, la mirada fuerte y la narrativa elocuente. Se ríe y junta las manos dando una palmada, una de sus dos hijas se acerca: “Mamá cuéntale cómo conociste a Gonzalo”. Poco a poco comienza su relato son 53 años de trabajo duro, sin amedrentarse, atenta a cómo hacían crecer su economía los clientes que la impulsaban a ser más grande. La historia empieza a desgranarse a sus primeros veinte, Jacqueline trabajaba en un barco como animadora en la tierra que la vio nacer, allí conoció a Gonzalo Mere Rodríguez, un asturiano por quien cambiaría el curso de su vida. Quedó embaraza a los 16 años y a los 18 tuvo a su segunda hija partía el pan para que lo comieran sus retoños. Desde entonces prescinde de este alimento aunque pueda permitirse esos perfumes que te impregnan en el primer contacto. No pierde detalle en saludar o cuidar que los clientes sean atendidos a nivel de excelencia.  “Yo vivía en una casa de madera con mis abuelos, no quería que Gonzalo supiera dónde, pero él se enteró y un día se presentó en mi casa. Él quería vivir en cuba y conocer cómo vivían los cubanos en un tiempo donde un dólar americano valía 120 pesos. Pero la policía de Guanabacoa me vino a buscar porque yo andaba con extranjeros y el Gobierno no lo permitía. Gonzalo tuvo que marcharse a España y la gente me decía: no va a volver a por ti y además con dos niñas, ese no viene, pero volvió”. Sentada en una mesa en la terraza de la calle Olimpiadas desvela su historia con mimo, cuajada de emociones, con las pausas que interrogan un silencio. “Cuando mi marido me fue a buscar a Cuba yo tenía que tener muchos procesos: solvencia económica de la persona que me traía para que no fuera una carga para el Estado, un domicilio para que me dieran el visado, la boca totalmente arreglada, no es como ahora. Nunca había salido de Cuba fue la primera vez, llegué hasta Asturias pero aquella lluvia me dio un bajón de ánimo… Me quería ir. Un cuñado que veraneaba aquí, en el Camping Mar Azul, que estaba en Almerimar nos recomendó esta parte por temas de clima. Lo dejamos todo y vinimos hasta Almería con una mano delante y otra detrás a probar suerte”, dice la experta coctelera.   “Empezamos a trabajar en el Camping, el dueño, Pepe Collado, nos dio un bungalow para vivir allí. Yo lloraba todos los días porque echaba tanto de menos a mis hijas, tardé un año en regresar a por ellas. En aquel tiempo tenía tres trabajaos; en el camping, lavando para Collado y limpiando para otra familia de El Ejido”, sostiene las manos firmes, una sujeta a otra en un gesto de autoconsuelo, como quien mira atrás para coger fuerzas.  “En una ocasión me cogieron por la cintura y me colgaron para que limpiara las ventanas. Ves estos deditos, pues pintaron las juntas de las losas de una casa de 150 metros cuadrados, me caían las lágrimas como puños. Pepe Collado vio materia en mí y me dijo que era una mujer emprendedora y podía salir adelante, me recomendó que estudiara y no me estancara”.  Y Jacqueline dio un paso adelante siguiendo los consejos de su mentor. El restaurante Saracagua fue su escuela, la dueña reconoció la necesidad de una joven madre que ni sabía llevar una bandeja, pero tenía que alimentar a sus hijas, la abrazó y de esta forma le dio la bienvenida al gremio. La mujer recoge sus brazos y rememora aquel gesto cómplice que hoy todavía la conmueve. La hostelera nombra a su marido una vez más como uno de los impulsores a su carrera. A finales de los 90 y con el apoyo económico de Juan Rodríguez, quien fuera un padre para la empresaria, llegó el Cubanito al puerto de Almerimar. Las fotos del menú de aquel bar están sobre la mesa, y un álbum con los recuerdos de los felices años vividos en aquellas paredes escritas de buenos deseos de sus clientes. Una mezcla de nostalgia, anhelo y orgullo en el buen hacer que todavía vibran en los ojos de la latina. “La gente se volvía loca con mi ropa vieja”, sonríe Jacqueline y pasa otra foto.  “Niña yo vendía los cubatas a 200 pesetas fíjate que me acuerdo más de las pesetas que de los euros. Aquello fue una locura Francisco Fornieles fue mi socio y montamos dos pubs más: Temple bar y el Rinconcito Cubano. A pero espérate que había un Galeón en el puerto de Almerimar que era de unos noruegos o suizos, una réplica del siglo XVIII y me propusieron que hicieran lo miso que hacía en Cuba. Allá que me fui a hablar con los dueños y conseguí que Habana Club me patrocinara el barco, dos años duró la aventura llevaba un ritmo de vida que no era vida. Porque para que un negocio funcione tú tienes que estar ahí”.  “La primera vez que salió el barco era con la despedida de soltero de Miguel, el dueño de Banghoh y Maná de aquí de El Ejido. Todos salieron en el galeón tan contentos y me llama el capitán diciendo que volvía vacío porque se habían mareado. Tuvieron que ir las novias y los amigos a por ellos”, Jacqueline se parte de risa al

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Cuando los dulces proporcionan ayuda humanitaria a la guerra de Ucrania

Mi vecina, Diana Soldijar, tuvo la idea de llevar cestas de dulce y «Detalles que enamoran» por encargo como respiro emocional durante el primer periodo de apertura después de la cuarentena. Su local en Roquetas de Mar recoge enseres de primera necesidad para los afectados por la guerra de Ucrania. Toda la familia de Valeriia vive en un pequeño pueblo que ha sido bombardeado a 6 minutos de la frontera con Rusia.   “La realidad es que el ejército ruso dispara a civiles, no importa que sean niños, discapacitados, ancianos, les disparan. La comida está faltando porque los camiones no pueden suministrar de una ciudad a otra, la gente no puede salir por la calle porque les disparan, disparan a los coches de los civiles”, dice la chica ucraniana y su manicura verde hace presencia en el gesto de nerviosismo que junta sus dedos. Desde la resistencia la familia de Valeriia quien regenta una tienda de piezas de coches suministra aceite, piezas, etc a los militares ucranianos. El local está cerrado desde que el pasado 24 de febrero empezara la ocupación rusa. A pesar de que Lebedyn es una ciudad pequeña, unos 24.000 habitantes, se encuentra a solo 6 minutos de la frontera del gigante exsoviético. “No todos los rusos son malos, algunos soldados han comprado en la tienda del pueblo y han pagado, pero no sé”, dice la joven de 23 años antes de volver a sumirse en sus más profundos pesares. Valeriia Hulak y Diana Boldijar son propietarias de la tienda ‘Detalles que enamoran’ rodeadas de chocolatinas, globos y una atmósfera rosa que cautiva han organizado una campaña para llevar ayuda humanitaria a Ucrania. En la trastienda se acumulan los paquetes de solidaridad, comida, medicamentos, mantas e inclusos juguetes para los niños. “No son primera necesidad pero también hacen falta”, añade la filóloga ucraniana. El proyectó que empezó Diana hace dos años con la clara vocación humanista de llevar alegría a los hogares cuando las familias no se podían reunir, los amigos no podían verse… «Lo hacía solo por ver la felicidad de la gente porque a veces no ganaba para la gasolina», dice la contable que llegó junto a sus padres desde Rumanía cuando solo era una niña de 8 años. Antes de llegar a la treintena se ha embarcado en el carro del emprendimiento y aunque todavía compagina sus dos trabajos espera vivir de su negocio. Durante aquellos primeros años apenas eran 1 ó 2 niños o niñas de fuera en el colegio y por supuesto que Diana lo pasó mal, lo que no le impidió seguir adelante cursar estudios superiores y ser una emprendedora. Ella y su cuñada Valeriia están al frente de un negocio lleno de azúcar y color. La ucraniana se enamoró del hermano de Diana, Paul Boldijar, durante su Erasmus en la Universidad de Almería y a pesar de la situación, la chica sonríe debajo de la mascarilla cuando muestras su anillo de compromiso.  ‘Detalles que enamoran’ es un negocio de carácter familiar, todas las manos son necesarias, el padre de Diana pasa un momento mientras charlamos y le dice algo en español a su hija. Entonces sorprendida pregunto: «¿habláis en español?», ella sonríe y contesta: «claro por respeto, estás tú aquí». Puedo deciros que estas mujeres tiene toda mi admiración solo por su forma de enfrentar la vida, solo por las palabras de Diana «los propios golpes de la vida te hacen levantarte» y solo por la entereza de Valeriia que a pesar de tener el mar en los ojos al hablar de su familia me ha dedicado su tiempo con todo el agrado que mi interés le despertó.  

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“Conocí el término tercermundista cuando llegué a España”, dice la venezolana Pierina Inciarte

El desafío de la hoja en blanco, el reto de poner en palabras imágenes y emociones, el precipicio de asomarte a la vida de otro y verte. Pierina y yo hemos nacido a 7 años y un océano de distancia, el contexto sociocultural en el cual crecimos ha sido diferente, sin embargo la carencia nos une. Todos esos mantras limitantes que te llevan a conformarte porque no mereces más, no mereces una relación de pareja sana, no mereces un sueldo digno, no mereces lo bueno que te pase en la vida.  “Hace 4 años que vine a España para mí era algo impensable, como un quiero ser princesa” expresa la venezolana a la vez que sonríe cuando recuerda la sorpresa y el impacto en cuanto al choque cultural. ¿Qué puedes disfrutar en España que en Venezuela era impensable para ti? El comerme una fruta y saber que me la puedo permitir, que puedo ganar un sueldo y pagar mi alquiler, mi comida, que la inflación no se va a disparar.  He sido muy pobre y he vivido con esa carencia, te queda como un trauma de que eres egoísta si te permites un lujo, porque el lujo te lo das tú en lugar de mandar ese dinero a la familia, no te sientes merecedor de eso. Es algo con lo que a día de hoy lucho, pienso si subir una foto en las redes sociales porque mi madre no lo puede disfrutar.  Mira su café y dice: “antes no disfrutaba de tomarte un café con una galleta porque tenía que preocuparme por qué iba a comer en la noche. Hay una anécdota que siempre cuento y no mucha gente me la cree, cuando era pequeña mi padre me puso caucho de los neumáticos en los zapatos, porque no tenía zapatos” y exhala una de esas risas que vienen a decir: puta vida. Pierina Inciarte es originaria del estado de Zulia donde su población vive con 2157 dólares al año. Los venezolanos encabezan la lista por abajo de los a países con mejor nivel de vida del mundo. En esta situación salir del territorio es muy difícil, por lo costoso de los billetes, casi el sueldo de un año de trabajo. Pero con mucho esfuerzo y trabajo duro en Colombia, Pierina consiguió el estatus de refugiada política y pagar los pasajes para ella y su hijo pequeño, Milán.  ¿Cómo conseguiste el asilo político? Es una oportunidad que me dio el padre de mi hijo quien había sido militante de la oposición política durante su época universitaria y nos puso en su asilo a Milán y a mí. Al principio uno se cierra porque no acepta que está en otro país, estoy sola en España, no tengo a mi familia y hay momentos…  Es curioso, dice y, agarra una mano con otra mientras se mira los dedos, “conocí el término tercermundista cuando llegué a España. Aquí somos más abiertos a la diversidad de género, el respeto a la personas, los niños, me siento más identificado con esta mentalidad. De donde vengo el hombre tiene que mantener todo, la mujer solo plancha, cocina… Defiendo la igualdad entre hombres y mujeres, pero no voy a buscar un compañero de piso, sino un hombre que me apoye”.  Viví una relación muy tormentosa con el padre de mi hijo fue mi primer novio, desde los 15 años. Una siempre piensa que la situación va a mejorar, los latinos tenemos esa educación de que hay que aguantar por la familia, pero llegué a pesar 35kg, tenía anorexia, parecía la hermanita de Milán. Ahora lo pienso y no sé, estaba ciega de amor por ese hombre.  ¿Cómo conseguiste salir de esa situación tan dañina? Con palabras sencillas, Milán me decía: ‘mamá no estés triste’, él tenía 3 años. Después de la cuarentena di un paso adelante aunque tenía mucho miedo. El miedo es lo peor, no te permite avanzar, tenía miedo a fracasar a volver a casa de mi ex con el rabo entre las piernas como un perrito, tenía miedo a no poder hacer frente al alquiler… ¿Qué le dirías a alguien que estuviera en tu situación? No le diría nada, porque nosotros necesitamos sentir ese dolor tan grande para poder soltar.  Y así fue que un día mientras me hacía la manicura conocí a una referente. La mujer que tenía delante me dio una lección de vida difícil de olvidar.  Pierina trabaja en el salón de peluquería y estética California Colours de Roquetas de Mar, sus pulgares no tienen hueso, pero jamás ha ido al psicólogo por sus dedos, ella dice: “está en uno mismo saber que puedes hacer todo”.  Tenía 20 años cuando llegó a su segunda casa y no sabía ni lo que era Cruz Roja, o el Instituto de la Mujer, pero trabajó muy duro, jornadas laborales ilegales e interminables  por su situación irregular y de necesidad. Pierina asegura que de esta forma aprendió a valorar el trabajo, a ser muda, sorda y ciega para los clientes y la excelencia en la manicura.  Como madre aplica el método Montessori, así que no importa si Milán lleva las botas de fútbol del revés, es su aprendizaje. Su cara se ilumina cuando habla del pequeño, ese niño tan empático y cariñoso por el que sacrificó los estudios universitarios, las salidas a la discoteca con las amigas, por quien lucha para que viva sin carencias con una autoestima sana y fuerte.  Share on facebook Share on twitter Share on whatsapp

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La musa suiza de Cantón Checa y su hija, vanguardia en la alfarería nijareña

Vinimos por oro y hemos encontrado tanzanita… La musa de Cantón Checa y Jesús de Perceval se llama Sophie Cuendet, es alfarera y junto a su hija, Chloé, llevan el ‘Atelier’ de Níjar, un espacio dedicado al arte multidisciplinar con gran peso en el barro. En los años 70 la pareja formada por Sophié y Juan llegó a Almería, se instaló en La Chanca donde compartieron como los gitanos, con los gitanos, en aquel barrio humilde que les ensanchó el alma. La suiza no dudó en echarse al torno de la Escuela de Artes de Almería cuando flaqueaba el oficio y pareciera que aquello fuera a desaparcar, desde entonces guarda un estrecho vínculo con la institución. ¿Sophie cómo encontrasteis esta parte del mundo? Por casualidad, (contesta con una amplia sonrisa), compramos un dos caballos, dimos la vuelta a toda la península pasando por Portugal. Buscaba un lugar donde se hiciera la cerámica de una forma más tradicional con horno de leña, torno de pie… Y me hablaron de Níjar, nunca me dejaron trabajar en un taller porque la mujer al torno no. Así que Juan me construyó un torno de pie y todo lo hacíamos manual. Cuando llegamos en 1972, un holandés y una suiza todo era muy diferente, los cortijos a nuestro alrededor cultivaban, tenían sus animales, había parra, donde había parra ahora hay invernadero. Si hubiera visto en que se iba a convertir en el futuro no sé si me hubiera quedado aquí. Pero nosotros tenemos la suerte de tener el cortijo en el Parque Natural, en un paraíso. Menos mal. Así conocí a una de las musas del movimiento indaliano que hizo de Almería su casa, por el acogimiento de sus gentes, el cariño, el respeto. Sophié encontró su lugar en el círculo intelectual de la época y a día de hoy se emociona al ver la exposición de ‘La Chanca’ de Pérez Siquier en la Diputación de Almería, su primera casa. Sophie se crió en Suiza en el taller de su padre, era un artista multidisciplinar. Más tarde estudió en la escuela de artes y oficios por la especialidad de cerámica. Cuando llegaron a Níjar propusieron un tipo de cerámica artística y de alta temperatura, empleaban esmaltes y materiales diferentes a la alfarería utilitaria típica de esta zona. Juan y Sophie compraron un cortijo en ruinas, cuatro piedras que levantaron con sus propias manos del dinero que obtenían de trabajar en Suiza por temporadas. En los 80 tu trabajo era muy diferente a la cerámica utilitaria de la zona: A día de hoy sigue pareciendo algo raro, nuestra cerámica es para exposiciones y la vendemos fuera. La pregunta es ¿esto para qué? Si no tiene utilidad. Vendemos en los mercadillos de San José porque por allí pasa mucha gente. Cuando pongo un pie en el Ateilier me abruma: “Cuando los niños entran en el Atelier se quedan siempre callados”, dice Sophie con una sonrisa amplia, su trenza plateada y su ligero acento circunflejo la sitúan en un lugar lejano a Almería aparentemente, pero ya sabemos qué dicen de las apariencias. La galería ‘L’Atelier de Níjar’ es de fachada blanca encalada, tradicional, pero a través de su puerta se accede al universo propio de las artesanas. El “Bolón”, como lo llama Chloé, su creadora, es una gran urna de barro tamaño júpiter, un primer punto de fuga que se disipa con los móviles del techo. Los elementos revolotean colgados de las altas vigas de madera y enredan mi atención como en una tela de araña que me mece mimosa. ¿Qué representa esta escultura Sophié? Pues son dos mujeres que se cuentan cosas, dos confidentes. La obra es una silla deconstruida, un objeto utilitario reconvertido en representativo, donde dos figuras pequeñas se presentan en la actitud que explica la artesana. Es la primera sala después del hall, un espacio entre espacios, cuadrado con una tenue iluminación. Da paso a una amplia sala de exposición donde las obras de diferentes artistas ocupan su lugar y toman su protagonismo. El primer espacio funciona como distribuidor, desde aquí se accede al taller y a dos salas de exposiciones, una pequeña que alumbra a otra más grande, una sala que hace de museo contemporáneo multidisciplinar y colectivo. Tres veces al año cambian las piezas en torno a una temática en esta ocasión los Haikus ilustrados. Y por el taller andaba Chloé absorta en la música y las cajas cuando la sorprendí. “¡Ay que susto, perdona con la música no te había escuchado!”, dice la artesana. El taller es un espacio pequeño perfectamente ordenado, de esta forma facilita el trabajo cuando madre e hija están mano a mano y contaminándose la una a la otra, muchas de sus obras son conjuntas. En una de las paredes hay piezas coquetas que presumen de pertenecer a la familia, por amor no pueden desprenderse de ellas. Sobre la mesa el caballo de Chloé una pieza de exquisitez renacentista, todavía está en crudo, su piel es gris marmórea y brilla después de un mes de bruñido, pulir y pulir hasta dejarse las muñecas, para conseguir ese efecto luz sobre el barro. Chloé te conocí hace unos años en el espacio Camping Gas y hacías abejas y universos diminutos: Sí, estuve seis meses en cama, solo podía hacer cosas muy pequeñas, manejaba el barro con lo que me daba los dedos porque sentía mucho dolor, me dolía el roce de la piel incluso, así que cuando pasó todo dije ahora voy a hacer algo enorme. Empecé con las cajas, me llaman mucho la atención porque tenemos un instinto de abrir para ver qué hay, era aportar la parte utilitaria a la escultura. La escultura está encima de la mesa y es como un caballo jerezano al paso, lleva la cabeza recogida, tiene los ojos almendrados y vivos. ¿Cómo hiciste esta pieza? Todo está hecho completamente a mano, cogí 4 pellas de barro las puse en la mesa, le dí de ostias… Su cabeza está en esta posición

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El blanqueador que captura amaneceres

Ver romper el día, llevar el pan a la casa, hacer una familia con muchos perros. Contemplar el horizonte en tus progenitores y honrar tu existencia propia a través de la recompensa que aporta el esfuerzo y el trabajo que uno mismo realiza. Esta es la descripción más escueta de los valores que Todor Veselinov Nachev me ha trasmitido.  El muchacho llegó a Vícar cuando tenía 6 años recuerda que eran las fiestas del pueblo. Aunque  de aquellos primeros días solo albergue recuerdos lejanos queda el rescoldo de haberlo dejado todo atrás. Sus padres Luz y Veselin trasladaron su hogar desde Bulgaria a España a principios del siglo XXI, se asentaron en el corazón del poniente y hoy cultivan su propia tierra.  Entre los sueños y anhelos que podemos permitirnos el muchacho guarda un gusto exquisito por la fotografía, algún cuaderno de rimas y la complexión de haber recorrido el pavimento entre saltos y mortales. Desde hace un mes paga su propia cuota de autónomo y dice: “no era mi primer pensamiento dedicarme a blanquear y limpiar invernaderos, aunque es algo que tengo presente. Siempre veo cosas que no ve nadie más durante mi trabajo, para bien casi siempre” y Todor rompe a reír.  ¿Qué te gusta de trabajar en el campo? “El merecerme mi pan”, contesta después de meditar la respuesta y continúa brevemente cuando ve mi cara de que suelte algo más. No sé si será cultural o cosa de familia, pero los hombres Nachev usan pocas y precisas palabras como quien considera que la lengua es un bien escaso.  “El pensamiento de despertarme por la mañana y cuidar de lo mío, de mi tierra, de mis cosas. En general el poder dedicar el tiempo que yo decida a cada cosa sabiendo lo que hay, que cada día es esfuerzo constante, un nuevo reto. Lo que más me gusta es que con la agricultura eres dueño de tu destino, si trabajas tienes y, si no trabajas, no. Las decisiones que tomas te hacen dueño de tu destino”, sentencia el búlgaro. ¿Sientes que ya eres dueño de tu destino con tu empresa? Bueno y antes también. Te pondré un ejemplo hay personas que se despiertan por la mañana y dedican un tiempo al negocio para después volver a su vida. Esto es lo que me gusta que se pueda dar el que pueda hacer cosas por mí. El sueño es poder tener tiempo para mi trabajo y familia. Todor vive con su pareja y dos perros cerca de la casa de sus padres, como para no perder el calor de los suyos. A pocos minutos, la nave que lleva la familia con un invernadero donde hay plantadas habichuelas, un corral con gallinas y un cortijo donde guarda todos los aperos necesarios para su trabajo; blanquear y limpiar invernaderos.  Después de ahorrar un tiempo y con el buena hacer de su familia ha comprado un camión cuya puesta apunto les llevó un mes de trabajo al muchacho y su padre. Ahora con todo el equipamiento a bordo de su Ebro viene dispuesto a trabajar por lo suyo. Aunque es joven trabaja desde los 17 años como blanqueador, durante estos años tuvo tiempo para sopesar que quería dirigir su propio negocio.  Para mí siempre será el hermano pequeño de mi amiga Mariyana aunque ya sea un hombre que trabaja como un burro. Mis buenos augurios están contigo pequeño saltamontes, camina y deja tus huellas de Blanco España por toda Almería.  Share on facebook Share on twitter Share on whatsapp

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La energía solar de Almería para el mundo por Michael Geyer

Los Geyer nacieron con la actitud verde, la conciencia por el clima y el entorno. A la pregunta: ¿la energía renovable puede hacer un mundo más justo? Un certero “sí” como respuesta. La convicción de Michael no admite dudas. “Me preocupa que actualmente en España parecen más interesados por el corte de pelo de Pablo Iglesias que por una política verde”, el ingeniero alemán habla con la experiencia de 40 años en renovables y miles de megavatios instalados en los 5 continentes. Anke y Michael Geyer se conocieron el primer año de Universidad de Tübingen, en la Alemania ‘libre’, cuando eran unos jóvenes en los incipientes 70. El ingeniero llevaba un Land Rover enorme de segunda mano y el coche de la geóloga se había quedado sin batería.  “Hacía frío y lo invité a tomar un té, hablamos y hablamos y se hizo de noche, ya no podíamos sacar el coche. Entonces le dije: ¡Bueno, pues mañana! Y así pasó una semana hasta que por fin sacamos el coche”, Aki, como la conocemos en España, mira a su marido Michael y los dos rompen a reír. Desde su lugar hegemónico de la mesa del porche la matriarca Geyer finaliza: “después me invitó a una paella y…”, levanta las manos para escenificar que todo estaba hecho y concluye: “al año siguiente nos fuimos a vivir juntos y desde entonces”. A finales de los setenta la pareja pasó un año académico en la Universidad de Oregón, su paso por los Estados Unidos le permitió tener contacto con una rudimentaria energía solar californiana y con los primeros microprocesadores Intel. Ahí fue donde despertó la inquietud de Michael. La Guerra de Yom Kippur en 1973 provocó la primera gran crisis del petróleo disparando precios e inversión en renovables de hecho impulsó la construcción de la primera Planta Solar del mundo en Tabernas. “Recuerdo que hasta cerraron las autovías en Alemania”, explica Anke. La subida del petróleo y la inversión en renovables han ido de la mano. Dibujan una curva ascendente y descendente que ha supuesto un desafío constante para el desarrollo de las renovables en todo el mundo. La pareja conoció Almería a principios de los ochenta, se quedaron a dormir en las casas de los mineros que entonces alquilaban en Rodalquilar lo que no esperaban era instalarse en Aguadulce unos años después. “En el 1982, hubo una campaña de medidas y un amigo me animó a venir a Almería, a Aguadulce, porque yo sabía español. Vinimos de vacaciones tres semanas. Fue la primera vez que vi la planta solar de Tabernas y quedé fascinado». “Cuando llegamos a principios de los 80 esto era África, no había teléfono, no había autovía”, Anke se ríe cuando escucha a su marido y continúa: “en Aguadulce apenas había nada, llamaba a mi madre por una cabina de teléfono, no quería vivir en estas condiciones, además no hablaba nada de español”. ¿España puede sacar pecho con la energía solar? Sí, absolutamente. Las empresas constructoras españolas sí que les vieron el potencial y asumieron el riesgo de las primeras plantas y convirtieron todo esto en un enorme éxito. De ahí es que la energía termosolar, después de haber nacido en Estados Unidos, fueron reanimadas y desarrolladas en España. De Andalucía se llevó a todo el mundo. El centro de experimentación de Tabernas sembró las bases académicas que pondrían en marcha en la planta de Guadix de 50Mw que puede suministrar a 103.000 familias.   La lucha ha sido constante, porque había varias crisis del petróleo y los accidentes nucleares de Chernobyl y Fukushima…  La dedicación política de las energías renovables en aquellos años, cuando nadie tenía conciencia de las emisiones del CO2, solamente iba en competitividad con el precio de los carburantes fósiles, el petróleo. Yo diría que hasta el 2010 no empezó una verdadera concienciación por el CO2, no estaba en primer plano. Michael Geyer es un hombre de acción y pronto comenzó a aplicar todos los conocimientos que se experimentaban en Tabernas. “Habiendo visto el éxito de la compañía LUZ en Estados Unidos, decidí que teníamos que desarrollar una tecnología de cilindros parabólicos europea. En aquel entonces, nadie pensaba en startups ni en bolsa, era todo más idealista y quisimos hacer un opensource cilindro parabólico. En España, teníamos a Abengoa que era quién construía toda esta ingeniería”, dice el ingeniero. Actualmente, ¿qué papel está jugando España ante las energías renovables? Recuerdo que hubo un congreso de ministros el fatídico día del atentado de los trenes en Atocha, estábamos asustados porque pensábamos que el proyecto no saldría adelante, pero al final se aprobó el decreto-ley y dio luz verde a la construcción de todas las plantas. ¿Han sido los bancos muy reticentes a financiar proyectos de energía solar? ¿Todavía cuesta? En aquel entonces, el banco que más financiación puso fue el Banco Europeo de Inversión. Para minimizar el riesgo de los bancos, asumieron el riesgo de todas las garantías de estas plantas empresas de construcción como Abengoa, ACS Cobra, Acciona… Estas empresas dieron a los bancos garantías de que, si no funcionaban, se les devolvería el crédito, se quedarían con las plantas y las operarían.   Eso significaría que confiaban en los proyectos a ejecutar… Absolutamente porque, aunque el precio del petróleo varíe ellos sí apostaron por nosotros, vieron un futuro. El papel que jugó la plataforma solar de Tabernas fue que se probaron los primeros prototipos de la tecnología. Luego, en el cilindro parabólico y además se hizo el lazo experimental en Norteamérica eran pequeños pasos que sumaban. En el caso de las torres de Sevilla, Abengoa hizo toda su verificación y validación de tecnología… Fue la investigación española y las empresas andaluzas quienes cogieron un riesgo inicial. ¿Cuál fue el papel de Almería en el desarrollo de las renovables? Desde Almería, Abengoa Solar montó filiales repartidas por todo el mundo. Lograron construir la exitosa planta de Abu Dhabi, después vinieron Italia, Grecia, Chipre, India, China, Australia, Sudáfrica. “En estos principios, cuando ibas a un país como

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Ese guiri de la camisa de flores

Graeme Black es uno de esos extranjeros que se pasea por Almería en camisa hawaiana, su uniforme intraestacional. “Mi nombre era muy difícil de pronunciar para la gente de aquí, así que al final soy el guiri ese que va con camisas de flores”, dice el africano. Nacido en Zimbabwe en 1975 allí creció, se enamoró y trabajó hasta que la inflación superó los niveles estándares para formar una familia. Al nacer el primero de sus hijos, Graeme y Sarah -su mujer- decidieron que no podían confiar más en el país donde sus vidas se habían cruzado. Así, en el año 2001, siguieron el rastro de migas de sus antepasados y fueron conducidos hasta Londres. El horizonte en Zimbabue se planteaba difuso, la situación política era inestable, los 30 años de mandato de Mugabe habían deteriorado la economía y la inflación estaba por las nubes. “Cuando íbamos al supermercado los billetes los contaban al peso, un kilo equivalía a tanto más o menos”.  “Mi mujer Sara tiene la nacionalidad británica, así que fuimos a Londres para que yo la pudiera obtener. Allí nació mi segunda hija y el tercero en Roquetas de Mar, cada uno es de una parte”, Black sonríe al recordar a sus hijos. Los dos mayores ya cursan estudios superiores en Inglaterra, el padre sopesa la cultura de cada uno: “mi hijo mayor está bien adaptado, pero mi hija es más roquetera, ella se siente más cómoda en español. Cuando vinimos cursó la primeria en un colegio de las Marinas hasta que mi mujer comenzó a dar clases en St. George, entonces fueron a este colegio”. El sistema de estudios, así como la financiación, es diferente en el país sajón. Los alumnos reciben un préstamo del Estado que tendrán que devolverán poco a poco cuando cobren sus primeras nóminas. ¿Cómo fue que tomaron tierra y llegaron hasta Roquetas de Mar? Lo encontramos todo por Internet y en tres días lo teníamos gestionado. Queríamos vivir en un pueblo que no fuera muy grande, vimos en anuncio de una academia que se vendía en Las Marinas. Vinimos para ver el pueblo, nos gustó y dimos el ‘ok’. En 2006, cuando nos mudamos era muy divertido porque había gente de muchas nacionalidades diferentes. Daba clase a rusos, belgas… Había mucho intercambio cultural. Graeme siempre ha dado clases de inglés para extranjeros, “no tengo el CAP, no me interesa eso”. Estudió lengua inglesa aunque la ortodoxia no es su método. Contesta a las preguntas personales con el mismo entusiasmo que un niño al eterno: ‘¿cómo te ha ido el cole?’. “El sistema de estudios español y el británico son diferentes. El británico es más creativo de trabajar por proyectos su mantra actual es: ‘si puedes encontrarlo en Google no lo enseñes”. ¿Por qué cerraron la ‘Academia Comunicación’ de Las Marinas? Cuando Sara comenzó a dar clases en el colegio alguien tenía que quedarse con los niños, para entonces ya había nacido el más pequeño. Así que fue un tema de conciliación familiar para criar a nuestros hijos. Después de unos años de dar clases de inglés en diferentes colegios de la zona hasta que los polluelos fueran autosuficientes, al menos los dos los mayores, Graeme volvió a abrir su propia academia frente al Centro Comercial Mediterráneo. Fue en 2018. Esta vez un espacio grande, luminoso, con diferentes aulas y toda una filosofía de negocio y enseñanza. Aunque de los primeros años en Roquetas guarda un buen recuerdo. “Era muy divertido dar clases en Comunicación porque en aquella época en el pueblo había gente de todas las partes del mundo, daba clases de español a muchos extranjeros, de Rusia, Bélgica… Había un gran intercambio cultural.» ¿Cuál es el método de enseñanza que se sigue en su academia ‘Go Native‘? Es un método comunicativo, seguimos el programa de Cambridge. En las clases hay que conseguir que los alumnos hablen más que el profesor en inglés porque si no, algo está yendo mal. Un muñeco verde de trapo aparece en escena, su nombre ‘Mr Green’. La marioneta sigue la temática de la prestigiosa escuela británica muy concienciada con el medio ambiente. El personaje vive en el aula donde las sillas son chiquitas, donde los alumnos más pequeños toman protagonismo. Aunque como dice el dueño con el COVID los padres han preferido no exponer a sus hijos y este año ha descendido el número de alumnos matriculados bastante, aunque el zimbabuense es positivo. “Si tienes un bar ha sido muy fuerte pero nosotros hemos podido sobrevivir”, dice con optimismo el profesor. En este centro trabajan 5 profesores con nivel nativo pero, ¿qué se necesita para montar un negocio en el extranjero y se recojan buenos frutos? Yo diría que hay que tener mucha paciencia con todos los trámites, los impuestos, el papeleo, eso es lo más difícil. Porque realmente, ¿qué significa ‘Go Native’? Es un juego de palabras significa ‘volver del lugar’, es como cuando vives en Australia y andas con camisas de flores o se te pega el acento del sitio. ¿Durante el COVID habéis tenido que hacer alguna adaptación? Sí, durante la cuarentena dábamos las clases online, que todo el mundo las odió. Y ahora en este tiempo pues lo realizamos de manera semipresencial, si alguien está aislado puede asistir a las clases online. Nos hemos adaptado. La pregunta del millón, ¿por qué los españoles no aprendemos inglés? Bueno, hay que empezar poco a poco. En muchos países también pasa así. Por ejemplo, en Inglaterra tampoco se enseñan bien los idiomas, esto provoca que la gente se sienta insegura y no quiera hablar en una lengua diferente. Share on facebook Share on twitter Share on whatsapp

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Aljaima: tajín, bastela y cultura en un histórico espacio transformado en restaurante en el centro de Almería

De todas, todas y de todas, a una parte. Puede que de la época califal almeriense solo queden ruinas a la vista pero nuestras culturas se hermanaron en el mismo momento que Abd El Rahman III puso la primera piedra de la ciudad hace más de 10 siglos. Era entonces Almeraya el puerto del Al Andalus, como ahora se amplían las dragas para exportar mármol, como ahora las iglesias se levantan sobre mezquitas, como los restaurantes de comida marroquí se asientan en antiguas cofradías.  El lugar del que hoy os reporto se llama Aljaima, una adaptación de la palabra jaima, esas tiendas refugios de los habitantes del desierto. Sobre la antigua Cofradía de la Santa Fe, Mustafa Jazouli instaló su restaurante en el año 2007. Trabajó durante un año y tres meses para realizar las reformas. Con sus propias manos desvistió de cemento los muros y enlució las paredes con adoquines pintados a manos, en principio por tapar una humedad y después como ocupación durante la pasada cuarentena. “Ves este hueco, aquí había una cruz y he querido dejar la forma”. “Esto iba a ser un showroom con antigüedades árabes, de Mali y Burkina Fasso pero cuando empecé la obra del local encontré una cuchara que me dio la pista, además ya se veía venir la crisis del ladrillo”, Jazouli concluye detrás de la mascarilla, algo cansado por las horas de más. “Antes tenía 7 personas trabajando aquí, pero con el tema del COVID y la reducción de horario pues, hay dos cocineras y yo soy el que doy servicio a las mesas”, dice el hostelero. ¿A causa del COVID has reducido las mesas? Sí, claro antes tenía que ver cómo poner las mesas porque no cabía la gente de tantas reservas que había. Ahora todo es diferente. ¡Fíjate cuánto espacio hay y el techo es alto! A medio día el sol penetra por los vidrios coloreados con esas formas geométricas de estrellas de 6 puntas. Hay 2 grandes ventanales de techo a suelo donde se ubican dos mesas de cuatro comensales, el ruido de la fuente, los olores de la cocina, las vigas del techo y los azulejos del suelo crean una atmósfera sosegada. Un lugar que invita a compartir la mesa sin más ambición que disfrutar de la experiencia. ¿Cuáles son los platos estrella? Bastela, cous-cous y tajine siempre es lo fresco del día, con la pandemia es lo que hay. Es la forma de adaptación, los clientes empiezan a llamar desde el principio de la semana para reservar. Menos cantidad, pero más calidad. Hay un plato en su carta con el que ganó un premio en el concurso de ‘Tapas de Película 2018’: Sí, con el Festival de Cine de Almería organizan este concurso de la Ruta de la Tapa de Película y el que ganó fue un tajín de cordero con cerezas caramelizas y almendras. La cocina que maneja es tradicional marroquí y también hay opciones veganas. Por ejemplo, el humus servido con pimentón y bien regado de aceite de oliva. Atentos a los caldos, Protos de 2006 y cerveza bien tirada. Un privilegio para el paladar.  Hijo de un militar y un ama de casa, hermano de 4 ingenieros y una comadrona. Nacido en Casablanca en 1965 pero criado en Asilah. Es un hombre sencillo, le gustaría retirarse a la tranquilidad de Cabo Verde o su país natal.  Llegó a España en 1987 como estudiante de Geología de la Universidad de Granada, se costeó sus propios estudios y nunca dejó  de trabajar; se define a sí mismo como un hombre de ciencia. “En Granada compartía piso con otros estudiantes y para llamar a casa íbamos a una cabina, allí estábamos los extranjeros formando una cola enorme, había gente de todas partes: Estados Unidos, Francia… Teníamos un truco, poníamos una moneda grande turca y con eso había para llamar…”, hace un gesto de levantar la mano para señalar que mucho rato y se ríe. “Claro, es lo que había, como ahora que hay que robar Wifi”, bromea. Tiene una curiosa manera de darles presente a los clientes. Detrás del libro de visitas custodiado por dos candelabros grandes y honrado sobre un histórico soporte de madera, hay una estantería llena de libros, poemarios, libros de fotografía, joyas solo para el ojo ávido. “Cuando alguien me pide la contraseña del WIFI pues le doy un libro”, agarra el poemario de la editorial Aloha que ha escrito un amigo suyo y se ríe.  Cada una de las fotografías en gran formato que se exponen en las paredes del restaurante han sido tomadas por el propietario. “Todas son robados, no querían que les hiciera las fotos. Es un homenaje a la mujer marroquí trabajadora”. Como la técnica me deja un poco descolocada porque alguna, como la instantánea de los gallos parece una acuarela sigo indagando. “Quien me ayudó con la luz y el color fue el fotógrafo Adolfo Olmedo”, dice el marroquí. En ese momento, se aproxima a la estantería donde duermen los libros del WIFI y despierta uno. El título: Fotografías durante el franquismo. Busca delante y detrás hasta hallar la instantánea. Es el Che en plena Ciudad Universitaria paseando por Madrid en su paso a El Cairo, una instantánea de César Lucas, dedicada al aventajado amante de este arte que vio en el comensal al maestro camarógrafo.   A pesar de que nunca ha trabajado como geólogo, tampoco conoce lo que es el paro. Aunque usted tuviera más cualificación, ¿no le frustraba trabajar en un invernadero o como envasador de hortalizas?  Nunca rechacé ningún trabajo, pero con la esperanza de que siempre saldría algo mejor. Solo he estado un mes en el paro, he trabajado como traductor en los juzgados, como envasador, en los invernaderos, como agente de viajes… Hablo francés, inglés, árabe, un poco de hebreo y español.  Aunque nunca pude trabajar como geólogo porque no tenía permiso de trabajo en aquel tiempo era complicado. Ni se hacían los papeles para extranjeros, no puedes trabajar si no tienes permiso.

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«Es la sensación de que te están mordiendo y luego te soplan» Black and White, la historia

El ayuno, la penitencia, la hermandad; hay quien se prepara una vida para sostener el peso de un trono y hay quien dedica su vida al otro. Quizás porque solo a través del ejemplo, hacemos camino. En un pequeño gimnasio de Roquetas de Mar, junto a un cartel pegado en el cristal de la entrada con dos contactos -Gema y Sidi-, recogen alimentos para familias necesitadas del municipio. Ella es roquetera; él, de Mali. Criados en una familia grande y humilde, trabajaron desde chicos para llenar la nevera. Ellos han nacido humanitarios y su gimnasio es una “sala de integración donde no hay ni blancos, ni negros, ni amarillos. Aquí somos una familia”, dice Sidi.   “A los 9 años, trabajaba con mis padres en el bar, el Disco-Pub Andaluz, en Vícar. La hostelería arrastra mucho de la familia”, cuenta Gema Sánchez con media sonrisa dibujada en la boca, con el anhelo que se recuerda la infancia. “Mi padre era de El Ejido y mi madre es alemana. Cuando se casaron mi madre no llegaba a los 14 años, pero mis padres estaban locamente enamorados y ella no quiso volver a Alemania con mi abuela, que trabajaba allí en un hospital. Por parte materna, casi toda mi familia trabaja en el sector sanitario”. ¡Y de casta le viene al galgo, dicen! Así la almeriense estudió magisterio infantil aunque ha desarrollado su auténtica vocación a través del quiromasaje y la medicina alternativa. Las paredes de su consulta están alicatadas de títulos, formaciones de pilates, naturopatía, quiromasaje… “Yo soy de Mali. Llevo aquí desde el 2005/2006. Vine a Europa con un visado para estudiar contabilidad. El visado es más barato que venir en patera, son 50 euros de un sello, solo que hay que hacer mucho papeleo. La gente no tiene paciencia para mover papeles. Cuando llegué a Alemania solo entregué el certificado de estudios de la Universidad de Bamako y listo”, Sidi Yaya Kanote habla así, seco, sin edulcorantes, una detrás de otra, sus cicatrices solo son marcas de vida. “Todo nos lo luchamos y fuimos paso a paso hasta conseguir tener nuestro negocio, Black and White. Antes de conocer a Gema, trabajaba en las 200 viviendas en el gym de allí. Detrás de nuestra historia hay mucho sacrificio. Somos unas personas normales, los dos venimos de una familia pobre”, continúa el africano. Sidi tiene un temperamento incendiario, maneja a la perfección el juego de miradas y basta uno de sus rayos fulminantes para que sus clientes lo den todo. Él no conoce la mediocridad. El noveno de 10 hijos, a los 7 años tenía que caminar 10km para llegar a la escuela. «El problema no era caminar, mi hermana y yo pensábamos si iba a haber comida cuando llegáramos a casa. Si llegábamos y no había, volvíamos por la tarde a la escuela y que no se notara. En mi casa no había luz y esperábamos que encendieran las farolas para estudiar». A los 23 años, trabajó en la aceituna, sin saber ni lo que eran. Durmió en la calle, aunque las señoras le ofrecieran cobijo a cambio de favores sexuales e iba a la Iglesia para que le dieran comida. Es un negro enorme y musculado que narra su vida sin lugar a gilipolleces, será que lo lleva impreso en el nombre. Sidi: el señor, como designaban a los régulos de las taifas andalusíes.    Pero, ¿cómo arrancó el proyecto Black and White?  Hace 5 años, Gema empieza un proceso de adopción de un niño africano y entre los requisitos le exigen que el lugar de trabajo y su vivienda sean independientes. “Sé que no voy a cambiar el mundo adaptando un niño pero allí la familia es sagrada; cuando los niños están en orfanatos es porque no tienen realmente a nadie, han agotado todos los recursos. Solo quiero ofrecerle lo mejor que le pueda dar y calor humano”. Los dos profesionales querían trabajar por su cuenta y “a nivel de trabajo siempre nos entendimos”, dice Gema. Así, hace 2 años se instalaron en Roquetas de Mar Fitness y Quiromasaje Center. Sidi, ahondando más en tu historia, ¿saliste de Mali con la idea de trabajar o de estudiar? «Yo salí con la idea de ayudar a mi familia. Si había posibilidad de estudiar se hacía pero lo principal era ayudarles. Salí con mi visado -que fue más fácil de conseguir- porque mi padre trabajaba en mantenimiento del Consulado de Alemania en Mali. Soy el primero de los hermanos en salir de África». «Los inmigrantes entran más por los aeropuertos que en patera. Lo que pasa es que la gente que viene de patera, llega la Cruz Roja, los graban las cámaras y parecen más… Quien cruza en cayuco gasta muchísimo dinero para venir. Uno sale de Mali, se va a Argelia, si los polis de allí te pillan, te devuelven a Mali; luego, otra vez a intentarlo; de Argelia, a Libia o Marruecos… Si no tienes dinero, ¿cómo comes allí tantos días?… Luego otro gasto para cruzar a Europa en patera». «Son los policías y los militares marroquíes los que hacen las pateras, si no quieren que tú entres, va a costar. Es una mafia. Además, el Gobierno de España sabe que aquí hay más viejos que jóvenes y necesitan inmigrantes. Es la sensación de que te están mordiendo y luego te soplan…» «Es una mafia a la que le interesa que haya guerra en África para que los pobres salgan. Hacen el trabajo sucio de aquí, los que la gente joven no quieren hacer». “África es riquísima, no necesita ayuda de nadie. Lo único que necesita es que nos dejen vivir, tanto Europa como América, que no nos vendan más armas. Los hermanos matándose los unos a los otros y, ahí, aprovechan los demás países para robar, ningún país de África fabrica armas. Tenemos todas las materias primas, oro, diamantes…” Gema, ¿de dónde te viene esta vacación tan humanitaria de ayudar al otro? Se encoje de hombros y sonríe,

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La barbería que congrega al mundo en Roquetas de Mar

Hace un par de años abrió sus puertas en la plaza de la biblioteca de Roquetas de Mar una peluquería-estética a caballo entre sala de fiestas y dos continentes. Los puentes entre las culturas se tienden a través de la estética italiano-marroquí del local, de los ritmos urbanos en voces tunecinas, latinas, americanas, de las manos que con mimo elaboran complicados dibujos en el cabello a golpe de paciencia, perfeccionismo y navaja.   En este pueblo de la costa mediterránea conviven 114 nacionalidades de las 193 que forman el mundo, según el censo municipal. Roquetas es el mundo en un pueblo, los rumanos son el oro, los marroquíes la plata y el bronce los senegaleses, en medida a los habitantes empadronados. La riqueza cultural la genera el motor económico que es la agricultura, primeramente, pero a día de hoy podemos ver cómo los extranjeros impulsan la economía en el sector secundario y terciario, uno de los ejemplos: la Peluquería Venecia. El equipo de trabajo del local protagonista no llega a la treintena, a nadie le sorprende que allí converjan rumanos, marroquíes, gitanos, guineanos… “para mí es lo normal, yo he crecido así con personas de todas partes”, dice Fran Juárez, uno de los barberos. Un joven roquetero que empezó a trabajar a los 15 años con la disciplina de la agricultura heredada de su padre y que hoy aplica en su día a día. Juárez es delgado, habla lo justo y pone plena atención a lo que hace, desde que coloca la capa, hasta que empolva la brocha con talco para retirar los pelos que le hayan quedado al cliente por el cuello y la cara. Puedo decir con un margen de error milimétrico que este chico es un rabo de lagartija. A los 20 años, se fue a Inglaterra, trabajó en una barbería y a pesar de que hizo muchos amigos y el lugar le parecía agradable, este es su sitio. “El trabajo aquí habla solo. La calidad de peluqueros es lo que nos diferencia”, dice Juárez.  ¿Cómo aprendéis a hacer esos cortes de pelo? Eso es que te guste, si algo te gusta lo aprendes rápido. Los clientes suelen cortarse el pelo con uno de nosotros pero si faltamos se cortan el pelo con otro peluquero sin problema. Tenemos más o menos el mismo rollo. ¿Por qué los marroquíes trabajan tan bien la barba? Son muy detallistas. Hay muchos tratamientos: se puede tintar la barba, echar queratina para alisarla un poco… Muchas cosas las aprendemos en las redes. Siempre vemos vídeos, de gentes de otros países, de técnicas diferentes, al final sacas tu propia forma. ¿Esta es la barbaría de las naciones? Si es una buena barbearía, se mueve gente de todas partes, no solo aquí, cuando trabajé en Inglaterra también lo veía. A pesar de ser muy joven, tienes 22 años, ya cuentas con una trayectoria ¿Cuál sería tu meta? Mi meta es ser el más grande en lo que hago y ya está. Soy el que abre la barbería yo estoy aquí a las 09.00h. Tengo mi rutina que es levantarme, mi trabajo… Llevo 7 años trabajando sin parar, durante 4  estuve en la agricultura con mi padre. Al principio se lo tomo regular porque estaba de encargado en la finca pero lo entendió. Ahora soy quien le corta el pelo.  Kleva Djalo o siplemente Kleva, “el barbero con más rollito”, reza en uno de los posts de la cuenta  de Instagram de la peluquería. Conocemos a este joven de 22 años por haber llevado el pelo rubio, rosa, con trencitas, por su ropa llamativa, por su singularidad. La primera vez que vino a Roquetas de Mar tenía 18 años, procedente de Guinea-Bissau su tío le pagó un billete de avión, le dio la oportunidad de conocer este pueblo que hoy es su casa.  De vivir en esta tierra le gusta todo, el sol, la gente que es muy amable, aunque echa de menos a su familia. ¿Kleva cuáles son tus planes? Seguir siendo peluquero en Roquetas de Mar. Contesta seguro con las palmas de las manos abiertas, me gusta cuando hacemos ese gesto, ese que dice ves  no escondo nada, digo la verdad, después sonríe y cierra la respuesta. La mujer de este ‘team’, Isabel Reina es nijareña, tiene 26 años y es la mayor de los compañeros. Lleva un año al frente de la estética y tiene una parte de responsabilidad en el negocio cuando no están los jefes, claro. “En general, todos los compañeros nos llevamos bien”, dice la esteticista.   ¿Cómo es trabajar para marroquíes y con marroquíes? Soy una trabajadora más, cobro igual, todo bien… Gesticula con las manos y asiente con la cabeza para enfatizar su discurso. Creo que son más estereotipos que tenemos porque ellos llevan muchos años aquí, algunos toda su vida, no tienen la mente cerrada como piensa la gente. Si se dan roces es por la convivencia, no por las diferencias culturales.  ¿Cuáles son los tratamientos que más haces? De todo; uñas de gel, extensión de pestañas… los chicos últimamente son más coquetos que las mujeres también este centro está más dedicado al hombre. Ellos se hacen tratamientos faciales, depilación, manicura de vez en cuando alguno, normal, sin esmaltado, solo para tener las uñas limpias. Una novedad es el tratamiento de ajo para que crezca la barba que introdujo el influencer Isam Harchi. Los resultados no están probados, pero las risas están garantizadas, además Reina es toda una profesional hasta para poner ajo por la cara. Quien se esconde por ahí es Hamza Stita, proviene de Marruecos. Llegó a Roquetas de Mar porque su madre le dijo que aquí se vivía bien, y a las madres no se les hace la contra. El joven salió de su país hacia Italia al cumplir la mayoría de edad, pero le gusta este pueblo porque se siente como en casa. Los atrevidos confían en sus manos para derramar los tonos más psicodélicos por su cabeza. También tiene la capacidad de hacer que un pelo crespo luzca como la cabeza de un muñeco Ken

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