Business

La energía solar de Almería para el mundo por…

Michael y Anke Geyer. Foto por Melanie Lupiáñez

Los Geyer nacieron con la actitud verde, la conciencia por el clima y el entorno. A la pregunta: ¿la energía renovable puede hacer un mundo más justo? Un certero “sí” como respuesta. La convicción de Michael no admite dudas.

“Me preocupa que actualmente en España parecen más interesados por el corte de pelo de Pablo Iglesias que por una política verde”, el ingeniero alemán habla con la experiencia de 40 años en renovables y miles de megavatios instalados en los 5 continentes.

Anke y Michael Geyer se conocieron el primer año de Universidad de Tübingen, en la Alemania ‘libre’, cuando eran unos jóvenes en los incipientes 70. El ingeniero llevaba un Land Rover enorme de segunda mano y el coche de la geóloga se había quedado sin batería. 

“Hacía frío y lo invité a tomar un té, hablamos y hablamos y se hizo de noche, ya no podíamos sacar el coche. Entonces le dije: ¡Bueno, pues mañana! Y así pasó una semana hasta que por fin sacamos el coche”, Aki, como la conocemos en España, mira a su marido Michael y los dos rompen a reír. Desde su lugar hegemónico de la mesa del porche la matriarca Geyer finaliza: “después me invitó a una paella y…”, levanta las manos para escenificar que todo estaba hecho y concluye: “al año siguiente nos fuimos a vivir juntos y desde entonces”.

A finales de los setenta la pareja pasó un año académico en la Universidad de Oregón, su paso por los Estados Unidos le permitió tener contacto con una rudimentaria energía solar californiana y con los primeros microprocesadores Intel. Ahí fue donde despertó la inquietud de Michael.

La Guerra de Yom Kippur en 1973 provocó la primera gran crisis del petróleo disparando precios e inversión en renovables de hecho impulsó la construcción de la primera Planta Solar del mundo en Tabernas.

“Recuerdo que hasta cerraron las autovías en Alemania”, explica Anke. La subida del petróleo y la inversión en renovables han ido de la mano. Dibujan una curva ascendente y descendente que ha supuesto un desafío constante para el desarrollo de las renovables en todo el mundo.

La pareja conoció Almería a principios de los ochenta, se quedaron a dormir en las casas de los mineros que entonces alquilaban en Rodalquilar lo que no esperaban era instalarse en Aguadulce unos años después. “En el 1982, hubo una campaña de medidas y un amigo me animó a venir a Almería, a Aguadulce, porque yo sabía español. Vinimos de vacaciones tres semanas. Fue la primera vez que vi la planta solar de Tabernas y quedé fascinado».

“Cuando llegamos a principios de los 80 esto era África, no había teléfono, no había autovía”, Anke se ríe cuando escucha a su marido y continúa: “en Aguadulce apenas había nada, llamaba a mi madre por una cabina de teléfono, no quería vivir en estas condiciones, además no hablaba nada de español”.

¿España puede sacar pecho con la energía solar?

Sí, absolutamente. Las empresas constructoras españolas sí que les vieron el potencial y asumieron el riesgo de las primeras plantas y convirtieron todo esto en un enorme éxito. De ahí es que la energía termosolar, después de haber nacido en Estados Unidos, fueron reanimadas y desarrolladas en España. De Andalucía se llevó a todo el mundo.

El centro de experimentación de Tabernas sembró las bases académicas que pondrían en marcha en la planta de Guadix de 50Mw que puede suministrar a 103.000 familias.  

La lucha ha sido constante, porque había varias crisis del petróleo y los accidentes nucleares de Chernobyl y Fukushima…

 La dedicación política de las energías renovables en aquellos años, cuando nadie tenía conciencia de las emisiones del CO2, solamente iba en competitividad con el precio de los carburantes fósiles, el petróleo. Yo diría que hasta el 2010 no empezó una verdadera concienciación por el CO2, no estaba en primer plano.

Michael Geyer es un hombre de acción y pronto comenzó a aplicar todos los conocimientos que se experimentaban en Tabernas. Habiendo visto el éxito de la compañía LUZ en Estados Unidos, decidí que teníamos que desarrollar una tecnología de cilindros parabólicos europea. En aquel entonces, nadie pensaba en startups ni en bolsa, era todo más idealista y quisimos hacer un opensource cilindro parabólico. En España, teníamos a Abengoa que era quién construía toda esta ingeniería”, dice el ingeniero.

Actualmente, ¿qué papel está jugando España ante las energías renovables?

Recuerdo que hubo un congreso de ministros el fatídico día del atentado de los trenes en Atocha, estábamos asustados porque pensábamos que el proyecto no saldría adelante, pero al final se aprobó el decreto-ley y dio luz verde a la construcción de todas las plantas.

¿Han sido los bancos muy reticentes a financiar proyectos de energía solar? ¿Todavía cuesta?

En aquel entonces, el banco que más financiación puso fue el Banco Europeo de Inversión. Para minimizar el riesgo de los bancos, asumieron el riesgo de todas las garantías de estas plantas empresas de construcción como Abengoa, ACS Cobra, Acciona… Estas empresas dieron a los bancos garantías de que, si no funcionaban, se les devolvería el crédito, se quedarían con las plantas y las operarían.

La madre de Michael era ceramista y elaboró la vasija de la foto

 

Eso significaría que confiaban en los proyectos a ejecutar…

Absolutamente porque, aunque el precio del petróleo varíe ellos sí apostaron por nosotros, vieron un futuro. El papel que jugó la plataforma solar de Tabernas fue que se probaron los primeros prototipos de la tecnología. Luego, en el cilindro parabólico y además se hizo el lazo experimental en Norteamérica eran pequeños pasos que sumaban. En el caso de las torres de Sevilla, Abengoa hizo toda su verificación y validación de tecnología… Fue la investigación española y las empresas andaluzas quienes cogieron un riesgo inicial.

¿Cuál fue el papel de Almería en el desarrollo de las renovables?

Desde Almería, Abengoa Solar montó filiales repartidas por todo el mundo. Lograron construir la exitosa planta de Abu Dhabi, después vinieron Italia, Grecia, Chipre, India, China, Australia, Sudáfrica.

“En estos principios, cuando ibas a un país como Egipto o Abu Dhabi a introducir las plantas termosolares te encontrabas con políticos ilusionados. La gente apoyaba más las energías renovables por idealismo que por montar una startups, ir a bolsa y hacerse millonario”, esta es la clave del éxito del proceso para el directivo.

¿Cómo afectó la crisis de 2008?

En términos de desarrollo energético sostenible afectó más a España que a otros países. Después de casi 20 años en Aguadulce volvimos a Berlín en 2012. En el panorama político alemán pensábamos que iban a ganar los verdes. Nuestra idea era hacer lobby para un mercado unido europeo de energías renovables.

A pesar de que la energía renovable siempre ha estado pendiente de accidentes y crisis en los fósiles 2016 supuso un nuevo punto de inflexión.

La crisis vino porque la fotovoltaica en 2016 bajó de precio hasta hoy que estamos a 10 euros la hora. De esta forma no es competitivo hacer energía termosolar durante el día, pero guarda la posibilidad de almacenarla y producirla por la noche. Este es el proceso que llevan a cabo en la planta más grande del mundo que se está haciendo en Dubái con 700 megavatios y 12 horas de almacenamiento en 2 plantas, la primera de ellas se inaugura en la Expo 21 de Dubái y se finalizará en 2023.

En el proyecto de los Emiratos Abengoa suministra los campos de cilindro parabólico, también participa en la ingeniería junto a China. Una inversión total de casi 4 billones de dólares con un contrato de 35 años de suministro.

Michael Geyer. Foto por Melanie Lupiáñez

Usted decidió dejar Abengoa en 2018, ¿qué planes tiene entre manos?

Actualmente, veo cómo se puede hacer utilizable el almacenamiento de sales fundidas más allá de la termosolar. España es el primer país en unir almacenamiento de sales con la energía fotovoltaica a bajo precio. Para ello, he incorporado una empresa Spinoff de Google en España, Malta INC. El accionista mayoritario es un fondo de inversión de Bill Gates con la visión de cuidar el clima. Hemos formado filiales en Europa que actualmente lidero: una en Alemania y otra, Malta Iberian, en Almería.

De toda la gente influyente a nivel político y empresarial que has podido conocer ¿alguien a quién destaque?

Michael habla con los brazos cruzados, no es un gesto tanto de defensa como casi de autoabrazo. La evangelización en renovables ha sido su fuerte, el símil con la religión le hace reír, pero dice: “sí justo eso. Habría que agradecer a mucha gente. Empezando por los alcaldes de la Calahorra y Aldeire que nos ayudaron a hacer nuestro proyecto, a los técnicos de la Junta de Andalucía en Granada y Sevilla hasta los cargos políticos de máximo nivel de todos los países del mundo que han querido participar. Logramos que los ministros de energía de Argelia, Egipto, Alemania y España, negociaran juntos. Llegamos a convencer al Banco Mundial de un programa para la termosolar y financiaron el proyecto. Fue todo muy satisfactorio y todavía mantengo una red de amigos por todo el mundo que ayudaron a llevar todo esto a cabo”.

Respecto al Cambio Climático, ¿lo estamos haciendo bien?

Soy optimista respecto al cambio climático porque hay una generación joven como vosotras que combate y nosotros que sembramos el precedente con todas estas iniciativas que prosperaran y dan sus frutos.

Cuando trabajabais juntos como pareja, ¿la parte más difícil era la de traer el trabajo a casa?

Sí, en aquel entonces, yo viajaba por todo el mundo y le dejaba a mi mujer todo el trabajo de casa. Lo increíble es que es desde el 16 marzo de 2020 no he vuelto a viajar y me tiene que soportar todos los días porque teletrabajo. Michael mira a Aki que lo escucha paciente y se ríen, después de toda una vida juntos y dedicados a cambiar el mundo.

En 2018 a los Geyer se les presentó la posibilidad de vivir en Silicon Valley, además Michael rechazó una cátedra para la Universidad de Chile en la famosa conferencia que sirvió para unir a los contactos alemanes que transformaron las plantas de carbón en plantas de almacenamiento de energía a partir de las las sales, la especialidad del ingeniero y físico. Pero no quisieron cambiar el sol americano por ver crecer a su nieto en el Mediterráneo. En el jardín de la casa la abuela, Aki, hace molinos para espantar a las palomas que vienen a comerse el pienso de los gatos y, planta las semillas que germinan de su compost con la ayuda de un pequeño que los hace muy grandes.   

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
África

Ese guiri de la camisa de flores

Graeme Black y Mr Green. Foto por Melanie Lupiáñez

Graeme Black es uno de esos extranjeros que se pasea por Almería en camisa hawaiana, su uniforme intraestacional. “Mi nombre era muy difícil de pronunciar para la gente de aquí, así que al final soy el guiri ese que va con camisas de flores”, dice el africano. Nacido en Zimbabwe en 1975 allí creció, se enamoró y trabajó hasta que la inflación superó los niveles estándares para formar una familia.

Al nacer el primero de sus hijos, Graeme y Sarah -su mujer- decidieron que no podían confiar más en el país donde sus vidas se habían cruzado. Así, en el año 2001, siguieron el rastro de migas de sus antepasados y fueron conducidos hasta Londres. El horizonte en Zimbabue se planteaba difuso, la situación política era inestable, los 30 años de mandato de Mugabe habían deteriorado la economía y la inflación estaba por las nubes. “Cuando íbamos al supermercado los billetes los contaban al peso, un kilo equivalía a tanto más o menos”.

 “Mi mujer Sara tiene la nacionalidad británica, así que fuimos a Londres para que yo la pudiera obtener. Allí nació mi segunda hija y el tercero en Roquetas de Mar, cada uno es de una parte”, Black sonríe al recordar a sus hijos. Los dos mayores ya cursan estudios superiores en Inglaterra, el padre sopesa la cultura de cada uno: “mi hijo mayor está bien adaptado, pero mi hija es más roquetera, ella se siente más cómoda en español. Cuando vinimos cursó la primeria en un colegio de las Marinas hasta que mi mujer comenzó a dar clases en St. George, entonces fueron a este colegio”.

El sistema de estudios, así como la financiación, es diferente en el país sajón. Los alumnos reciben un préstamo del Estado que tendrán que devolverán poco a poco cuando cobren sus primeras nóminas.

¿Cómo fue que tomaron tierra y llegaron hasta Roquetas de Mar?

Lo encontramos todo por Internet y en tres días lo teníamos gestionado. Queríamos vivir en un pueblo que no fuera muy grande, vimos en anuncio de una academia que se vendía en Las Marinas. Vinimos para ver el pueblo, nos gustó y dimos el ‘ok’. En 2006, cuando nos mudamos era muy divertido porque había gente de muchas nacionalidades diferentes. Daba clase a rusos, belgas… Había mucho intercambio cultural.

Graeme siempre ha dado clases de inglés para extranjeros, “no tengo el CAP, no me interesa eso”. Estudió lengua inglesa aunque la ortodoxia no es su método. Contesta a las preguntas personales con el mismo entusiasmo que un niño al eterno: ‘¿cómo te ha ido el cole?’. “El sistema de estudios español y el británico son diferentes. El británico es más creativo de trabajar por proyectos su mantra actual es: ‘si puedes encontrarlo en Google no lo enseñes”.

¿Por qué cerraron la ‘Academia Comunicación’ de Las Marinas?

Cuando Sara comenzó a dar clases en el colegio alguien tenía que quedarse con los niños, para entonces ya había nacido el más pequeño. Así que fue un tema de conciliación familiar para criar a nuestros hijos.

Después de unos años de dar clases de inglés en diferentes colegios de la zona hasta que los polluelos fueran autosuficientes, al menos los dos los mayores, Graeme volvió a abrir su propia academia frente al Centro Comercial Mediterráneo. Fue en 2018. Esta vez un espacio grande, luminoso, con diferentes aulas y toda una filosofía de negocio y enseñanza. Aunque de los primeros años en Roquetas guarda un buen recuerdo. “Era muy divertido dar clases en Comunicación porque en aquella época en el pueblo había gente de todas las partes del mundo, daba clases de español a muchos extranjeros, de Rusia, Bélgica… Había un gran intercambio cultural

Graeme en la recepción de Go Native. Foto por Melanie Lupiáñez

¿Cuál es el método de enseñanza que se sigue en su academia ‘Go Native‘?

Es un método comunicativo, seguimos el programa de Cambridge. En las clases hay que conseguir que los alumnos hablen más que el profesor en inglés porque si no, algo está yendo mal.

Un muñeco verde de trapo aparece en escena, su nombre ‘Mr Green’. La marioneta sigue la temática de la prestigiosa escuela británica muy concienciada con el medio ambiente. El personaje vive en el aula donde las sillas son chiquitas, donde los alumnos más pequeños toman protagonismo. Aunque como dice el dueño con el COVID los padres han preferido no exponer a sus hijos y este año ha descendido el número de alumnos matriculados bastante, aunque el zimbabuense es positivo. “Si tienes un bar ha sido muy fuerte pero nosotros hemos podido sobrevivir”, dice con optimismo el profesor.

En este centro trabajan 5 profesores con nivel nativo pero, ¿qué se necesita para montar un negocio en el extranjero y se recojan buenos frutos?

Yo diría que hay que tener mucha paciencia con todos los trámites, los impuestos, el papeleo, eso es lo más difícil.

Porque realmente, ¿qué significa ‘Go Native’?

Es un juego de palabras significa ‘volver del lugar’, es como cuando vives en Australia y andas con camisas de flores o se te pega el acento del sitio.

¿Durante el COVID habéis tenido que hacer alguna adaptación?

Sí, durante la cuarentena dábamos las clases online, que todo el mundo las odió. Y ahora en este tiempo pues lo realizamos de manera semipresencial, si alguien está aislado puede asistir a las clases online. Nos hemos adaptado.

La pregunta del millón, ¿por qué los españoles no aprendemos inglés?

Bueno, hay que empezar poco a poco. En muchos países también pasa así. Por ejemplo, en Inglaterra tampoco se enseñan bien los idiomas, esto provoca que la gente se sienta insegura y no quiera hablar en una lengua diferente.

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
África

Aljaima: tajín, bastela y cultura en un histórico espacio…

Moustafa Jazouli en el salón de su restaurante, Aljaima

De todas, todas y de todas, a una parte. Puede que de la época califal almeriense solo queden ruinas a la vista pero nuestras culturas se hermanaron en el mismo momento que Abd El Rahman III puso la primera piedra de la ciudad hace más de 10 siglos. Era entonces Almeraya el puerto del Al Andalus, como ahora se amplían las dragas para exportar mármol, como ahora las iglesias se levantan sobre mezquitas, como los restaurantes de comida marroquí se asientan en antiguas cofradías. 

La entrevista entre Moustafa Jazouli e Isabel Gómez. Foto por Melanie Lupiáñez

El lugar del que hoy os reporto se llama Aljaima, una adaptación de la palabra jaima, esas tiendas refugios de los habitantes del desierto. Sobre la antigua Cofradía de la Santa Fe, Mustafa Jazouli instaló su restaurante en el año 2007. Trabajó durante un año y tres meses para realizar las reformas. Con sus propias manos desvistió de cemento los muros y enlució las paredes con adoquines pintados a manos, en principio por tapar una humedad y después como ocupación durante la pasada cuarentena. “Ves este hueco, aquí había una cruz y he querido dejar la forma”.

“Esto iba a ser un showroom con antigüedades árabes, de Mali y Burkina Fasso pero cuando empecé la obra del local encontré una cuchara que me dio la pista, además ya se veía venir la crisis del ladrillo”, Jazouli concluye detrás de la mascarilla, algo cansado por las horas de más. “Antes tenía 7 personas trabajando aquí, pero con el tema del COVID y la reducción de horario pues, hay dos cocineras y yo soy el que doy servicio a las mesas”, dice el hostelero.

¿A causa del COVID has reducido las mesas?

Sí, claro antes tenía que ver cómo poner las mesas porque no cabía la gente de tantas reservas que había. Ahora todo es diferente. ¡Fíjate cuánto espacio hay y el techo es alto!

A medio día el sol penetra por los vidrios coloreados con esas formas geométricas de estrellas de 6 puntas. Hay 2 grandes ventanales de techo a suelo donde se ubican dos mesas de cuatro comensales, el ruido de la fuente, los olores de la cocina, las vigas del techo y los azulejos del suelo crean una atmósfera sosegada. Un lugar que invita a compartir la mesa sin más ambición que disfrutar de la experiencia.

Mesa de ‘Aljaima’, foto por Melanie Lupiáñez

¿Cuáles son los platos estrella?

Bastela, cous-cous y tajine siempre es lo fresco del día, con la pandemia es lo que hay. Es la forma de adaptación, los clientes empiezan a llamar desde el principio de la semana para reservar. Menos cantidad, pero más calidad.

Hay un plato en su carta con el que ganó un premio en el concurso de ‘Tapas de Película 2018’:

Sí, con el Festival de Cine de Almería organizan este concurso de la Ruta de la Tapa de Película y el que ganó fue un tajín de cordero con cerezas caramelizas y almendras.

La cocina que maneja es tradicional marroquí y también hay opciones veganas. Por ejemplo, el humus servido con pimentón y bien regado de aceite de oliva. Atentos a los caldos, Protos de 2006 y cerveza bien tirada. Un privilegio para el paladar. 

Hijo de un militar y un ama de casa, hermano de 4 ingenieros y una comadrona. Nacido en Casablanca en 1965 pero criado en Asilah. Es un hombre sencillo, le gustaría retirarse a la tranquilidad de Cabo Verde o su país natal. 

Llegó a España en 1987 como estudiante de Geología de la Universidad de Granada, se costeó sus propios estudios y nunca dejó  de trabajar; se define a sí mismo como un hombre de ciencia. “En Granada compartía piso con otros estudiantes y para llamar a casa íbamos a una cabina, allí estábamos los extranjeros formando una cola enorme, había gente de todas partes: Estados Unidos, Francia… Teníamos un truco, poníamos una moneda grande turca y con eso había para llamar…”, hace un gesto de levantar la mano para señalar que mucho rato y se ríe. “Claro, es lo que había, como ahora que hay que robar Wifi”, bromea.

Moustafa Jazouli y un poemario de WIFI. Foto por Melanie Lupiáñez

Tiene una curiosa manera de darles presente a los clientes. Detrás del libro de visitas custodiado por dos candelabros grandes y honrado sobre un histórico soporte de madera, hay una estantería llena de libros, poemarios, libros de fotografía, joyas solo para el ojo ávido.

“Cuando alguien me pide la contraseña del WIFI pues le doy un libro”, agarra el poemario de la editorial Aloha que ha escrito un amigo suyo y se ríe. 

Cada una de las fotografías en gran formato que se exponen en las paredes del restaurante han sido tomadas por el propietario. “Todas son robados, no querían que les hiciera las fotos. Es un homenaje a la mujer marroquí trabajadora”. Como la técnica me deja un poco descolocada porque alguna, como la instantánea de los gallos parece una acuarela sigo indagando. “Quien me ayudó con la luz y el color fue el fotógrafo Adolfo Olmedo”, dice el marroquí.

En ese momento, se aproxima a la estantería donde duermen los libros del WIFI y despierta uno. El título: Fotografías durante el franquismo. Busca delante y detrás hasta hallar la instantánea.

Es el Che en plena Ciudad Universitaria paseando por Madrid en su paso a El Cairo, una instantánea de César Lucas, dedicada al aventajado amante de este arte que vio en el comensal al maestro camarógrafo.  

A pesar de que nunca ha trabajado como geólogo, tampoco conoce lo que es el paro.

Moustafa Jazouli delante de sus fotografías. Foto por Melanie Lupiáñez

Aunque usted tuviera más cualificación, ¿no le frustraba trabajar en un invernadero o como envasador de hortalizas? 

Nunca rechacé ningún trabajo, pero con la esperanza de que siempre saldría algo mejor. Solo he estado un mes en el paro, he trabajado como traductor en los juzgados, como envasador, en los invernaderos, como agente de viajes… Hablo francés, inglés, árabe, un poco de hebreo y español.

 Aunque nunca pude trabajar como geólogo porque no tenía permiso de trabajo en aquel tiempo era complicado. Ni se hacían los papeles para extranjeros, no puedes trabajar si no tienes permiso. Había un vacío legal hasta que en 1992 hubo una campaña del Gobierno “Sal a la luz” para hacer permisos y trabajar de forma legal.  

Estaba seguro de que ningún trabajo iba a ser para siempre.  

La cuchara de plata de condujo a Moustafa a convertir su ‘showroom’ en el restaurante Aljaima.

Hoy en día es propietario y recuerda algunos trabajos que le reportaron mucha satisfacción e impulso económico: “cada año organizaban en Barcelona la Feria de los Fósiles, EXPOMINER, y allí me iba con mi coche pequeño lleno de fósiles en cajitas que había comprado en Marruecos y otras partes de África, montaba una mesa pequeña como esta (para cuatro comensales) y en una semana hacía el agosto”. De aquellos fósiles quedan en las vitrinas, junto a joyería y demás antigüedad que están a la venta. De manera que se hace fácil llevarse un pedacito de historia a casa. 

¿Tiene hijos Moustafa?

Sí, dos. Un hijo y una hija. El niño es matemático y nada más terminar empezó a trabajar en una buena empresa, está en Mallorca. La niña hizo criminología, trabajó para la Junta de Andalucía y ahora no sabe muy bien si ayudará a su madre en su negocio o seguirá su camino. Levanta la cejas y en fin, cada uno nuestra vida, adivina sus gesto. 

Sin duda, la mejor pregunta que le podíamos haber hecho, cuandos sonríe más fuerte y saca el orgullo de padre. Moustafa el geólogo, mercader de antigüedades, amante de la fotografía y hostelero. 

¿Por ser de otro país alguna vez te han mirado mal o tratado diferente?

No es cuestión de eso. Hay quien nunca ha viajado, no conoce el mundo, no ha tratado con otra gente, ni siquiera ha llegado al COU, escriben con faltas, hablan… A veces esas personas te infravaloran pero le explico cómo pienso y ya cambian de actitud. A quien no conoce las migraciones a Argentina, los inmigrantes de las Alpujarras… 

El hostelero revisa el libros de visitas. A la derecha la distinción de TripAdvisor y la plaqueta del concurso tapas de cine.

Las campanas del convento de las Claras tañen, son las 18.00h; sus piedras y las que nos cobijan compartieron cantera, todavía huele a palo santo. 

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
África

«Es la sensación de que te están mordiendo y…

El ayuno, la penitencia, la hermandad; hay quien se prepara una vida para sostener el peso de un trono y hay quien dedica su vida al otro. Quizás porque solo a través del ejemplo, hacemos camino. En un pequeño gimnasio de Roquetas de Mar, junto a un cartel pegado en el cristal de la entrada con dos contactos -Gema y Sidi-, recogen alimentos para familias necesitadas del municipio. Ella es roquetera; él, de Mali. Criados en una familia grande y humilde, trabajaron desde chicos para llenar la nevera. Ellos han nacido humanitarios y su gimnasio es una “sala de integración donde no hay ni blancos, ni negros, ni amarillos. Aquí somos una familia”, dice Sidi.  

“A los 9 años, trabajaba con mis padres en el bar, el Disco-Pub Andaluz, en Vícar. La hostelería arrastra mucho de la familia”, cuenta Gema Sánchez con media sonrisa dibujada en la boca, con el anhelo que se recuerda la infancia. “Mi padre era de El Ejido y mi madre es alemana. Cuando se casaron mi madre no llegaba a los 14 años, pero mis padres estaban locamente enamorados y ella no quiso volver a Alemania con mi abuela, que trabajaba allí en un hospital. Por parte materna, casi toda mi familia trabaja en el sector sanitario”. ¡Y de casta le viene al galgo, dicen! Así la almeriense estudió magisterio infantil aunque ha desarrollado su auténtica vocación a través del quiromasaje y la medicina alternativa. Las paredes de su consulta están alicatadas de títulos, formaciones de pilates, naturopatía, quiromasaje…

Gema Sánchez Ruiz. Foto por Melanie Lupiáñez

“Yo soy de Mali. Llevo aquí desde el 2005/2006. Vine a Europa con un visado para estudiar contabilidad. El visado es más barato que venir en patera, son 50 euros de un sello, solo que hay que hacer mucho papeleo. La gente no tiene paciencia para mover papeles. Cuando llegué a Alemania solo entregué el certificado de estudios de la Universidad de Bamako y listo”, Sidi Yaya Kanote habla así, seco, sin edulcorantes, una detrás de otra, sus cicatrices solo son marcas de vida.

“Todo nos lo luchamos y fuimos paso a paso hasta conseguir tener nuestro negocio, Black and White. Antes de conocer a Gema, trabajaba en las 200 viviendas en el gym de allí. Detrás de nuestra historia hay mucho sacrificio. Somos unas personas normales, los dos venimos de una familia pobre”, continúa el africano.

Sidi tiene un temperamento incendiario, maneja a la perfección el juego de miradas y basta uno de sus rayos fulminantes para que sus clientes lo den todo. Él no conoce la mediocridad. El noveno de 10 hijos, a los 7 años tenía que caminar 10km para llegar a la escuela. «El problema no era caminar, mi hermana y yo pensábamos si iba a haber comida cuando llegáramos a casa. Si llegábamos y no había, volvíamos por la tarde a la escuela y que no se notara. En mi casa no había luz y esperábamos que encendieran las farolas para estudiar».

Sidi durante una clase de baile africano. Foto por Melanie Lupiáñez

A los 23 años, trabajó en la aceituna, sin saber ni lo que eran. Durmió en la calle, aunque las señoras le ofrecieran cobijo a cambio de favores sexuales e iba a la Iglesia para que le dieran comida. Es un negro enorme y musculado que narra su vida sin lugar a gilipolleces, será que lo lleva impreso en el nombre. Sidi: el señor, como designaban a los régulos de las taifas andalusíes.   

Pero, ¿cómo arrancó el proyecto Black and White? 

Hace 5 años, Gema empieza un proceso de adopción de un niño africano y entre los requisitos le exigen que el lugar de trabajo y su vivienda sean independientes. “Sé que no voy a cambiar el mundo adaptando un niño pero allí la familia es sagrada; cuando los niños están en orfanatos es porque no tienen realmente a nadie, han agotado todos los recursos. Solo quiero ofrecerle lo mejor que le pueda dar y calor humano”.

Los dos profesionales querían trabajar por su cuenta y “a nivel de trabajo siempre nos entendimos”, dice Gema. Así, hace 2 años se instalaron en Roquetas de Mar Fitness y Quiromasaje Center.

Sidi, ahondando más en tu historia, ¿saliste de Mali con la idea de trabajar o de estudiar?

«Yo salí con la idea de ayudar a mi familia. Si había posibilidad de estudiar se hacía pero lo principal era ayudarles. Salí con mi visado -que fue más fácil de conseguir- porque mi padre trabajaba en mantenimiento del Consulado de Alemania en Mali. Soy el primero de los hermanos en salir de África».

«Los inmigrantes entran más por los aeropuertos que en patera. Lo que pasa es que la gente que viene de patera, llega la Cruz Roja, los graban las cámaras y parecen más… Quien cruza en cayuco gasta muchísimo dinero para venir. Uno sale de Mali, se va a Argelia, si los polis de allí te pillan, te devuelven a Mali; luego, otra vez a intentarlo; de Argelia, a Libia o Marruecos… Si no tienes dinero, ¿cómo comes allí tantos días?… Luego otro gasto para cruzar a Europa en patera».

«Son los policías y los militares marroquíes los que hacen las pateras, si no quieren que tú entres, va a costar. Es una mafia. Además, el Gobierno de España sabe que aquí hay más viejos que jóvenes y necesitan inmigrantes. Es la sensación de que te están mordiendo y luego te soplan…»

«Es una mafia a la que le interesa que haya guerra en África para que los pobres salgan. Hacen el trabajo sucio de aquí, los que la gente joven no quieren hacer».

África es riquísima, no necesita ayuda de nadie. Lo único que necesita es que nos dejen vivir, tanto Europa como América, que no nos vendan más armas. Los hermanos matándose los unos a los otros y, ahí, aprovechan los demás países para robar, ningún país de África fabrica armas. Tenemos todas las materias primas, oro, diamantes…”

Retrato de Sidi Yaya Konate. Foto por Melanie Lupiáñez

Gema, ¿de dónde te viene esta vacación tan humanitaria de ayudar al otro?

Se encoje de hombros y sonríe, no tiene frío, pero junta las palmas de las manos y las mete entre los muslos. ¡Qué vergüenza siente el humilde cuando se le reconoce una bondad! “Pues no lo sé, desde pequeña en el bar de mis padres ya ayudaba. Empecé a dar clases de español a inmigrantes a los 16 años en el Solanillo y desde entonces; ahora estoy en Centro Áfrika, voy dos veces en semana a dar clases. También hago ayuda a domicilio con gente mayor y discapacitados, aquí no paramos”.

Los dos rompen a reír, no es por avariciosos que trabajen en mil sitios, es por inquietud. En el centro también preparan a adolescentes atletas a un precio razonable a sus bolsillos.

Gema siente verdadero amor por el continente africano. Ha visitado Marruecos, el Sáhara, la zona Bereber, Senegal, “de verdad que no tienen nada y te lo dan todo. Siempre he viajado así con mi mochila, a veces les daba lo que llevaba. Depende como vayas así te van a tratar, ¿Qué me iban a pedir?”. Señala su ropa, para señalar que sin lujos en la mano izquierda lleva una pulsera del continente negro pero el enigma lo guarda en sus ojos. Intuye más que habla, son equilibrio, el tao.

 ¿Por qué el nombre de Black and White?

Gema se ríe: “no es tan obvio como parece, lo que la gente cree. Es un juego de palabras que se le ocurrió a mi padre. Ya había empezado el proceso de adopción y entonces él salió con eso, que fuera algo gracioso decía. Cuidé de mi padre hasta que murió y pararon el proceso de adopción un año porque ese es el protocolo después de una pérdida. Pero esperemos que llegue pronto”.

Aparte, trabajáis de otra forma en el gym, ¿no?

“Tenemos implementos pero no muchas máquinas de sala. Utilizamos accesorios, la única máquina es un cuerpo. La gente lo que necesita es definir su cuerpo, si tú no eres capaz de llevar tu propio cuerpo, mal vamos.»

«Esta mañana teníamos a Juan ‘el carnicero’, llegó pesando 160 kg y ahora pesa cerca de los 90kg. Nunca había hecho deporte y está superando su reto. Cuando va a las tiendas flipa porque puede comprarse ropa. También hay un hombre de 80 años que vino que no se podía mover, ya ahora está hecho un toro. También te digo, la gente que viene aquí va a sufrir. A la hora del trabajo, nos tomamos las cosas muy en serio. Ella tiene más paciencia que yo”. Sidi de nuevo dejando claras las cosas.

Clases de baile africano en Black and White. Foto por Melanie Lupiáñez
 

Cada cual se las busca y este maliense ha actuado en Éxodus, Mar de Plástico y algún otro título, portero de discoteca… Pero lo que más le gustó fue hacer de rey mago en la cabalgata de Almería un año. “Fui el mejor rey mago negro”. Me retuerzo de la risa todavía porque de todos los méritos que puede colgarse, ese es para él el más célebre. Por las mañanas, trabaja como intérprete en la Oficina de Extranjería de la Policía Nacional, entrenaba a un inspector de policía y ese fue el puente, claro que habla 7 dialectos africanos, español, francés y se defiende en inglés.

Otra cosa que me sorprende del africano es que va a su país en coche y tarda como 3 o 4 días, ¿por qué? “Porque en el avión solo puedo llevar 40 kilos pero el coche lo llevo cargado de cosas para ellos”. En fin, y yo que no sé qué ropa ponerme. 

¿Cuál es vuestra próxima meta?

“Ojalá que tengamos salud, porque con la salud se puede hacer de todo”, así finaliza Sidi.

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
África

La barbería que congrega al mundo en Roquetas de…

Hace un par de años abrió sus puertas en la plaza de la biblioteca de Roquetas de Mar una peluquería-estética a caballo entre sala de fiestas y dos continentes. Los puentes entre las culturas se tienden a través de la estética italiano-marroquí del local, de los ritmos urbanos en voces tunecinas, latinas, americanas, de las manos que con mimo elaboran complicados dibujos en el cabello a golpe de paciencia, perfeccionismo y navaja.  

En este pueblo de la costa mediterránea conviven 114 nacionalidades de las 193 que forman el mundo, según el censo municipal. Roquetas es el mundo en un pueblo, los rumanos son el oro, los marroquíes la plata y el bronce los senegaleses, en medida a los habitantes empadronados. La riqueza cultural la genera el motor económico que es la agricultura, primeramente, pero a día de hoy podemos ver cómo los extranjeros impulsan la economía en el sector secundario y terciario, uno de los ejemplos: la Peluquería Venecia.

Fran Juárez, el barbero que ha crecido en los bancales. Foto por Melanie Lupiáñez

El equipo de trabajo del local protagonista no llega a la treintena, a nadie le sorprende que allí converjan rumanos, marroquíes, gitanos, guineanos… “para mí es lo normal, yo he crecido así con personas de todas partes”, dice Fran Juárez, uno de los barberos. Un joven roquetero que empezó a trabajar a los 15 años con la disciplina de la agricultura heredada de su padre y que hoy aplica en su día a día.

Juárez es delgado, habla lo justo y pone plena atención a lo que hace, desde que coloca la capa, hasta que empolva la brocha con talco para retirar los pelos que le hayan quedado al cliente por el cuello y la cara. Puedo decir con un margen de error milimétrico que este chico es un rabo de lagartija. A los 20 años, se fue a Inglaterra, trabajó en una barbería y a pesar de que hizo muchos amigos y el lugar le parecía agradable, este es su sitio.

“El trabajo aquí habla solo. La calidad de peluqueros es lo que nos diferencia”, dice Juárez.

 ¿Cómo aprendéis a hacer esos cortes de pelo?

Eso es que te guste, si algo te gusta lo aprendes rápido. Los clientes suelen cortarse el pelo con uno de nosotros pero si faltamos se cortan el pelo con otro peluquero sin problema. Tenemos más o menos el mismo rollo.

Detalle de una de las mesas de trabajo. Foto por Melanie Lupiáñez

¿Por qué los marroquíes trabajan tan bien la barba?

Son muy detallistas. Hay muchos tratamientos: se puede tintar la barba, echar queratina para alisarla un poco… Muchas cosas las aprendemos en las redes. Siempre vemos vídeos, de gentes de otros países, de técnicas diferentes, al final sacas tu propia forma.

¿Esta es la barbaría de las naciones?

Si es una buena barbearía, se mueve gente de todas partes, no solo aquí, cuando trabajé en Inglaterra también lo veía.

A pesar de ser muy joven, tienes 22 años, ya cuentas con una trayectoria ¿Cuál sería tu meta?

Mi meta es ser el más grande en lo que hago y ya está.

Soy el que abre la barbería yo estoy aquí a las 09.00h. Tengo mi rutina que es levantarme, mi trabajo… Llevo 7 años trabajando sin parar, durante 4  estuve en la agricultura con mi padre. Al principio se lo tomo regular porque estaba de encargado en la finca pero lo entendió. Ahora soy quien le corta el pelo.

Kleva, el barbero que hace los cortes con más rollito. Foto por Melanie Lupiáñez

 Kleva Djalo o siplemente Kleva, “el barbero con más rollito”, reza en uno de los posts de la cuenta  de Instagram de la peluquería. Conocemos a este joven de 22 años por haber llevado el pelo rubio, rosa, con trencitas, por su ropa llamativa, por su singularidad. La primera vez que vino a Roquetas de Mar tenía 18 años, procedente de Guinea-Bissau su tío le pagó un billete de avión, le dio la oportunidad de conocer este pueblo que hoy es su casa.  De vivir en esta tierra le gusta todo, el sol, la gente que es muy amable, aunque echa de menos a su familia.

¿Kleva cuáles son tus planes?

Seguir siendo peluquero en Roquetas de Mar. Contesta seguro con las palmas de las manos abiertas, me gusta cuando hacemos ese gesto, ese que dice ves  no escondo nada, digo la verdad, después sonríe y cierra la respuesta.

Isa Reina, la auténtica líder de la barbería. Foto por Melanie Lupiáñez

La mujer de este ‘team’, Isabel Reina es nijareña, tiene 26 años y es la mayor de los compañeros. Lleva un año al frente de la estética y tiene una parte de responsabilidad en el negocio cuando no están los jefes, claro. “En general, todos los compañeros nos llevamos bien”, dice la esteticista.  

¿Cómo es trabajar para marroquíes y con marroquíes?

Soy una trabajadora más, cobro igual, todo bien… Gesticula con las manos y asiente con la cabeza para enfatizar su discurso.

Creo que son más estereotipos que tenemos porque ellos llevan muchos años aquí, algunos toda su vida, no tienen la mente cerrada como piensa la gente. Si se dan roces es por la convivencia, no por las diferencias culturales.

 ¿Cuáles son los tratamientos que más haces?

De todo; uñas de gel, extensión de pestañas… los chicos últimamente son más coquetos que las mujeres también este centro está más dedicado al hombre. Ellos se hacen tratamientos faciales, depilación, manicura de vez en cuando alguno, normal, sin esmaltado, solo para tener las uñas limpias.

Una novedad es el tratamiento de ajo para que crezca la barba que introdujo el influencer Isam Harchi. Los resultados no están probados, pero las risas están garantizadas, además Reina es toda una profesional hasta para poner ajo por la cara.

Hamza Stita, el barbero que tiñe el pelo psicodélico. Foto por Melanie Lupiáñez

Quien se esconde por ahí es Hamza Stita, proviene de Marruecos. Llegó a Roquetas de Mar porque su madre le dijo que aquí se vivía bien, y a las madres no se les hace la contra. El joven salió de su país hacia Italia al cumplir la mayoría de edad, pero le gusta este pueblo porque se siente como en casa. Los atrevidos confían en sus manos para derramar los tonos más psicodélicos por su cabeza. También tiene la capacidad de hacer que un pelo crespo luzca como la cabeza de un muñeco Ken en menos de una hora.

Stita realiza y monta los vídeos que aparecen en la cuenta de Instagram de la peluquería, una de las ventanas más potentes para llegar al público, según nos cuenta el equipo.

Gracias por haber leído hasta aquí esperamos que te haya sabido a poco, que quieras pasar a conocer a estos mosqueteros y la dartañana de las navajas. Nos vemos un domingo más en Originem.

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Business

«Supe que este era mi lugar» Roquetas para la…

Ojos azules chisporroteantes, sonrisa traviesa, la broma, el optimismo, la picardía… Esta es la historia de una de esas alemanas que embelesaban a los muchachos en la puerta de las discotecas en los 80. Cuyo cabello dorado le valió un distinguido paseo en mulo por las Alpujarras y cuya determinación en la vida la plantaron en Roquetas de Mar hace 33 años, porque este es su sitio. A continuación, Astrid Janetzko, nacida en Dusseldorf en 1965, madurada bajo el sol de Villalón.

¿Cómo conoció Roquetas de Mar?

“Vine por primera vez con 12 años de vacaciones, solo había dos hoteles Playa en la Urbanización. Desde entonces, supe que este era mi lugar e hice todo lo posible por venir”. Asegura que la comida era difícil, nada que ver con los hoteles todo incluido y cocina internacional que se estilan hoy en día. «Imagina que yo nunca había comido cocido en mi vida. Ahora me encante pero, claro, en aquella época la comida española era muy chocante para un turista», asegura Astrid.

A pesar de todos los choques culturales, quedó prendada de Almería. Cuando terminó sus estudios de administración y secretariado ya había perfeccionado el idioma. «Antes apenas había libros para aprender castellano. Practicaba español en la Taberna Flamenca, un punto de encuentro de todos los españoles que habían emigrado a Alemania. Si no encontraba a nadie para practicar me metía en la cocina a limpiar pescado con una señora gallega que hablaba sin parar y no entendía nada, pero me gustaba escuchar el idioma”.

A los 22 años, vino de vacaciones en el ahora renombrado Diver Hotel, lugar en el que conoció a quien fuera su marido, Nicolás, y a un compatriota que la introduciría en el mundo de la animación en los hoteles, un paso importante para obtener el permiso de residencia.

“Nicolás, un hombre de Albondón, me enamoré de él. Pero la combinación del carácter de Dusseldorf y las Alpujarras…” Astrid cambia el semblante y rompe a reír, satisfecha de las vivencias de su vida.

Sin permiso de trabajo, no hay permiso de residencia, ni al revés

A pesar de que la situación era difícil nuestra rubia no dudo ni un minuto, ella tenía claro que vino para quedarse. “Fui a hablar con el cónsul alemán que vivía en Aguadulce y la conversación fue corta. Pensé ¡qué tío! Ahora soy amiga de la familia, pero costó un poco. La situación era como ahora con los africanos, los rusos… el Estado no permiten que te empleen así de fácil”.

 

La gestora alemana afincada en Roquetas Astrid Janetzko. Foto por Melanie Lupiáñez

¿Cómo obtuvo el permiso de trabajo?

Cuando me presenté ante el jefe de recursos humanos del hotel, todavía no dominaba bien el español, pero sabía cuándo tenía que decir que sí y cuando que no. Dije a todo que sí con la cabeza. Gracias a que hablaba 5 idiomas pude obtener permiso de trabajo.

Durante 8 años, fue animadora de uno de los Playa de la Urbanización, tenía miedo escénico de tanto practicar se le pasó, afirma.“Recuerdo con cariño cuando trabajamos con el IMSERSO y mira que con estos viajes no se gana dinero ni para encender el aire acondicionado. Hacía lo que tocaba, había que ayudar en el bar, la recepción… Me trataban muy bien porque vieron en seguida que era extranjera. Llegué al escenario y dije: ‘bienvenido grupo de Gadalajarra’, todos se partían de risa. Después de tantos años me queda ese germen de ser graciosa, animada y era forzosamente, porque mi naturaleza es tímida”.

Los días de actividad frenética en el hotel llegaron a su fin. Astrid domina más de 5 idiomas hablados y escritos, alguno más por oído, pero es una auténtica encantadora de serpientes. «Empecé como guía turística durante 6 años. Pero llegaba a casa y kaput. Después de hablar de flora, fauna y cultura en 5 idiomas, al día siguiente no recordaba qué había contado ni a qué grupo. Fue el punto de inflexión que me hizo buscar una alternativa nueva a mi vida. Decidí armarme de valor y montar mi propio negocio».

1999, año del comienzo

“Junto a mi amigo, José Luis Ramos, que es contable, montamos mi primer local”. Un espacio compartido entre un rent a car y una gestoría, un coworking que dirían los modernos.

Las puertas automáticas, Astrid utiliza esta metáfora para hablar de su trayectoria en la vida y cómo las oportunidades salían a su encuentro.

¿Cómo compró el local donde se emplaza el negocio?

Vi por la calle al dueño del local donde estoy ahora, me pidió nada, estaban todos los papeles preparados porque en el último momento los compradores se echaron para atrás. El alquiler no me gusta pienso que es dinero tirado. Propiedad, propiedad. Hay que pensar en el día de mañana.

La ayuda familiar le dio un pequeño un empujón y eso que ella siempre ha sido una hija única independiente y con las ideas claras. «Mi padre me prestó algo de dinero para reformar el local y habilité el sótano donde viví durante 7 años. Así tenía dinero para mi negocio y devolver la hipoteca. Estaba sola, sin marido, ni hijos… Pues vivía de puta madre. Me compraba todos los muebles que me gustaban, los montaba”.

Vivir y trabajar en el mismo lugar, ahorra alquiler y paga la hipoteca

Detalle del despacho de Astrid

No a muchos les puede parecer apropiado vivir en un sótano durante 7 años de su vida, pero con humor y determinación, esta mujer emprendedora y valiente lo consiguió. “Es un sitio limitado para vivir, estaba muy cerca de los papeles, la suerte que por las mañanas me movía, iba a extranjería… Por otro lado, me gustaba, pensaba si alguien entra a robar estoy yo aquí abajo. Me lo tomaba con un humor”, comenta acerca de su tiempo debajo de las facturas. 

El apartamento fantástico. 2006

“Una señora necesitaba vender su apartamento y me dejó el poder. Se me ocurrió preguntar al notario si podía venderlo a mí misma, respondió que sí. Hablé con la señora y me esperó. Necesitaba 40.000€ y estaba tasado por un valor bastante superior. Todavía pagaba la hipoteca del local y el director del banco solo me preguntó ¿crees que puedes hacer frente a esta segunda hipoteca? Respondí que sí y me la dio”. 

¿Serendipia o destino?

Esta rubia crece en la adversidad, el humor es su filosofía de vida y monta caballos enteros, esto último una proeza al alcance de unos pocos. Y, al final, cada cual se lanza a la búsqueda de su propia suerte, así que Astrid siguió caminando. “Llamé al camión de una empresa de reformas alemana para que me ayudar a llevar la cama nueva que acababa de comprar para el apartamento. Y el transportista me buscó arrendatario. Me pagaba un alquiler pequeño a cambio de reformar todo el apartamento por dentro en el plazo de un año. De esa manera tenía un apartamento presentable cuando se marchó el alemán”.

Estudiar medicina a los 47 años

“Hubieras sido buen médico” dijo el doctor Juan Barón del Centro Médico de la Urbanización. Música para los oídos de nuestra protagonista que con 45 años se preparó el acceso a la Universidad.

Una vez más se puso manos a la obra, “fui al Cortijo del Gobernador y me matriculé en el acceso a mayores de 45 años. Solo tenía que preparar dos asignaturas lengua y comentario de texto. Vi que había clase de latín, griego, filosofía… tantas cosas interesantes y me apunté a todo”.

Como una auténtica colegiala Astrid se quedó colgada de un profesor, pero el amor no siempre es correspondido en la medida que lo esperamos. “Me enamoré de mi profesor de latín, pero era del otro lado del río, ¡Qué pena! Era muy buen profe. Siempre le gastaba bromas, en una ocasión puso en la pizarra la palabra analfabetos, preguntó cuál es el lexema y yo respondí: anaaal…Pero me lo podía permitir porque era buena”. 

De hecho se aprendió todos los todos lo sufijos y prefijos en orden alfabético del español de origen latino y griego. Cuando pregunté que por qué en orde alfabético respondió la protagonista con rotunda convicción: «para poder retenerlos en la cabeza». 

Además descubrió que amaba la filosofía y que las enseñanzas de los grandes, como Platón y Sócrates, eran sus pensamientos desde siempre. 

¿Llegó a la Universidad?

Me matriculé en Granada para medicina y estudié un solo día, porque las clases eran presenciales y no podíamos faltar sin justificante médico. Mi padre estaba en casa y tenía que cuidar de él, traté por todos los remedios de ir con el tren, el coche… Me di cuenta que no podía cuidar a mi padre en Roquetas y estudiar medicina en Granada. Además, tenía que llevar el negocio…

¿Cuál fue la sensación entonces?

Lloré mucho cuando lo dejé, pero me di cuenta que esa puerta era la que forzaba y conseguí abrirla. Me metí donde no era mi camino, pero tengo la satisfacción de haberlo conseguido. Quería estudiar medicina para ser alguien importante, pero me di cuenta que ya soy alguien importante”. El reconocimiento, que no es el igual que la gloria, o la fama, tiene que ver con la distinción que aporta poseer ciertas características.

 

Hace un par de años que Astrid Janetzko dejó de vivir en la caseta de madera que habilitó cuando su padre vino a pasar el invierno de su vida a su apartamento. Ahora este lugar esta destinado a la escritura terapéutica, humorística y autobiográfica.

Por cierto, no piensa jubilarse sigue dedicándose al asesoramiento y trámites de extranjeros comunitarios. Con el nombre de Victoria Services Management conocemos su negocio, “porque esta palabra es muy positiva y mi nombre era un poco difícil de recordar”, aunque yo haría el guiño a la conocida marca de ropa interior femenina. Está orgullosísima de su trabajo, ser su propia jefa, todo lo que ha obtenido en la vida y agradecida a pesar de los tiempos que corren a la vida.

“Si te atreves a vivir, vas a crecer”, dijo por último. 

Gracias por leer y formar parte de la comunidad Originem.

Estaremos encantados de ver tus comentarios o escuchar tus propuestas.

Fuerza y determinación para todos siempre.  

Latinoamérica

El único taxista negro de Almería: Santos

Cruzaba presto por el Paseo de Almería y unos ojos salieron a mi encuentro. En la parada de taxis un conductor negro manejaba el coche, entonces quise conocer su historia. “Es ecuatoriano y lleva la licencia 28. Llama a central”, me dijo un compañero del gremio. El protagonista de hoy es Santos Alberto Almán Medina, por ahora el único afrolatino taxista de Almería.

El caballero de la camisa inmaculada, mejores formas y puntualidad inglesa, toma asiento y comienza a narrar su historia, paso a paso, desde el provinciano que nunca había salido de Guayaquil hasta el padre que procura un futuro mejor para sus hijos. “Los estudios no te los quita nadie”, dice quien acusa la vulnerabilidad del analfabeto, más que el azote del racismo.

Llegó a Almería en 2003, dejaba en Ecuador a su mujer y 3 hijos, el menor de 7 años. Vino a nuestra tierra de la mano de su hermana mayor, con la intención de trabajar unos años y sacar dinero para comprar un taxi nuevo en su país.

Distancia que separa Guayaquil de Almería.

“Nunca había salido de mi país, hice trabajos que jamás hubiera imaginado”, confiesa Almán. En el sentido estricto de lo que significa confesar, sacarse del pecho las espinas a golpe de palabra, porque todos soportamos el humano derecho de cometer errores y redimirnos con el perdón de los hombres.

El taxista recuerda con precisión milimétrica las fechas, las cifras y las sensaciones que se anudan en la garganta. En Almería, bajo el mar de plástico apenas pasó 2 meses, en unas condiciones a su parecer hostiles, mal pagadas y sin el ansiado permiso de residencia. A pesar de haber empezado joven a trabajar, a los 14 años ya se las ganaba en un taller de chapa y pintura hasta que llegó a ser maestro, la realidad a la que se enfrentó superó cualquier expectativa.

Las canteras de mármol de Macael

Lo más cumbre que me dio fue cuando llegamos al tajo y había al menos 10 bañeras de piedras de mármol, pero unos piedrones. Teníamos que partir las piedras a mano. Ahora no me puedo quejar porque me ha ido bien, pero si volviera a nacer te digo que no lo hacía. Estuve allí de 2004 a 2006, allí me hicieron los papeles.

¿Cómo podía sobreponerse a este sufrimiento?

El coraje lo sacaba para mandar dinero a mi familia, tenía que mandarles dinero para los estudios de mis hijas, la comida, porque ellos dependían de mí.

Almán había dejado que un compañero ecuatoriano explotara su licencia, además de la encomienda de pasar 100 dólares al mes a su familia, una cantidad suficiente para mantenerse. Pero al poco tiempo los pagos empezaron a demorarse y colgó los dados.

El ansiado permiso de residencia era el boleto ganador, trabajó 6 meses más en las canteras hasta que se cumplió el contrato y volvió a casa por primera vez en 3 años.

“Cuando regresé mi hijo menor tenía 10 años y mis hijas 16 y 17. Además en ese tiempo solo podíamos comunicarnos por un locutorio, no había redes sociales. A veces me gastaba un buen dinero hablando dos y tres horas con mi familia”, recuerda el taxista.

A veces la gente lo ve a uno y piensa que lo que uno ha hecho ya se lo ha ganado. Pero no saben las consecuencias que tiene esa persona, lo que ha pasado para llegar a donde está. Nadie sabe lo de nadie”, dice el chófer.

Fotograma de Santos Alberto Almán por Javier García Soria. Realización y producción.

Al regresar a España se sucedieron los trabajos en diferentes empresas de urbanismo. En una de ellas, Aral, se encargaba de la maquinaria, cargar y descargar los camiones de materiales, etc. Era la época buena de la construcción, se necesitaban muchos trabajadores. “Vino a la obra un amigo mío que era ingeniero, pero no había convalidado sus estudios. El encargado me decía ‘¿Santos a quién has traído aquí este es un buen elemento?’, así él iba con los planos y yo con el dumper y el torillo”, relata el ecuatoriano.

Corría el año 2007 cuando “a través de un amigo me enteré que podía sacarme el permiso municipal de taxi. El encargado, Antonio, me decía: ‘déjate del carnet del taxi. Santos aquí no te va a faltar el trabajo’, pero uno tiene que tener un as debajo de la manga. Al año siguiente comenzó a flaquear el trabajo, la empresa terminó por cerrar y me quedé parado. Aproveché ese tiempo para meter currículo como conductor”, recuerda Almán.

Después de 2 entrevistas fallidas se le dio la oportunidad y comenzó a trabajar como conductor profesional. Un recorrido de 3 horas por la ciudad, para quitar las telarañas tras 7 años de desuso, una puesta a punto al taxímetro y a rodar. El propietario de la licencia le dio las llaves del garaje y del coche, Santos empezaba de nuevo en el turno de 16.00h a 06.00h.

Almán al volante. Retrato por Melanie Lupiáñez

Y en la de prosperar estuvo y anduvo hasta que se dio la oportunidad de comprar una licencia en Almería. Primero encontró una licencia en Huércal que podía explotar en Almería y así se quitaba de la noche, pero a los 6 meses los compañeros almerienses se quejaron, así que le tocó cambiar. Claro que por el camino conoció a un compañero al que ahora llama amigo, Juan, recuerden el nombre que desvelaremos el misterio.

“Todo el mundo busca un porvenir mejor, si fueras yo ¿qué harías?”

“Hice cuentas y vi que con lo que pagaba por el alquiler de la licencia, más la seguridad social, se me equiparaba a la letra del banco si compraba la licencia”. Aunque entonces el banco financiaba el 100% de la licencia, fue su amigo Juan de Huércal quien le echó una mano.

En 11 años Almán será el legítimo propietario de la licencia 28 para entonces espera jubilarse a sus 67 años. Ahora el relevo lo lleva su hijo, Antoni Almán Correa, un estudiante de Gestión Laboral de la UAL, quien explota de vez en cuando el taxi para sacar su dinero. Pero el chico dice que quiere ser funcionario de prisiones, y no hay nada más español que querer ser funcionario.

Santos junto a su licencia , el tiempo no acompaña, pero la sonrisa siempre puesta. Foto por Melanie Lupiáñez

¿Compensa hipotecarse para tener un trabajo?

«Sí, aunque el taxi haya decaído porque han salido todas estas plataformas. El taxi es un mundo». Y al montarnos con Santos en su coche vemos como este es su espacio.

¿Cuándo pudo traer a su familia?

Pude traer a mi mujer y a mi hijo menor en 2009 por una reagrupación familiar, pero mis dos hijas no pudieron venir porque eran mayores de edad. Esto me duele mucho, me he gasto un dineral para que por lo menos una de mis hijas pudiera venir cuando estaba en la universidad, siempre me lo denegaban, incluso recurrí al Tribunal Superior de Justica a través del abogado Pedro Elías.

Desde 2012 no veo a mis hijas, ni pudimos ir a la boda de la mediana que estuvo retrasando el casamiento para venir a España, pero ya empezaron a cancelar los vuelos con el COVID…

¿Ha vivido situaciones racistas?

“El racismo está bastante erradicado, pero todavía hay quien le cuesta. Hay quien se me queda mirando en el paso de peatones y le tengo que decir: ‘chacho, cruza hombre, vamos rápido’”, el protagonista rompe a reír.

Una vez me pasó que yo estaba primero y una señora con su carrito de la compra llegó al taxi y al verme se tiró para atrás. Se fue para el otro coche y mi compañero le dijo que me tocaba a mí. La señora respondió: ‘yo no me voy con ese negro’ y mi compañero le dijo: ‘bueno, pues si no se va con el negro, se va andando’, Santos cuenta la anécdota entre risas.

Y, por cierto, quiero decir que no soy el primer taxista negro de Almería, el primero fue Vicente de Guinea Ecuatorial que ya falleció.

Señor Almán, gracias. A usted y a quienes hacen que Almería sea tierra de todos. 

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Sin categoría

Los búlgaros que hacen internacional su taberna en Roquetas…

Milena Pashova desde su taberna en Roquetas de Mar
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

La propietaria de la Taberna Milena en Roquetas de Mar, Milena Pashova, recuerda con precisión de cirujano la fecha cuando partió de su ciudad natal, Burgas, en Bulgaria con sus dos hijos de 1 año y 6 meses rumbo a un pequeño pueblo de Castilla la Mancha, Honrubia, tardaron dos días en autobús. “El primer día que salí a la calle con mis hijos dos mujeres vinieron corriendo hacia nosotros con una cara de alegría y muñecos en las manos. Nos acogieron como a la familia”, rememora la hostelera.

Distancia de Burgas a Honrubia

 

El marido, Stoycho Pashov fue el primero en venir a España. “Lo pasó muy mal, fue muy duro, salió de Bulgaria con una oferta de trabajo, pero le mintieron. Tuvo que dormir en un banco en la calle en Madrid, entonces conoció a un búlgaro que lo ayudó y fueron a trabajar al campo en Albacete. Desde allí le ofrecieron trabajo en Honrubia y a los 6 meses pudimos venir nosotros”, continúa Pashova.

Stoycho Pashov en la cocina

 

Esta pareja siempre se ha dedicado a la hostelería, es tradición familiar. Se conocieron cuando trabajaban en la taberna griega Afrodita en Burgas. “Allí trabajábamos 30 camareros, tenía dos plantas, en la primera había música típica griega en vivo y arriba estaba el mehana que me hace mucha falta aquí, pero no lo puedo tener”.

El mehana es a los búlgaros lo que a los andaluces un patio, es una construcción de madera con grandes mesas y una barbacoa donde se reúnen a comer y bailar. Dadas las raciones abundantes, su forma de vivir y el trato se ve que la sociedad búlgara es acogedora, muy dada al compartir.

Los Pashov en su taberna

 

En el año 2003 se trasladaron a El Ejido, su amiga Bogi a quien habían conocido en la taberna le dijo a Milena que buscaban limpiadoras. Así la familia se trasladó al levante, “primero trabajé en una empresa de limpieza y después limpiaba en casas particulares. Tenía mucho trabajo y en todas las casas me trataban como a una más de la familia”, dice la mujer búlgara a sonrisa llena, que se intuyen por los ojos entrecerrados que le deja la mascarilla.

En 2015 llegó el golpe de suerte, una herencia les dio el impulso para montar su primera taberna en El Ejido. En este momento Milena para y toma aire con la emoción a flor de piel continúa: “estoy muy agradecida a toda la gente, tenemos muy buenos momentos de juntarnos, bailar y pensar que estábamos en nuestra tierra”.

Pizarra de tapas

 

La Taberna Milena que empezó como un punto de encuentro de búlgaros nostálgicos se ha convertido en la casa de todos. Cada día a media mañana llega una señora alemana que vive en su caravana aparcada a tres calles, un currito cuyos pantalones llenos de mezcla lo delatan pide un plato de cocido y, un italiano jubilado bebe una jarra de cerveza helada y pide una tortilla de 2 huevos. El chef, Stoycho Pashov, marido de Milena, sale a dar en mano el plato a su cliente a comprobar con satisfacción el trabajo bien hecho. Los bocados búlgaros están adaptados al concepto de tapa almeriense, pero el plato de cocido es tamaño casa de abuela.

Ensalada típica búlgara

 

A Roquetas se trasladaron hace 4 años, se llevaron su altar con una virgen ortodoxa regalo de la madre de Pashov cuando abrieron el primer bar, las recetas, el buen hacer y toda la bebida y comida típica que consiguen de importación.  

Altar particular con Santa María, la virgen que les regaló la madre de Stoycho cuando abrieron el primer bar y, el Kuker que ahuyenta los malos espíritus

 

¿Tuvo miedo de lanzarse a montar su propio negocio?

No. Ahora si tengo miedo, antes no estaban las cosas así.

¿Por qué la gente repite?

Porque le gusta. -Responde al instante sin la menor duda- Viene una persona y siempre traer a más gente, me dicen que se sienten como en casa por como los tratamos.

Pollo de la casa

 

¿Cuáles son sus claves para que el negocio vaya óptimo?

Trato a la gente como me gusta que me traten a mí. Puedo decir por experiencia propia que, con excelencia y mimo, como cuando vas a casa de la abuela y está pendiente de que no te falte de nada. No puede salir sin haber probado la ensalada típica búlgara, la hamburguesa búlgara y el queso a la plancha, platos y ricos y abundantes.

¿Tener un buen cocinero?

Aquí estallan las risas, “eso por supuesto, el chef es el mejor, tiene una mano. Lo más típico es la ensalada búlgara con queso feta, la tapa Milena que la llamamos así porque una amiga siempre la tomaba y decía que se tenía que llamar como la casa, también las patatas con queso tienen mucho éxito porque son caseras y no las freímos en freidora”.

¿Al final se queda el corazón entre dos tierras?

Pues sí, echo de menos todo. Me gustaría volver, pero me encanta vivir en España, la gente, son muchos años aquí.

¿Guardan relación con los albaceteños?

Sí, la hija de mi vecina Dori, Tini, me enseñó a hacer tortilla de patatas. Ella vivía en Madrid, pero cuando venía a Honrubia siempre traía regalos para los niños.

¿Cuánto tiempo pasó hasta que regresaron a Bulgaria?

Volvimos en 2008 cuando murió mi suegro. No hemos ido mucho, por falta de tiempo, falta de dinero, con el bar no tenemos tiempo de nada abrimos de lunes a domingo.

Cuando le digo a mi marido que nos vayamos de vacaciones el siempre se ríe y dice que vivimos en paraíso porque aquí siempre hace sol y se está muy bien.

Antes de despedir a la familia Pashov tenemos el placer de conocer a su hijo menor, un muchacho muy alto, que echa una mano en el bar. “Mira este es mi hijo pequeño”, dice el padre mientras el chico le echa el brazo por el encima del hombro, “¿Has visto que pequeño es?”, dice Stoycho mientras levanta la cabeza para mirar a su hijo con una enorme sonrisa pintada en la boca. El hermano mayor está fuera estudiando farmacia.

Muchas gracias por dejarnos conocer vuestra historia, vuestro ejemplo hace grande nuestra tierra y enriquece nuestras culturas. 

Sin categoría

Un locutorio roquetero: el corazón entre mares, el mate…

Silvina Zapico y Juan Ignacio Yurgel Brignone. Foto por Carmen Blanco
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Un locutorio pequeño de Las Marinas regentado por una familia argentina. Un hombre y una mujer en la mitad de su vida, que hicieron de Roquetas de Mar su hogar. La historia de muchos, en la que nos podemos ver todos.

Emprender en un lugar extranjero, innovar y reinventarse, las claves del negocio. Hace 10 años tan solo era un locutorio, a día de hoy el grueso de la empresa recae en la telefonía, reparación y contratos. Pero con la vista en nuevos horizontes: la digitalización y una impresora 3D.

A principios del milenio, el miedo invadía las calles de Buenos Aires. Silvina Zapico estaba embarazada de su primera hija, contaba veintipocos, recién graduada en Turismo y recién casada con Juan Ignacio Yurgel Brignones, quien al día siguiente de la boda vino a Madrid a buscarse la vida. En esa situación la protagonista se decidió a cambiar de vida.

Si vuelvo a mi yo de 21 años, no lo volvería a hacer. Me quedo en mi casa con mi familia, mis comodidades. Pero no me arrepiento de haberme ido, después de todo lo que hemos pasado, no me puedo arrepentir. Hemos llorado, hemos estado solos Navidades, Año Nuevo, Cumpleaños. No existía WhatsApp, iba a una cabina echaba unas moneditas”, dice Zapico.

“Todos los extranjeros vivimos esta dualidad emocional, que te sentís bien donde estás y te gusta el lugar que encontraste, pero siempre vives tu vida reflejando todo lo que pasó en tu país, tus orígenes, tu familia. Porque lo dejas todo atrás. Es bonito lo que se encuentra, pero duele todo lo que se deja”, continúa la empresaria.

Por el local hay objetos que denotan su procedencia, los Mates, su hija mayor va por la trastienda tomando uno. También hay un mapamundi alfilereteado por Europa central y Argentina, señalan los lugares que ha visitado la familia, pero eso sí todos juntos.

¿Por qué dejaron su país natal?

Por la inseguridad. Lo que más me gustaba cuando llegué era ver como funcionaban los cuerpos de seguridad. La policía de argentina es corrupta, cuando te paran tienes miedo de que te roben. Recuerdo una vez ir con mi padre y una agente pedirle para un café, demandó el documento y mi padre le pasó un billete debajo.

¿Cómo fue el trámite de obtener el permiso de residencia?

El proceso de conseguir los papeles, es muy duro, horrible. Iba por la calle y me sentía el bicho feo. Me llevó unos 6 meses tener toda la documentación en regla. Dependiendo de la nacionalidad tardas más o menos tiempo. Mi marido vino con la nacionalidad argentina y no tenía posibilidad de conseguir los papeles hasta los 3 años de estar viviendo aquí. En mi caso tengo la nacionalidad suiza por mi familia. Al poco tiempo de vivir en España, Suiza empezó a tener trato comunitario. Así pude conseguir la residencia como cualquier europeo. Fue sencillo de hecho, lo hice desde casa.

Aunque nunca hemos tenido barreras por ser extranjeros, los obstáculos están siempre para todos. En ese sentido acá nunca hubo problema ni para alquilar casa, ni nada. Cuando decíamos que éramos extranjeros, la gente nos decía: ‘no ustedes son argentinos’, nos tienen bastante cuidados.

La vida laboral de una emprendedora

Zapico en su negocio. Foto por Carmen Blanco

He trabajado en cafetería, restaurante, recepción de hotel. Fui jefa de recepción en una cadena muy buena y lo dejé porque ya tenía la segunda peque, me demandaba mucho tiempo. El negocio que había empezado Juan funcionaba bien y me fui con él. He ganado calidad de vida porque he ganado horas para mí y puedo dedicarme a las niñas, pero el negocio es un hijo más.

El autónomo no tiene vida, se la pasa detrás del negocio y de los impuestos. No tiene jefe, pero tiene al gobierno, al dueño del local…

A mi tener un negocio no es lo que más me gustas, mi ideal sería un bed and breakfast en el medio de la montaña perdido, daría habitaciones y vendería tartas. Pero con un negocio propio puedo conciliar mucho mejor el trabajo con la familia, que si dependo del horario que cada semana me pongan en un hotel. Era complicado cuando tenía que irme a las 11.00h de la noche y la peque aparecía llorando por el pasillo: ‘mami no te vayas’, pero son condiciones de vida que a todos nos tocan.

El día que hablamos con Silvina Zapico lleva botas de nieve y ropa de abrigo, es domingo por la tarde, la familia ha ido a disfrutar de la montaña, pica un poco el hambre y pedimos unas hamburguesas al burguer. Son gentiles y cercanos, no dejan que pases hambre o sed, a la que se acaba mi cerveza a parece otra. Un bidón de gasolina, pintado y tematizado con las insignias de un club motero nos hace de mesa, suena buena música rock y cada rincón de la estancia tiene algo que contar.

Muchas veces me quiero dar cabezazos contra la pared, pienso; ‘esto no es vida, me quiero morir, trabajo con mi marido’, (hace una mueca burlona y se ríe). Yo trabajo cara al público, recibo a los alemanes, ingleses… y Juan con la reparación, que ha ido ampliando poco a poco, por ejemplo, con la introducción de microscopios específicos. Mi marido tiene su base de electrónica y la parte del software, los problemas informáticos son míos. Porque a veces pasa más por empatizar con la gente, ayudarle a reparar la aplicación o lo que toque.

¿Cuándo pudieron regresar a ver a la familia?

Regresamos al año y medio a ver la familia, pero luego entramos en una vorágine económica de cambios y negocios, pasamos diez años sin poder ir.

Ahora puedo ir con más frecuencia, aunque es difícil porque somos 5 personas. El año antes a la pandemia tuvimos un acontecimiento importante, mi hermana tuvo su primer hijo y fuimos las chicas a conocerlo en un viaje relámpago de dos semanas.

Todavía no han pasado una Navidad en familia, pero tienen planeado ir para agosto en el cumpleaños de la hija mediana, aunque con las nuevas circunstancias puede que demore hasta diciembre.  Tienen la tradición de celebrar la fiesta de quinceañera, y este año le toca a Sofía, la hija mediana. Zapico muestra fotos de la tarta que su madre preparó para la quinceañera de su hija mayor. El pastel está compuesto por tres pisos blancos inmaculados y unas mariposas blancas que trepan como una enredadera.

Toca despedirse de esta historia, esperemos que hayan disfrutado de las palabras de Silvina Zapico. Hasta el próximo domingo.

Sin categoría

Los sabores hindúes en los paladares roqueteros

Laddi y su hijo Ravneet Singh en la barra del Spice Hut. foto por Carmen Blanco
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Hasta la Urbanización de Roquetas de Mar llegó un día de 2016 un sij de India, Laddi Singh, acompañado por su familia. El propósito era abrir un restaurante de comida tradicional India en un pueblo donde hay censados 27 compatriotas. Pero contaban con la bendición de la comunidad británica, bastante numerosas en el núcleo urbano, además del hambre por nuevos sabores de la población local.

Gracias a sus buenos haceres en los fogones y a los votos de los comensales han obtenido la excelencia Trip Advisor durante dos años consecutivos. (Puedes reservar aquí).

Los deliciosos y coloristas platos del restaurante hindú

“Al principio nos decían que no iba a funcionar que por aquí solo había bares de tapas y que dónde íbamos nosotros con el restaurante. Además, yo nunca había sido camarero, siempre fui electricista, pero hablo con la gente, la invito a cerveza, y el cocinero es muy bueno. Ahora cada domingo vienen clientes de Almería y de todas partes, porque no hay restaurantes típicos hindús por aquí, pakistanís, kebabs eso sí”, cuenta el dueño quien a pesar de llevar 18 años en nuestro país se siente más cómodo en inglés.

El local es una pequeña parte de India a través de los 5 sentidos, las paredes son de colores, como las especias que aderezan la comida, a través de la televisión se ve y oye un canal de música tradicional, desde la cocina salen los olores que anuncian un buen paladar y si observas puedes ver cuadros de Khrishna o una estatua de Ganesha. En la pared del lateral; un cuadro del Taj Mahal y la distinción del público enmarcada se encuentran rodeadas por caminos de post-it de colores que portan los nombres de los clientes y la fecha de las reservas.

Detalle de la pared y las reservas

Spice Hut, la casa de las especias, un truco de marketing que podemos asociar a una conocida cadena de pizzerías. El electricista hindú siguió su instinto con la ayuda de un amigo chino, algo de ahorros y el apoyo familiar. “Todo estaba muy mal, lo arreglamos entre mis hijos y yo”, cuenta el hostelero.

Amrit (24 años) y Ravneet (20 años), son los hijos que trabajan en el restaurante. El mayor de los hermanos forma parte del equipo de cocina, mientras que el pequeño atiende las mesas. Los chicos fueron los primeros en venir a España, hace 8 años, después llegarían la madre, Charanjit Kaur (46 años) y la hermanita, Gurpreet Kaur (15 años). Cuando el padre obtuvo la nacionalidad después de 10 años de residencia necesitaba una nómina alta para traer a toda su familia, 900€ para la esposa y 300€ por hijo, no quedó otra que ir poco a poco.

Amrit Singh en la cocina del Spice Hut. Foto por Carmen Blanco

Todos los varones de la familia se apellidan Singh y las mujeres Kaur, estos nombres tradicionales hacen referencia a la fuerza de espíritu, leones y princesas fuertes. La razón es religiosa, esta familia es sij, una religión que surgió en su provincia natal, Panyab, en el siglo XV. Tradicionalmente los hombres dejaban crecer su barba, portaban un cuchillo, turbante y jamás se cortan el pelo. Su dieta es vegetariana y no toman alcohol, pero si vais por el restaurante veréis una cara mucho más actual.

¿Celebran la Navidad?

Tradicionalmente no, pero si vienen amigos al restaurante pues sí celebramos con ellos y tomamos algo por la noche. Nuestras fiestas tradicionales son Holy, Divali…

Holy es la festividad primaveral de polvos de colores, Divali es el ‘Festival de las luces’ por el que dan la bienvenida al año nuevo hindú, suele ser entre mediados de octubre a mediados de noviembre, la fecha varía porque depende de las lunas.

Horno tradicional hindú. Foto por Carmen Blanco

Hay una estatua de Ganesha y un cuadro con Krisha…

Sí, pero nosotros (los sijs), tenemos otros santos. Tenemos un templo sagrado, el Templo de oro que cada día da de comer a 100.000 personas, solo vegetal claro.

El Templo de oro de Punyab

Laddi tenía 26 cuando partió de India, dejó allí a su joven mujer y se fue a ganarse la vida en Dubái.

Me preparaba para ser militar como mi padre, había hecho la teoría y la práctica, solo necesitaba la carta de recomendación de mi padre, pero él estaba en Sri Lanka herido en un hospital, había ido a la zona por un conflicto, no me pudo enviar el documento y después de 4 meses me fui a Dubái como electricista en los rascacielos.

Normalmente los obreros que trabajan Emiratos Árabes duermen en unas ciudades aparte para que no se vea la mano de obra y suelen estar en malas condiciones.

Bueno si te toca una empresa buena duermes en un sitio bueno, te dan comida, ropa, si te toca una mala, mal, duermes en un sito así de madera…

Y a usted ¿cuál le toco?

Una mala…Laddi cuenta la historia entre risas, los tres primeros meses no me pagaron, tampoco me daban comida, si no iba a trabajar un día al día siguiente tampoco cobrara. Hay mucho rollo allí.

¿Cómo fue que llegó hasta España?

Vine en avión, mi hermano sí que lo tuvo difícil, primero pasó por Turquía, entre las montañas… Yo no tenía pensado venir aquí, durante unas vacaciones en India, después de 4 años en Dubái unos amigos me hablaron de esto y probé.

Hermano de Laddi en la cocina. Foto por Carmen Blanco

Fue un poco difícil, primero en Lloret de Mar con unos familiares de mi mujer y después fui hasta la Manga del Mar menor porque el hijo de una vecina de mi madre tenía allí un restaurante. No me cogió el teléfono a pesar que lo llamé durante 4 días, pero me personé en el restaurante, allí conocí a un camarero bueno y poco a poco me fui ganando la vida.

Me costó mucho aprender español trabajé como camarero dos meses. Un día el dueño del restaurante me dijo que era un “machote” y en mi idioma se parece a una palabra muy fea, hasta que no llegó una compañera y me dijo que era positivo…que cabreo. Por eso siempre ayudo a los hindús que viene aquí, no quiero que lo pasen mal, mis hijos a veces me dicen ‘pero papá’, llevo así toda la vida, tengo 48 años ya no voy a cambiar.  

Cuando se estableció en Alicante trajo a su familia a España ahorraron durante 8 años. Entonces Manolo, un amigo chino de la familia le habló de Almería y vinieron a esta tierra. Laddi da fe de lo español que es el asiático que lleva 20 años en esta tierra y está casado con una española, así que su nombre chino es casi anecdótico. Los hindúes se establecieron primero en Albox, porque hay una comunidad grande de ingleses, pero después de un tiempo no fue como esperaban, buscaron un local y desde entonces se establecen en Roquetas.

Charanjit y Gurpreet Kaur. Foto por Carmen Blanco

¿Laddi que le gusta de vivir en Roquetas?

Todo es bueno, el clima, tengo muy buenos amigos más que en India, nadie se pelea por tonterías… me gustaría volver a India, llevo muchos años viviendo aquí y soy hindú, pero ya veo que va a ser imposible está aquí toda la familia. Mi hijo pequeño es el más moderno, va al instituto y hace cosas como todos los españoles. Roy antes de trabajar en el restaurante me preguntó qué iba a ganar y es el primero en reclamar la nómina a principio de mes.

Además, me gustaría traer a mis padres de visita, que vean la vida de aquí, el mar.

¿Sus padres nunca han visto el mar?

Laddi vacila un momento y responde: mi madre creo que no

Laddi toma su smartphone y muestra fotos de su familia en la boda del hijo mayor, Amrit, que tuvo lugar el año pasado en Punyab. Aparecen vestidos con los elegantes trajes tradicionales, turbante en el cabeza ellos y ellas un velo. Las manos de la novia están

Durante la celebración de la boda de Amrit en el suelo junto a su esposa Naf. De pie en el centro los padres de Laddi, que se situá a la derecha de la foto y en el extremo izquierdo el hijo menor Ravneet. Foto cedida por Laddi

decoradas con henna. Cuenta el protagonista del relato que festejaron por días, todo el pueblo estaba invitado, fueron dos amigos españoles de la familia. “Los españoles por allí con su turbante bailando borrachos. Había dj, muchísima comida, se bebieron 39 botellas de wiski en 3 horas” y se parte de risa.

¿Quién pagó todo?

Yo, lo pagué yo

Con una cita de Mahatma Gandhi que ilustra a la perfección el crisol de religiones que conviven en India. Una sociedad colorista, de sabores cálidos e intensos, con más de 330 mil dioses, y casi 100 años de Raj Británico que han dado como resultado una sociedad flexible, de gentes amables y observadoras. Dejemos que las palabras del pacifista despidan la entrevista de hoy:

“Me considero a mí  mismo hinduistacristianomusulmánjudíobudista confuciano