«Debemos buscar lo que nos une», dijo el sacerdote…

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Existen lugares que invitan al recogimiento, al silencio, a la introspección. Reciben el nombre de templos y aunque cada cual tenga el suyo, todos comparten el mágico poder de conectar al ser humano con su parte más elevada, con su ser. El Iconostasio, las paredes ricamente decoradas y los haces de luz que atraviesan la cúpula e iluminan las imágenes sagradas de la iglesia ortodoxa Bautismo del Señor, en Roquetas de Mar, convierten este edificio en el templo sagrado ortodoxo.

Adrian Fofiu, sacerdote rumano, utiliza la parábola de Jonás y la ballena para explicar cómo llegó a Roquetas. Al personaje bíblico se lo tragó un pez enorme para que tomara el camino que Dios le había designado. Hace 8 años que el religioso dejó Oradea, cerca de la frontera con Hungría, y enraizó en esta tierra, “no me siento extranjero aquí y no siento que no esté en mi país”, dice.

En la puerta del templo, el menor de sus hijos corre en busca de su madre montado sobre su correpasillos. Mientras tanto, Fofiu atiende sus quehaceres: confesiones, misas de difuntos y, en definitiva, acompaña a su comunidad y a todo el que lo precise en la fe. “La Iglesia es de utilidad pública, aquí puede venir cualquier persona, de cualquier nacionalidad. Nosotros tenemos buena relación con todas las religiones”, declara el eclesiástico.

Las banderas de España y Rumanía dan la bienvenida a los fieles. El orden es importante explica Fofiu: “porque España es la tierra en la que estamos y Rumanía es nuestro país”.  Esta iglesia ortodoxa fue la primera de nueva obra construida en este país. Su consagración en el 2018 constituyó todo un hito que congregó a autoridades religiosas católicas y ortodoxas, además de a las figuras políticas más relevantes del municipio. Esta construcción supuso un desafío económico al que los ortodoxos hicieron frente.

En este pueblo de 100.000 habitantes se congrega la segunda comunidad rumana más numerosa de España, son casi 10.000 los rumanos censados en Roquetas de Mar. La primera radica en Castellón.

Interior de la iglesia Bautismo del Señor. Foto por Blas Fuentes

Me gustaría conocer un poco cómo fue su desembarco en Roquetas de Mar, ¿Cómo fue adaptarse, conocía el idioma ya?

¡Madre mía, ni sabia decir hola! Hablaba inglés pero me chocaba salir a la calle y que casi nadie supiera hablarlo. Solo hablaba inglés mi casera y una mujer del ayuntamiento. Soy sacerdote ortodoxo y la mayoría de las personas son rumanas pero mi trabajo como párroco implica tener relaciones con todas las personas, autoridades civiles y eclesiásticas… Empecé a estudiar español en servicios sociales. Así superé esa barrera de comunicación.

Mi mujer llegó un año después y al principio no le gustaba nada, me decía: «¿dónde me has traído? ¡Si estas montañas no tienes árboles!» A mí me sorprendió porque había estado trabajando tanto que no me había dando cuenta de cómo eran las montañas.

¿Qué hubiera sido usted de no ser sacerdote?

Ahora mi preocupación es estudiar otra tesis doctoral de teología; la importancia de la comunidad en diáspora y la importancia de la iglesia en diáspora rumana. Aparte de realizar estudios teológicos, tengo la carrera de trabajador social. Mis estudios están homologados en España por lo que estoy colegiado oficialmente en Almería. Además, poseo un doctorado en sociología por la Universidad de Almería.

¿Espera seguir ejerciendo de sacerdote en Roquetas?

Creo que cada uno de nosotros somos lo que somos y estamos donde estamos porque eso es la voluntad de Dios. Cuando este confiere que no es bueno para tu salvación asentarte en algún sitio concreto, te vas a ir. Mientras tanto, debes trabajar en el lugar donde estés como si este sitio fuera tu residencia para toda la vida.

Cuando llegué muchas personas me preguntaban si me había acostumbrado. Yo no me siento extranjero aquí y no me siento que no esté en mi país. Me siento como en casa porque trabajo, cada día, con el mismo esfuerzo y dedicación. No tengo tiempo para pensar en qué lugar del mundo me hallo.

Autoridades religiosas ortodoxas durante la consagración de la Iglesia Bautismo del Señor

¿La fe viene de la familia, desde pequeño o es algo que cada cual lleva dentro?

Cada cual tiene su sentimiento religioso no necesitas ser sacerdote, agricultor o albañil. Estés donde estés, puedes ser el siervo de Dios.

¿Durante la etapa comunista en Rumanía se podía practicar la religión?

Nací en 1982, siete años después se disolvió el comunismo en mi país. Recuerdo a mi familia practicando la fe, he escuchado historias de ciertos cargos en empresas que tenían alguna pega para practicarla. Pero quien quería podía porque nuestros calendarios están llenos de santos que, hasta el siglo III y IV d.C., tuvieron lugares de culto en catacumbas. Quien quería rezar podía donde fuera que estuviese.

¿Cómo diría a una persona que no conoce su religión en qué consiste?

Consiste en el acercamiento de Dios, en su amor y el amor y respeto hacia toda la gente. Si se presta atención, a la entrada del templo, la primera bandera que recibe a la comunidad es la de España, después la de Rumanía Su simbolismo es el respeto a todos los cultos porque pensamos que cada uno es el hijo de Dios.

¿Existe alguna diferencia entre católicos y ortodoxos, por ejemplo, con el concepto de purgatorio?

Esa es una diferencia- aquí se ríe-. Es una diferencia de fe, de dogma, pero debemos buscar todos lo que nos une y no lo que nos separa. Teniendo una historia de más de 1000 años juntos, debemos buscar lo que nos une: Jesucristo, la Virgen María y todos los santos.

¿Los religiosos ortodoxos pueden casarse y tener hijos?

Sí, acabas de ver a mi hijo pequeño. Tengo dos uno de 2 y el mayor de 10 años. El mayor no es rumano tampoco, nació en Hungría. Realmente, vivimos en Rumanía cerca de la frontera con Hungría, Oradea. Fuimos a un doctor húngaro.

El sacerdote rumano frente al Iconostasio. Foto por Javier García.

¿A veces, comparten espacios los ortodoxos y católicos?

La parroquia del puerto de Santa Ana tiene muchos salones y en una ocasión, hace un par de años, cuando tuvimos el encuentro de los jóvenes ortodoxos de Andalucía y nos beneficiamos dada la buena relación con el obispado católico y el párroco del puerto.

¿Cuán importante es para una comunidad tener un guía espiritual?

Depende de qué comunidad hablemos. En cada una existe el sentimiento religiosos agudizado más en unos que en otros. Como los españoles, algunos rumanos son creyentes y otros no. Respetamos a todos. Yo les explico que soy el prior de todos, no hay diferencia ni discriminación. Existe una importancia en tener un lugar de culto porque esto nos une. Por ejemplo, la gente que practica a fe viene a la iglesia y dicen sentirse en casa, en Rumanía, y no se sienten extranjeros. La iglesia está pintada como allí, las sillas, todo.

Nosotros intentamos realizar un espacio de confort espiritual para cada creyente. Si viene a la Iglesia una persona y siente que aquí está su casa, este es bienvenido. Significa que yo he cumplido mi misión. La Iglesia es de utilidad pública, aquí puede venir cualquier persona, de cualquier nacionalidad.

Por ejemplo, ¿se dan uniones en esta Iglesia entre rumanos y españoles?

Sí, hemos tenido. Se pide la bendición del Obispo ortodoxo para poder hacer una boda mixta entre católicos y ortodoxos. Puedes hacerlo de dos maneras: mantener tu culto católico, entonces se pide la bendición para celebrar una boda mixta. Otra manera es que la persona católica se convierta al culto ortodoxo. Se celebra una boda ortodoxa sin la bendición.

¿Cómo guía a los feligreses en esto tiempos de pandemia?

Todos, creyente y no creyentes, hemos pasado y pasamos un tema delicado, por no decir difícil. Es importante tener amor y compasión por todos. Y fe porque esta ayuda a las personas a pasar momentos difíciles en la historia.

Altar ortodoxo. Foto por Blas Fuentes

Adrian Fofiu se pone en pie, una larga túnica azul oscura, su característica skufia sobre la cabeza y un crucifijo de plata colgando del pecho, nos acercamos a paso firme hacia el Iconostasio, una pared de madera que sostiene los iconos sagrados. A través de las puertas del emperador, situadas en el centro de la talla de madera y detrás de una cortina celosamente guardado el altar, el lugar más sagrado.

El altar es el lugar reservado para el clero y las personas bendecidas que acceden por las puertas diaconales de los laterales. Normalmente, las mujeres no pasan porque no pueden ser sacerdotes. Sobre la mesa se disponen una serie de objetos sagrados; las escrituras, el cuerpo y la sangre de Jesucristo y demás enseres litúrgicos traídos de Rumanía. Un lucernario colorista, pintado de arriba abajo, que a media mañana se llena de rayos de luz que apuntan a los iconos entre dorado, azul y rojo, componen una imagen que acercan lo divino a lo mundano.

Por último, el religioso nos acompaña a la puerta: “tened cuidado con los sacerdotes que hablamos mucho”, dice entre risas.

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