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Artesanía

«El arte más moderno es el más antiguo», dice el alfarero Matthew Weir

Dice Calderón de la Barca que «la vida es sueño y los sueños, sueños son.» Hay quienes los terrenalizan, los convierten en posibilidad y hasta consiguen vivir de ellos. Así le ha sucedido a Matthew Weir, un inglés afincado en Níjar desde 1988, lugar que le ha permitido aprender el oficio de alfarero con las técnicas subyacentes en varias generaciones anteriores; como le ha ocurrido a su mujer Isabel Soler, tejedora con una raíz familiar de cuatro generaciones. Él siempre ha sido un alma libre, después entenderán, por lo que ha sabido adaptar la alfarería nijareña a diseños más actuales. Ambos son los dueños de ‘La tienda de los Milagros’. El frío rascaba en Níjar la semana que fui a verle a su casa-taller en el antiguo barrio de los ceramistas. Con música clásica me recibió en su salón y ahí me concedió el privilegio de adentrarme en su mundo desde la infancia. «Nací en Londres pero tuvieron que inducir mi parto para poder coger el barco e irnos a vivir a Estados Unidos. Mis padres eran escoceses; él, diplomático, se formó como traductor de persa en las fuerzas aéreas británicas. Cuando comencé a tener memoria, a los cuatro años, nos enviaron a vivir a Egipto. No fue hasta los seis cuando pisé Inglaterra por primera vez. Eso sí, siempre íbamos de vacaciones a Escocia a ver a mi abuela.» «Estuvimos en Inglaterra durante un tiempo y luego destinaron a mi padre a Bahrein, ahí estudié en un internado inglés. No creas que era una máquina de privilegios como los que la gente tiene en mente sino más bien un herramienta necesaria para darles estudios a los hijos de los funcionarios.» Pero estabas en un país árabe y al mismo tiempo ibas empapando cultura de muchos sitios… Inconscientemente, sí. El arte siempre ha estado presente en mi casa: cerámicas, alfombras… Viví unos cuatro años en Bahrein y son los que más recuerdos tengo de mi infancia. Aún así, fíjate, no hablo árabe. Tras cursar estudios de filología española y filosofía en la Universidad de Oxford entre el 74 y el 77, Weir sentía la necesidad de estudiar arte, sabía que era la pasión que más le removía en la juventud aunque fuera en contra de las expectativas familiares. Después de la etapa universitaria, la City Lit de Londres le esperaría con las puertas abiertas para formarse como artista hasta el año 82. «Aunque no me hubiera importado ser arqueólogo», sonríe el alfarero. ¿Cómo conseguiste coger el rumbo de tu vida? No me pilló la época ‘hippie’ como tal, es decir, no fui participe pero sí un niño aspirante. Y aquí rompemos a reir. Matthew abre su sillón relax y la magia continúa. Ahora sí, nos metemos en lo bueno. «Yo siempre he estado en contra del arte oficial y técnico. Siempre me llamó la atención el arte mural. Antes, no estaba tan visto e hice con unos amigos una cooperativa de muralistas. Hoy hay muchas técnicas pero creo que si quieres decorar un muro es mejor hacerlo con azulejos, como el trabajo que hice en la plaza de Agua Amarga. Para mi gusto, hay que olvidarse de los murales y centrarnos en decorar con paneles de azulejos.» Hay una descripción suya en su tienda donde se refleja que de jóven se sintió atraído por Dada y el surrealismo, dice sentir un rechazo hacia el mundo del arte elitista: «El arte oficial es frívolo y no le encuentro sentido. Siempre he estado en contra del mundo del arte de galería y de cuál es el último grito porque, además, parece que todo vale si hay un millonario detrás que lo pague. Pienso que el arte más moderno es el más antiguo porque la búsqueda de la novedad es algo vacío. Todo se vuelve así cuando el arte imita al antiarte, es decir, cuando se hace oficial.» El artesano me confiesa entre idas y venidas algunas cosas de su vida más personal. «Piensa que antes de venirme a vivir a Almería viví una vida muy bohemia en Londres, donde daba clases por libre en diferentes escuelas, iba en bicicleta y fuí lo que se denomina ahora un ‘okupa’. Después de la Huelga de los Mineros, en Inglaterra hubo un bajón de la izquierda y entramos de pleno en la época Tatcher donde surgió mucho neoliberal. Yo era bastante pobre, había abujeros en la carretera y hasta era complicado montar en bicicleta.» ¿Fue ahí donde usted dijo hasta aquí, voy a mejorar? Sí. Andalucía no era desconocida para mí porque había estado visitando a varios amigos, por lo que pude conocer la Transición española en mis distintos viajes. En ese contexto político, un amigo me comentó que se había comprado una casa en La Calahorra (Granada) por 2000 libras, lo que venían siendo 200.000 pesetas a finales de los 80. Me planté en el Campo de Níjar, sabía que tenía que llegar y comprarme una casa. Aprendí todo lo que se hoy de alfarería de los artesanos de aquí, de los que la mayoría ya no están. Iba por la Calle de las Eras y tocaba puerta por puerta para que me dieron trabajo. ¡Hasta cinco artesanos me rechazaron! Luego me enteré que era por miedo a que no tuviera papeles pero me había dado de alta como autónomo. Fue Valdomero García, padre, quien me abrió las puertas de su taller y me ofreció la posibilidad de trabajar. Cuando se jubiló, su hijo quiso modernizar el negocio pero yo quería tener el control de mi propio trabajo. También aprendí muchísimo de los Hermanos Góngora junto con los que grabé una pelicula, ‘Alfarería de Níjar’. Las técnicas cambian, las formas cambian, los productos cambian. Todo evoluciona pero no tiene por qué dejarse de hacer. Es una pena que un pueblo como este haya dejado un poco de lado el trabajo artesanal pero es que todo en esta vida cambia, querido lector. Níjar era cuna de alfareros que con la llegada del plástico desbancó

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‘Sal de Coco’, la artesanía del Cabo en la orilla de la ciudad

«He visto crecer en otro cielo cada amanecer cada mañana, diferente sol en cada puerto, cada uno tiene su color… Pero el sol que sale en esta tierra brilla como el faro que me guía, que cuando su luz refleja el agua son como señales que me inspiran. Sé que estoy llegando a mi Almería.» Y allá voy, cantando carnaval aterrizo en el puerto deportivo de la ciudad desde Cabo de Gata un martes por la mañana. ¿A qué? A descubir, a conocer y a saborear las buenas energías de la gente emprendedora. ¡Me levanté con buen pie! ¿Se nota? El ‘Mangata’, un imponente velero de 12,5 metros de eslora y capacidad para 12 personas, me espera con el sol de los primeros rayos iluminando uno de los muelles. Rafa, su dueño, al timonel. Pero antes tengo que hacer una parada porque es todavía en tierra donde tengo una cita con Pepa, el alma de la reciente tienda de artesanía abierta en el Club de Mar, ‘Sal de Coco’. Me espera, literalmente, con las manos en el barro. El día no pudo comenzar mejor. La pareja tiene tanta solera como maestría en sus respectivos negocios. Un amor adolescente -desde los 14 años, señores- que ha ido madurando siempre cogidos de la mano y cumpliendo propósitos. Y esa ha sido la fórmula del éxito, aunque familia y amigos siempre están a la vera ayudando en lo que pueden. La palabra miedo no se deja entrever por ningún rincón del relato. Pepa lo tenía claro: «trabajar como encargada de una tienda ha sido mi vida y estoy orgullosa pero necesitaba otro aliciente. Las manualidades siempre han llamado mi atención y quise probar con la cerámica. ¡Fui tan pesada desde que empecé con esto que el profesor ni por poco me mata de la tralla que le daba a preguntas!» La artesana suelta una carcajada pero sus ojos brillan, «es que siento emoción por lo que he convertido en mi vida laboral. He descubierto que tenía este talento y me ha dado las ganas y las fuerzas de recrearme en mi trabajo. En el anterior pedí una excedencia», y vuelve a reir. ¿Cómo es que elegiste esta localización para tu primer negocio? La gente se sorprende porque se piensan que el Club de Mar es privado. La propuesta que le hace el área portuaria al club es que abran este espacio un poco más al ciudadano que no es socio y van por el buen camino. Nosotros lo somos desde hace un año, desde que tenemos el barco y es verdad que esto es muy familiar pero aquí puede entrar todo el mundo y se está notando, cada vez hay más gente joven. ¿Y cuál fue el pistoletazo de salida para interesarte por la cerámica? Es cierto que después del confinamiento, realizar las cosas con las manos a la gente es algo que les ha seducido bastante y, verdaderamente, en Almería capital hay poca oferta de este tipo de talleres. La gente lo ha hecho por hobbie y como algo autodidacta. Yo comencé a interesarme por la cerámica un poco antes del confinamiento. Un año. Realizar las piezas me encanta pero, verdaderamente, lo que me provoca más emoción es tener mi rincón propio y permitir que quien venga pueda “meter las manos en el barro”. Llevaba 22 años trabajando de encargada en una tienda del grupo Inditex. Cuando tuve a mi tercer hijo, el tema de la conciliación fue algo complicado. Nosotros vivimos en La Almadraba de Monteleva. Me pedí una excedencia y, a los pocos meses empecé a recibir clases del taller de cerámica. A mí eso me enamoró. Entraba al taller y se paralizaba el universo; no había móvil ni responsabilidades. Quise ir más días pero el profesor no me dejaba porque tenía una lista de espera bastante extensa. ¿Cuáles fueron tus primeras creaciones? Comencé haciendo pendientes y a la gente comenzó a alabar mi talento. Somos los propietarios de la Peña Flamenca El Palmito en el mismo barrio de la Almadraba y en una esquina, sobre el pollo de una ventana, puse un pequeño expositor con mis primeros pendientes y a la gente le encantó. Eso me motivó más. Cuando volví a la escuela de cerámica, después del verano me dio por ir más allá e hice mi primer plato. Tiene unos pescados como los que cuelgan para secarse en las ventanas. Y encantó. ¿De dónde te viene la inspiración? Pues del Cabo de Gata, indiscutiblemente. El proceso de la cerámica es muy lento porque mientras modelas tiene que tener un estado concreto para que tú puedas lijarla, cocer, secar, pintar, secar… Yo trabajo la cerámica de alta temperatura que es el refractario o el gres. Empezaron a salirme encargos con toda la temática del parque natural  y los vendía. Me animé y quise sacar una producción para ponerla en mi esquina de El Palmito. En mis dos horas de taller no me daba tiempo, necesitaba más, así que me compré un horno animada por mi marido. Fue el momento que di rienda suelta a mi talento y comencé a experimentar cosas yo sola. «El mundo de la cerámica es amplio porque es pura química y ahí me fui yo con mi horno a darle rienda suelta a mis ideas desde casa en pleno confinamiento. Ahora las técnicas con las que trabajo son: la plancha, el churro y el pellizco;» cosas básicas para ella pero que a mí me dejan fascinada. Sobre todo por ver con qué buen gusto está hecho y decorado, tanto su cerámica como el local. Vuelve la Almería tradicional, vuelve el esparto reinventado en lámparas y decoraciones, vuelve la cerámica inspirada en Níjar pero con toque de salitre y pureza blanca y azul. En ‘Sal de Coco’, vuelve la tradición con sabor a actual y, sobre todo, con sabor a hogar. La conversación y las anécdotas siguen pero el que más cara de preocupación pone es el pobre Rafa al recordar cuántos microondas se han

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«Enseñar a asimilar el fracaso», la artesana que empezó 15 veces de 0

La vida te lleva por caminos que ni te imaginas. Y así, un día tomando fotos con una compañera, me choqué literalmente con una mujer con coleta y media cabeza rapada. Después, vi que había un hombre y que descargaban afanados una furgoneta de pintura. La mujer nos invitó a pasar, la respuesta fue afirmativa; hace rato practico que el agradecimiento y la aceptación son formas muy fáciles de ser feliz y hacer felices a los demás. Además, aquel acento, esa fuerza que desprendía en sus acciones. Hubo algo en ella que me cautivó hasta lo más profundo, pronto quise conocer su historia.  «Vivíamos en el sur de Carolina, después en Texas donde estaba toda la familia de mi marido. En total, pasamos 6 años en Estados Unidos. Allí trabajábamos como granjeros en una isla que tenía tantos acres como el cuento de ‘Winnie de Phoo’. El concepto que se tiene de trabajo en el campo en EEUU es más sofisticado, los animales se alimentan con máquinas. Allí pasamos unos 4 o 3 años, entonces nos vinimos a España porque mi madre era catalana y me hizo la nacionalidad, así que decidimos venirnos acá. Encontramos la ciudad de Almería por Internet porque era similar a Mendoza de donde venimos en Argentina», explica Laura, la artesana. El tema de los papeles… «estaba un poco tercermundista cuando vinimos en 2006, asentamos todos nuestros papeles en Miami, nuestro matrimonio, el libro de familia… Pero mi marido, Waldo, se demoró 6 meses sin papeles y yo 1mes y medio. Tuve que hacer un proceso de coger mi partida de nacimiento que estaba en Madrid y venía en burro para Almería, se demoró mucho. Después necesitaba un segundo papel, me pendían que el consulado de Miami enviara una certificación apostillada de que ellos me habían hecho el libro de familia».  Laura explica con cierta zozobra aquel trámite que a los americanos les parecía una locura, ni siquiera tenían un formulario para lo que solicitaba.  ¿Será que lo ponen tan difícil porque tiene que tener trabas? Pero trabas ¿a qué? El inmigrante ya está aquí, hay quien sale porque quiera conocer el mundo y quien lo hace por necesidad. Quien lo hace por necesidad no se va a ir porque pasa menos hambre aquí que en su país, es así en todo el mundo. Si no, ¿a qué te vas a ir lejos de tu familia, tu barrio, tus costumbres? Te vas cuando llegas a los 20 años y tienes un sueldo de mierda, no tienes un buen contrato… ¿Cuál fue tu primer trabajo? Conocí a una chica que trabajaba limpiando casas y me puse con ella a trabajar durante 5 años. Me iba bien, trabajaba en el barrio cerca del centro Comercial Torrecárdenas, con lo que ahorré puse una tienda de comestibles y por las mañanas tenía una chica que trabajaba en la tienda; por las tardes, mi hija Kyara, salía del cole y venía conmigo al negocio. Me merecía la pena trabajar limpiando casas porque ganaba bien y después te haces amiga. De hecho, la casa donde vivimos fue a través de una chica para la que trabajaba que era directora de un banco.  La ventaja que tiene el inmigrante es que trabaja de lo que sea y trabaja, no falta, se queja mucho, pero trabaja. La gente que sale de su país por necesidad económica es gente que quiere trabajar si no se queda ahí. Siempre te ha ido bien… Sí, si vos quieres trabajar. El problema de quien no logra concretar nada en la vida es gente que no está acostumbrada a que las cosas le vayan mal y siempre te van a ir mal. He empezado 15 veces de cero.  Su marido Waldo acaba de entrar y lo mira como para decir la cifra que él le recuerda. Antes de la pandemia tuvieron un local cerca de la plaza del Ayuntamiento, pero fracasó. Lejos de abandonar el proyecto, Laura siguió vendiendo por los mercadillos. Desde un sótano de la calle Gerona la artesana prepara sus prendas, mientras su hija Kyara, sigue con las estampaciones.  Los mercados los hacemos fuera en Almería, aquí cuesta un poco, la gente todavía no se acostumbra. Hay quién me pregunta: ¿Por qué sale tan cara si está usado? Laura imprime su arte en las prendas de forma que cada chaqueta es única, a veces utiliza un jersey antiguo con una chaqueta vaquera para que la tejana luzca con nuevos aires. Los parches de animales también los usa mucho, es como un pedacito de Candem en el corazón de nuestra ciudad. El padre de Laura es nativo americano y su madre española, ella dice que hay que ser honesto con lo que cada uno es cuando Kyara habla del mote con la que la conocen en el barrio: “la negra”. La chica fue al colegio Europa y se ha criado en Pescadería, sus padres escogieron ese centro de enseñanza para que no perdiera el inglés y sueñan con trasladarse a Estados Unidos, hay que cumplir una serie de requisitos, pero ya han presentado la documentación. Pienso que hay que aprender a pasar un poco de eso, no estoy pendiente a que la gente me discrimine o no. si me hacen una mala mirada, no me lo tomo como algo personal porque yo soy persona también, un ser humano como cualquier otro, no me calienta. La discriminación existe si la quieres hacer realidad. Cuando viví en Estados Unidos mi marido es blanco, no sufre discriminación, yo paso más por mexicana, pero no sufrí este rechazo o no sé si no me di cuenta. Tenés que sentirte una mierda para sentir que te están discriminando, muchas veces pienso que amargada tiene que estar esta persona para que sin haberle hecho nada me trate mal.  Cuando kyara tenía 8 años un niño del colegio le dijo que volviera a su país, la niña no lo procesó llegó a casa diciendo a su madre: “mamá, le dije que este es mi

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