África

«Te fío hasta que te paguen el ERTE»

Makelele, el mantero que con humor ha conquistado a los roqueteros
Makelele, el vendedor ambulante que con humor ha llegado a los roqueteros. Fotografía: Carmen Blanco Ureña
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Makele es el sobrenombre por el que los roqueteros conocen al vendedor ambulante que va por el pueblo cargado con una mochila enorme y una bolsa de compra en una de sus manos. Su itinerario está marcado; por las mañanas suele recorrer las terrazas de los bares de desayuno, restaurantes y chiringuitos. Tiene un truco infalible, solo vende a quien conoce y solo se acerca si lo llaman.

 “Makelele me lo han puesto aquí, yo me llamo Mamadou Diouf de Senegal”, dice el vendedor.

 La extendida costumbre de renombrar a los extranjeros, dada la incapacidad de muchos para nuevos idiomas, hizo que lo conociéramos por el nombre del exfutbolista congoleño. Hoy en día forma parte del pueblo como ese senegalés con despigmentación en los manos y en la boca que recorre el litoral desde Las Salinas hasta La Urbanización vendiendo género en horario intensivo de 12 y 13 horas. 

 “Makelele si no tengo nada”, apela una señora que está tomando el sol en la arena, “no te preocupes, yo te fío hasta que te paguen el ERTE”, responde el africano y todos rompen a reír. 

Sabe cómo hacerse con el público, que el humor es una puerta de entrada, es escurridizo, no le gusta demasiado hablar de sí mismo, educado, correcto, positivo y amable. Detesta perder el tiempo y prefiere seguir en su faena. Si la venta se pone mala recoge hortalizas en los invernaderos, lo que sea por cumplir su meta: montar una tienda pequeña de alimentación en su país de origen. “Ya lo he intentado otras veces, pero no funciona allí”, “¿y por qué no te mudas a otro pueblo que sea más grande donde puedas montar un negocio?”, la pregunta le contraría, puedo verlo en el gesto de su cara, se toca el mentón y responde cortés: “no sé, lo pensaré”.

 Llegó a nuestro municipio hace 15 años, recuerda que fue en agosto, después de cruzar en cayuco hasta Tenerife, posterior traslado a Alicante y destino final la tierra donde ahora reside.

 “Lo que decían mis colegas no era verdad, decían: “en España cobras mucho dinero al día cogiendo fruta”. Cuando llegué el primer problema que encontré es que era muy difícil conseguir los papeles, tuve que estar 3 años esperando consiguiendo pruebas, muy duro, muy duro, pero ya ha pasado.”

 ¿Cómo llegó hasta aquí?

En cayuco, patera, (choca el envés de la mano contra la palma de la otra, ríe y continúa) como todos los que han venido aquí, la mayoría. Tenía una tienda con mi hermano y le dije que iba a comprar, reponer y así me fui. Cogí la patera desde Senegal en 2006, pasamos 6 días hasta llegar a Canarias, sin parar una patera con dos motores, muy difícil. Comíamos cous-cous, las poquitas cosas que llevábamos, una cosa muy dura. Llegamos a Tenerife, desde allí hasta Alicante, estuvimos en un Centro de Acogida, Cruz Roja, La Policía y todo eso.

 ¿Y desde Alicante a Roquetas?

Cruz Roja llamó a un amigo, alguien que yo conocía en Roquetas antes de soltarme, si no conoces a alguien no te dejan ir solo.

 ¿Le gustó Roquetas porque encontró una comunidad grande de africanos?

“Sí estaba bien, trabajaba en el campo, en los invernaderos y aquí estoy agustico”, precede una risotada, porque es cómico su acento junto a las derivaciones de las palabras almerienses, él lo sabe y emplea muchas expresiones de la zona.

 Llevo muchos años aquí y vendo por la playa, conozco mucha gente, aunque pienso volver a Senegal, pero aquello es muy difícil. Allí viven mi mujer y mis tres hijos.

 ¿Le gustaría traer su familia?

Bueno… (suelta una risa nerviosa) y continúa, me gustaría más volver, pero es muy difícil. Porque he intentado varias veces abrir una tienda, pero no va, no funciona, entonces tengo que volver aquí e intentar de nuevo, pensar nuevas cosas.

 Su hijo mayor tiene 8 años, le sigue una niña de 4 y un tercero de año y medio. “A Senegal voy mucho volví 2 días antes del confinamiento. Si mi mujer y mis hijos vienen aquí, se adaptan y después no quieren volver, yo pienso en volver, me gusta muchos España, pero siempre mi país de origen… Lo que pasa es que no hay posibilidades de vivir allí todavía. Yo quiero ser senegalés siempre”.

Es musulmán y suele ir a rezar a la mezquita de las 200 viviendas, respecto al racismo y la discriminación dice que siempre hay, pero “la mayoría de la gente de Roquetas son buenos, no son racistas, te lo digo yo. Si veo que el tipo es racista no paro, paso de largo, yo solo con mi gente. Conozco mucho; paro, si no conozco, no.”

 ¿Ha viajado a otros países?

Solo he salido a Lisboa. Cuando estuve en Portugal vi que eran muy diferentes a los españoles. En España la mayoría no son gente muy cerrada y eso me gusta. La forma de ser de los españoles es muy parecida a la de los senegaleses.

 Diouf es profundamente sensato como destilan estas palabras que hablan sobre su trabajo.

“La venta ambulante está prohibida, y si me pilla la policía me quita la mercancía y a veces me multan, pero es lo que hay a aguantar”, Diouf se lleva la mano a la cabeza, suelta una carcajada franca y se reclina en el sofá, así como quien asume su sino sin más dramas. “Si no hay muchos vendiendo, pues pasan un poco, pero ahora en verano hay muchos vendedores entonces quitan mucha mercancía y es normal. Las tiendas se quejan, yo lo veo lógico”.