
Migración, humor y oficio en la trayectoria de un creador que crece en redes sin dejar su trabajo
Valentín llegó a España con 16 años, dos euros en el bolsillo y una sola palabra en español: “hola”. Hoy es conocido como Truco Rumano, suma casi dos millones de seguidores en sus redes sociales, un creador de contenido que ha convertido el humor cotidiano, la experiencia migrante y el trabajo manual en una marca personal reconocible en redes sociales. Su crecimiento no ha sido fulgurante ni impostado: ha sido constante, orgánico y profundamente ligado a su biografía. En esta conversación habla de inmigración, redes sociales, precariedad, fama, trabajo y del precio real de triunfar en internet.
Tus primeros vídeos se hicieron virales con el tema del gasoil en garrafa. ¿Cómo nace esa idea?
Fue totalmente improvisado. Me mandaban el gasoil en garrafa y se me ocurrió grabarlo por todo lo que me estaban diciendo. Decían que si lo había robado, que mira lo que estaba haciendo y yo grabé ese contenido como si fuera real. En vez de echarlo todo de golpe así tenía más vídeos, uno cada semana más o menos. Al principio funcionó muchísimo, fue como un pelotazo, pero luego la gente empezó a darse cuenta de que era broma y ese formato se agotó.
¿Te preocupaban los comentarios cuando empezó a crecer el canal?
Muchísimo. Sobre todo los comentarios de odio relacionados con mi origen rumano. Aunque tú expliques que algo es humor, hay gente que se lo toma como si fuera real y te machacan. Eso te limita mucho a la hora de crear contenido, empiezas a pensar “esto no lo digo, esto no lo hago”.
¿Ahora piensas el contenido en función de lo que va a gustar?
No. Yo veo cualquier cosa y me sale el vídeo. No planifico ni edito casi nada. Grabo y subo. No tengo tiempo ni ganas de pensar demasiado. El contenido me sale solo.
El humor es una constante en tus vídeos.
Para mí el humor es el puente más corto para unir culturas. Siempre intento sacar algo positivo de lo negativo y, si es con humor, mejor. Es mi manera de vivir y también mi contenido.
Llegaste a España en 2004 siendo menor. ¿Cómo recuerdas ese momento?
Llegué con 16 años y sin avisar a mi hermano, un 21 de junio, no se me olvidará nunca. Era otro tipo de inmigración. Antes no se preguntaba por ayudas ni por política, se preguntaba dónde había trabajo. Yo solo sabía decir “hola” y aprendí el idioma trabajando, cuando tienes hambre aprendes rápido.
¿Fue difícil regularizar tu situación?
Muchísimo. Vivía en una nave, no salía ni a comprar pan por miedo a que me pararan. Dependías completamente de que el jefe quisiera hacerte los papeles. Aguantabas, te callabas y esperabas. Nada que ver con lo de ahora.
¿Alguna vez te han hecho truco rumano?
Siiii, sobre todo cuando era menor de edad. Recuerdo una vez en Tíjola estábamos cogiendo aceitunas y nos pagaban por kilos. Un amigo y yo nos matábamos a trabajar, pero la pesada del remolque era muy poco, quien nos contrató no nos enseñaba la pesada de la almazara sino un papel que había escrito él a mano. Cuando me enteré que nos había timado casi me lo como, pero que qué íbamos a hacer.
Has dicho que solo has vuelto una vez a Rumanía en más de 20 años.
Sí, y a los tres días ya echaba de menos España. Aquí tengo mi vida, mi casa, mis amigos. Todo lo que tengo aquí no lo habría tenido en Rumanía ni en cuatro vidas.
Te has hecho la nacionalidad española y eso te ha generado críticas.
Muchísimas. Me han llamado traidor. Pero hay que ser práctico. Mi madre es mayor, vive en un pueblo pequeño y cada vez que necesito hacer un trámite ella tiene que mover un mundo. Yo ya no tengo vida allí. Aquí sí. Era una cuestión práctica.
En redes has crecido mucho desde 2023, pero dices que no quieres “pegar el pelotazo”.
Porque he visto a muchos subir muy rápido y caer igual de rápido. Yo prefiero crecer poco a poco. Cada día tengo más seguidores, no menos, y eso me da tranquilidad.
Mucha gente cree que vivir de redes es ganar dinero fácil.
Es mentira. Yo soy autónomo por Facebook, pago impuestos. La fama cuesta más de lo que la gente piensa.

Tu collar de cobre es uno de tus símbolos
Así es me han ofrecido hasta 7000€ por él, pero no lo vendo porque tiene un gran valor sentimental.
Sigues trabajando como carpintero metálico y animas a los chavales a que aprendan un oficio.
Claro. Yo no he dejado de trabajar nunca. A veces llego a una obra y me dicen “pero si tú ya eres famoso”. Ojalá. Yo trabajo desde 2015 en la misma empresa y mi jefe me ha enseñado un oficio. Eso es lo importante.
Has pasado por muchos trabajos desde joven.
Camionero, carpintero metálico, feriante, campo… de todo. Y en todos lados hay gente buena y gente que te engaña. Pero si te paras a quejarte, no avanzas.
¿Te ha cambiado la vida la visibilidad?
Sí, la gente te reconoce, te pide fotos, pero yo sigo siendo el mismo. No vivo para posturear. Muchas cosas que se ven en redes son mentira, puro teatro. Ahora cuando llego a un sitio a trabajar lo primero que digo es: “aquí está Truco Rumano, ¿quién quiere una foto?” Y después trabajo tranquilo.
Por ahí en tu rincón entre el truco rumano y gambita for you veo que tienes muchos trofeos.
Sí hay uno que me hizo especial ilusión ganar porque no me lo esperaba fue en la ciudad de las artes y las ciencias de Valencia, todo era precioso. Yo estaba con la demás gente, no estaba en el palco VIP aunque estuviera nominado y de repente me dieron el premio al mejor influencer de humor IZ Award. No me lo podía creer. Y bueno recientemente he llegado al millón de seguidores en Instagram y esto también es una celebración.
¿Qué es lo que más te emociona de crear contenido?
Cuando alguien me dice que está en el hospital y que mis vídeos le hacen olvidar lo malo. Eso te toca el corazón. Yo he pasado carencias y conecto mucho con eso.
Para terminar, ¿qué le dirías a los jóvenes que quieren vivir de redes?
Que aprendan un oficio. Las redes no son un plan seguro. Muy pocos viven bien de eso. Lo demás es postureo.